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Los amores de mi esposa   (Infidelidad)
 
AUTOR: PalitoPandolfo
 

Después de un noviazgo largo y conflictivo con Adriana, que se desarrolló mientras estudiábamos en la Universidad, tras recibir mi título profesional terminé con ella. Era increíblemente celosa y aunque parezca mentira, me contagió a punto tal que la torturaba preguntándole por sus viejas relaciones e incluso descreyendo absolutamente su fidelidad. De inmediato me lancé a un raid de nuevas relaciones hasta que conocí a Graciela mi actual mujer a los 22 años, quien en ese momento estaba en pareja formal con otro. Durante 6 meses nos vimos a escondidas, luego tuvimos un noviazgo corto de 6 meses más y en definitiva al año estábamos casados. Graciela era y es una verdadera precuiosura; un rostro bellísimo acompañado de un cuerpo escultural, y una capacidad sexual admirable. Desde que empezamos a salir, todo estaba permitido en la cama, en el auto o en cualquier lugar. Le encantaba el sexo en todas sus formas, lo hicimos de manera normal, oral y anal. Lo que más le gustaba era empezar en la tradicional posición del misionero y cuando estaba a punto de acabar, que se le sacara de la vagina y me subiera hasta poder meterle la verga en la boca donde acababa en definitiva mientras ella intentaba tragar lo que podía. Ya en esos primeros tiempos ella se iba a la pileta o a la playa con sus amigas mientras yo me quedaba en casa y muchas veces me insinuaron que le gustaba "calentar" el ambiente allí donde llegaba. Yo como una especie de reacción a la relación enferma que había tenido antes, jamás la limité y ni siquiera me pregunté sobre la realidad de esos comentarios; también es cierto que jamás le fui fiel. Tenía un grupo de amigos y por relaciones laborales teníamos asados semanales y terminábamos en una discoteca de las afueras donde no era nada raro que terminara "levantando" alguna chica con la que tenía sexo casual, y de hecho desde antes de conocerla y hasta ahora, tengo sexo normal y habitualmente con mi compañera de oficina, que a su vez está casada también. La cuestión es que después de nacer nuestra primer hija, mi mujer dejó de lado todo tipo de salidas o amistades y se centró en nuestra familia, años después nació mi hijo y luego de un par de años, nuestra relación empezó a enfriarse lentamente a caballo de esa actitud de mi esposa que casi se negaba a ver nada más allá de nuestra familia. Yo no había cesado con mis actividades extramaritales y la verdad que mi señora me jodía un poco porque ese quedarse en casa de forma permanente y no tener ni siquiera amigas, hacía que me controlara y hasta tuviera alguna ocasional escena de celos.
Por ese tiempo decidí que tenía que salir sí o sí de alguna manera o terminaríamos mal y la verdad es que la quería y la quiero con toda pasión, más allá de mis aventuras. Nadie me hace disfrutar tanto en la cama, reírme o simplemente, pasarla bien. No puedo imaginar una mejor esposa o una madre más dedicada y -repito-, es una hembra con todas las letras; conociendo sus gustos por las artes -es artista plástica recibida- y teniendo una buena posición económica, la insté a alquilar un local para instalar una galería de pinturas, esculturas y artesanías aborígenes que inauguró el año pasado, donde obviamente se relacionó con todo el mundillo del ambiente. Hace algo más de 6 meses en una muestra callejera que se hacía en la plaza mayor de mi ciudad, nos topamos con unos dibujos y pinturas soberbios pertenecientes a un muchacho de 25 años, trigueño y bastante tímido al que entre los dos invitamos a trabajar y exponer para la galería. Se llama Sandro y es un joven de vasta cultura y pocas posibilidades económicas con un gran corazón que desde el inicio tomó a mi mujer como una especie de "madrina" a la que adoraba, tratándonos siempre a ambos