Habíamos jurado que esta sería la última vez, y como tantas otras veces que habíamos dicho lo mismo, los dos nos hemos preparado con esmero: en la ducha, íbamos probando los distintos tipos de jabones: tu axe, mis jabones de fresa, de aloe... mientras íbamos anticipando lo que sucedería, sabiendo que iba ser como siempre, y sin embargo, que siempre habría algo nuevo, algo distinto, que haría este día especial y que haría que tuviéramos ganas de repetir.
Llevas unos días solo, así que dentro de los preparativos entra también preparar un poco la casa, hacer la cena... Como siempre, hemos quedado a lo grande, pronto por la tarde, quién sabe hasta qué hora de esta noche, quién sabe si hasta mañana. Todo depende de lo que queramos disfrutar, de si conseguimos hacer las cosas con calma o el ansia que tenemos por sentir el cuerpo del otro hace que quedemos agotados tras dos horas.
Como siempre, antes de llegar, te llamo varias veces por teléfono: llego tarde, no sé el piso, no sé si quieres que compre algo... pero de repente suena el timbre de la puerta, abres y allí estoy. Nos saludamos con un beso en los labios, algo que sólo hacemos en tardes como esta, y pasamos al salón. No puedes evitar sonreír ante la visión de las bolsas que traigo, con las mil y una cosas que podemos necesitar. Mientras me alejo para dejarlas en tu habitación, me miras, y no sabes realmente qué te hace sentir así: una chica perfectamente normal, que ni siquiera saber arreglarse, que tampoco tiene el punto de maldad que se le supone a las chicas que puedan atraerte de esta manera... no, no lo entiendes. Me ves volver, con esa pinta de ser la mejor amiga que ha salido corriendo de casa sin mirarse al espejo, y piensas que no tienes ni idea de por qué te provoco ese cosquilleo que estás empezando a sentir.
Vamos hacia los sofás, yo me siento primero, en el más grande, para que te sientes a mi lado. Como siempre, eliges el otro sofá, y comienza una conversación insustancial en la que los dos estamos pensando que tiene que ser el otro el que se lance, por una cuestión de orgullo. Después de una hora hablando, los dos sentimos que deseamos al otro más que nunca, y yo no puedo evitar pensar en la humedad que comienzo a sentir. Te miro, es cierto, tienes una erección que trata de luchar contra tu pantalón vaquero. Me quedo callada, mirándote, en la mitad de una frase sobre el último marujeo de la universidad. Nos miramos a los ojos, y me encanta tu cara de sorpresa cuando comienzo, poco a poco, a desabrocharme la camisa.
Nunca me he desnudado para ti, así que esta es una buena ocasión. Me levanto y me pongo en medio del salón, mientras tú te tumbas en el sofá, te acomodas, y comienzas a tocarte. De frente a ti, continúo desabrochándome los botones muy lentamente, dejándome sólo dos, lo justo para que no veas que no llevo nada debajo. Tú estás empezando a imaginarlo, porque mis pezones se marcan claramente a través de la tela, están duros, pidiendo que vengas a morderlos. Metes tu mano por debajo del pantalón, y palpas tu polla. Me dices en voz alta que la tienes como a mí me gusta, gordita, empapada, y me cuesta mucho no arrodillarme a tu lado y metérmela en la boca.
Sin embargo, sigo desnudándome para ti. Bajo la cremallera de mi falda, y la sujeto para que no caiga de repente. Mientras tanto, tú estás quitándote la camisa, mucho más rápido que yo, tienes los pezones también duros. Yo juego contigo, me meto una mano debajo de la falda, ves como juego con mi coñito, cada vez más mojado, y me lo meto en la boca. Este gesto consigue que te quites el pantalón. Ahora tengo una gran visión delante de mi: estás solo con tus boxer, empalmadísimo, y acariciandote a través de la tela.
Dejo caer la falda, y suspiras al verme delante de ti: la camisa medio abierta, mis braguitas rojas, las medias que llegan a media pierna, las botas de tacón... mientras me doy la vuelta y me coloco de espaldas a ti, puedo ver cómo te quitas el boxer, como sale tu polla, con una erección descomunal, pidiéndome a gritos que me siente encima de ella.
Desabrocho por fin los dos botones que me queda, y tiro la camisa al suelo. La visión de mi espalda desnuda te hace suspirar, puesto que confirma que no llevo sujetador... miro de lado y te sonrío. Me encanta verte así, te has sentado, te estas masturbando lentamente, sin apartar los ojos de mi cuerpo en la mitad de tu salón... El resto lo hago como tú me aconsejaste una vez, agarro las braguitas, y las comienzo a bajar: las piernas ligeramente abiertas, sin doblar las rodillas, y me voy agachando poco a poco.