con el mayor respeto y atención. Sinceramente jamás sospeché que pudiera haber algo "extra", hasta que un día, hace 2 meses pasé a la mañana temprano por la galería y al querer entrar me encontré con la puerta llaveada lo cual es normal, pues la galería tiene dos plantas, en la baja, está la galería misma con su salón de exhibición, y en el piso superior está el atelier donde mi mujer, Sandro, Raúl y otros pintores y escultores van dando forma a sus obras y en donde existe un sofá-cama y otros muebles dispuestos para modelaje (muchas veces y desde siempre, se pagaron a modelos masculinos y femeninos para la realización de tomas fotográficas o para posar, con o sin ropas, para determinadas obras, lo que es de lo más normal), y el horario de apertura al público es recién desde las 10,3o horas más o menos, no obstante lo cual mi mujer está a la mañana con otros artistas o sola, desde las 08,oo aproximadamente y algo similar ocurre a la tarde, manteniéndose las puertas cerradas pero sin llave desde que ella llega a menos que se esté trabajando con modelos, pero como Graciela no me había contado nada, me picó la curiosidad y decidí investigar, al mediodía como al pasar le pregunté a mi esposa quien me dijo que no estaba trabajando con modelos y entonces, como es obvio, decidí llegar al fondo del asunto. Pasé varios días después y encontré las puertas cerradas pero sin llave (no subí), y luego, un lunes, llegué al lugar a las 9,oo de la mañana y me encontré nuevamente con la puerta llaveada. Como tengo un duplicado de la llave; sin hacer ruido alguno, abrí la puerta y la trabé de nuevo. Ya a la mitad del salón y cerca de la escalera escuché a mi mujer que decía "así, así . meteme", junto a los gemidos de alguien más, empecé a subir las escaleras con el corazón en la boca -Dale, dame, dame- escuché, -Te acabo, te acabo- decía la voz masculina y de pronto se oyó el grito de mi mujer y los gemidos animales del tipo. Fue en ese momento en que llegué al descanso de la escalera -de donde se vé perfectamente todo el entrepiso y en particular el sofá cama de modelaje. Sobre el mismo estaba acostada mi mujer desnuda y con las piernas abiertas, entre medio de ellas estaba Sandro con los pantalones bajos, retirando en ese momento una verga verdaderamente impresionante de la vagina de mi esposa, desde donde chorreaba una gran cantidad de semen. -No me la saques, papito, no me la saques- decía mi mujer -metela de nuevo, no la saques nunca. como me hacés gozar por favor. ¿Te gusta de verdad, eh? -decía Sandro- y ahí nomás se la mandó de nuevo hasta el fondo acostándose sobre mi señora -No sabés como la estaba necesitando -le dijo ella -entre mi menstruación la semana pasada y el boludo del pelado (ese es Raúl, otro pintor) todos estos días, ya estaba por reventar.- Bueno, pero vos ya sabés el precio, mamita -le dijo Sandro- así que espero que con tantos días tranquila, la colita no se te haya cerrado mucho -Huy, no negrito, hoy por la cola no- le decía ella.- Yo estaba realmente congelado, los veía desde el descanso de la escalera, de costado perfectamente bien y con la verga increíblemente más dura de lo que me hubiera imaginado; no estaba enojado, nervioso, no si ni si estaba al menos molesto, sólo muy, pero muy caliente. Sandro le metío las manos por debajo de las nalgas y empezó a bombearla muy despacio por delante, sacando más o menos media verga y metiéndola despacio de nuevo mientras le decía ¿vos querés esto, verdad? .entonces tenés que entregarme esta -le decía mientras le apretaba las nalgas por debajo.- Mi mujer ya casi acabando de nuevo le decía Ay, mi cola.pobrecita.hijo de puta.