Dios mío, no he llegado apenas a las rodillas, y ya siento tus manos cogiendo mi cintura. Trato de incorporarme, pero me lo impides. Te pegas a mi, siento tu polla erecta en mi espalda, y comienzas a besarme el cuello, bajas por mi espalda, hacia mi cintura. Me giras delicadamente, y te entretienes un rato en mis caderas. Me miras a la cara, y me haces pedírtelo, sabes que me cuesta mucho, pero hoy he decidido no tener ningún complejo contigo, y te pido a la primera, en voz alta, que me comas el coño. No necesitas más, te sientas entre mis piernas y comienzas a comértelo: juegas con mi clítoris, lo lames mientras me miras a la cara, te lo metes entero en la boca, lo muerdes... me estás matando de placer, me tiemblan las piernas, pero no estás dispuesto a parar. Me miras a los ojos mientras introduces dos dedos en mi coño, necesitaba sentirme penetrada y te lo digo. Tu, al oírlo, te separas un momento, sonríes y te metes un dedo de la otra mano en la boca. Tiemblo al sentirlo en la entrada de mi culo, pero me encanta sentirme así de llena, mientras me comes el coño.
Te pido por favor que pares, no quiero correrme aún, quiero disfrutar de todas las sensaciones esta tarde. Sigues en el suelo, me siento a tu lado, comienzo a besarte, me encanta sentir mi sabor en tus labios. Bajo por tu cuello, y me entretengo en tus pezones, los toco con la palma de la mano, los pellizco, los lamo con la punta de la lengua, los meto enteros en mi boca... termino con un suave mordisco que hace que gimas bastante alto.
Y es que, como ya te conté, hoy estoy decidida a hacerte gritar, al menos un poco. Me levanto, te cojo de la mano, y te llevo a tu habitación. Mientras termino de quitarme las botas y las medias, me descubres algo entre risas: has preparado la cámara, por si nos apetece grabarnos. Una sola mirada y le das al botón rojo. Vienes hacia mi, pero nos cortamos, y propongo empezar con un masaje. Te tumbas, me siento encima de ti, y comienzo a masajearte la espalda, con un poco de aceite. La situación me excita bastante, bajo hacia ti, sientes mis pezones duros en tu espalda, y comienzo a besarte el cuello. Te encanta, suspiras mientras me dirijo hacia tus orejas, y aún más cuando bajo por tu espalda. Hemos hablado de ello, no sé si te gustará, pero sabes que lo voy a hacer y no te estas negando... bajo cada vez más, te agarro de la cintura, y sigo bajando, directa hacia tu culo. Te oigo gemir justo en el momento en que juego con mi lengua en tu agujero. Levanto la cabeza para decirte que me estás poniendo muy cachonda, y me contestas que siga, que te encanta. Vuelvo a lamerlo, mientras me acaricio el coño, que está empapado, y llevo mis dedos hacia tu ano. Siiii te encanta, sentir como juego con mi lengua y mis dedos, empapándote entero. Muevo mis dedos en círculos alrededor, y trato de entrar un poco con uno, solo un poco, lo justo para que sepas lo que yo siento cuando me lo haces, lo justo para que sepas por qué me vuelvo loca... te gusta, te gusta mucho, y me lo dices, pero me dices que necesitas correrte.
Yo también estoy a punto, así que te giras, y quedas tumbado boca arriba. Te sientas en la cama, sin mirar a la cámara pero de cara a ella, y me pides que me siente de espaldas a ti, pero de la misma manera.
Todo esto me ha puesto muy cachonda, así que no lo dudo, coloco tu polla a la entrada de mi culo y me siento suavemente. No lo esperabas, pero te encanta. Mmmm me encanta cuando entra entera, me encanta sentirme completamente encajada en ti. Tu me rodeas la cintura con el brazo izquierdo, te da igual que grite, quieres oírme decir que me partes en dos, y lo digo porque es lo que estás haciendo. Sin embargo, tu no bajas el ritmo, me metes dos dedos de tu mano derecha en la boca, y me aconsejas que los empape bien... lo hago, y me encanta sentir cuando los metes en mi coño. Dios, me siento llena, y tu sientes que me tienes toda para ti, sientes tu polla dentro de mi, la tocas con tus dedos....
Comienzo a moverme mas rápido cuando siento tus dedos, que me masturban como solo tu sabes hacerlo. Me falta muy poco para correrme, quiero hacerlo por primera vez con tu polla en mi culo, me encanta, y quiero sentir cómo te corres tu. Sigues moviendo tus dedos con furia, mientras con tu mano izquierda pellizcas mis pezones. Me pides que me corra, y yo me giro y te pido que me llenes el culo de leche. Dios, como me excita decir eso, te lo vuelvo a decir, tú me lo repites... hasta que sucede, y lo siento, siento como estallas dentro de mi, empapándome, como sale tu semen con fuerza una, dos, tres veces... mientras gritas y mueves tus dedos al mismo ritmo.
Siento una sensación muy rara dentro de mi, estás cansado y lo sé, pero te pido que por favor no pares... hago como tantas veces hemos visto, tiro de tu mano con fuerza hacia fuera, no lo entiendes, hasta que me oyes gemir y ves como sale una gran cantidad de flujo de mi coño...
Obviamente, estamos derrotados, pero, como hemos dicho una y mil veces, esta será la última vez. Aún no ha anochecido y no queremos despedirnos, así que nos damos una ducha, nos sentamos un rato en el sofa, volviendo cada uno a pensar que es el otro quien debe lanzarse... Igual poniendo nuestra película conseguimos volver a animarnos.
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