- Sandro le sacó ese maravilloso instrumento, se arrodilló en la cama y la iba a dar vuelta mientras agarraba un pote de aceite de lino -No -le dijo ella- vos sabés que no me gusta con nada, no lo necesito. Metéme primero así como estamos hasta que se acostumbre -Bueno-, dijo Sandro. Tal como estaban, le levantó a mi mujer la pierna izquierda, restregó el vergajo hasta que salieron alguna gotas de líquido y así, en seco, apoyó la cabeza en el culo de mi mujer empezando a presionar -auchi.auchi. despacio, mi amor, despacio -decía mi mujer- Pará, pará! -le dijo cuando le había entrado más o menos un tercio de los más de 22 cm. del morocho- y empezó a inhalar y exhalar aire muy rápido. Sandro esperó unos segundos hasta que alguna señal imperceptible que entendía por el reiterado uso de ese culo, le indicó que tenía que seguir, y esta vez fue hasta el fondo.- Así me gusta, mi vida .que apretadita está mi colita, como te entra, mami -decía Sandro- y de nuevo ella con la primer frase que escuché "así, así . meteme", era todo gemidos y una sesión de sexo fantástica.- Esperá -le dijo ella- lo empujó y se sacó la verga de adentro, se dio vuelta y se paró al borde de la cama de donde yo la veía en todo su esplendor, las largas piernas separadas para recibir a su macho, la cola perfecta levantada y el culo enormemente abierto y rojo comosi hubiera tenido una manzana adentro.- Sandro se paró, se puso atrás de ella y la empujó levemente.- Mi mujer se arrodilló en el borde del sofá-cama y apoyó las manos en la pared y así, totalmente entregada recibió la tremenda poronga de Sandro que la enfundó de una en el culo y le empezó a dar de firme, a gran velocidad, metiéndola hasta el fondo y sacándola casi completa en cada envión.- Los gritos impresionantes de mi mujer y los bramidos del tipo indicaban que el espectáculo estaba en su fase final.- Subí muy despacio un escalón más y detrás del hombro del tipo ví la cara de mi esposa, apoyada en la pared entre sus manos, roja y congestionada como nunca con sus labios perfectos abiertos sin saber ni qué sonido emitir, raspándose la mejilla contra la pared en cada embestida del porongón que la penetraba y sin importarle un comino; más hermosa que nunca.le chorreaban los jugos por las piernas, los que le dejó Sandro en la primer clavada que ví, mezclados con los propios de la acabada interminable que estaba teniendo sin siquiera tocarse el sexo; y de pronto, el tipo le pegó una embestida más fuerte todavía que las anteriores y le hundió sus dedos en las caderas mientras explotaba -cogeme.cogeme.cogeme- era el sonido ya silencioso y como una letanía que salía de los labios abiertos de mi mujer.- Caí en la cuenta de que estaba expuesto y bajé de nuevo el escalón cuando el tipo con un suspiro y las piernas ya flojas le sacaba el enorme pedazo del culo. Mi esposa tendió hacia atrás su mano como tratando de retenerlo, pero el tipo casi cayó sentado en el borde del sofá cama mirando el piso, rendido; y en ese momento, viendo a mi esposa todavía arrodillada en la misma posición, el culo abierto como boca de cañón, chorreante de semen al igual que su vulva que seguía expulsando líquidos, con las piernas abiertas y balanceando hacia delante y hacia atrás la cola, como si estuviera todavía cogiendo y acabando, mientras repetía con esa boquita perfecta que tantas veces besé -cogeme.cogeme.cogeme-; la pija prácticamente me explotó en el pantalón. Sin que se me haya ocurrido en  momento alguno masturbarme, sin siquiera tocarme, estaba teniendo un orgasmo único e increíble.- Me doblé sobre mí mismo despacio, reprimiendo cualquier sonido, como cuando uno pretende atajar un retorcijón estomacal y empecé a bajar lentamente las escaleras sin hacer ruido; llegué a la puerta, la abrí en silencio y salí con el pantalón mojado, feliz de la acabada más impactante en años, dejando a mi mujer llena de leche de su amante, abierta, todavía ofreciéndose a su macho, dispuesta y esperando por otra cogida más de la pija prodigiosa que me estaba reemplazando.


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