Tenía ya trabajando para la empresa 1 año cuando mi esposa decidió divorciarse definitivamente de mi, problema que traté de enfrentar con toda la tranquilidad del mundo, y decidí volver a ser la persona que era antes de casarme, cosa que inmediatamente detectaron las compañeras de trabajo, algunas decían que había vuelto a nacer, o que me habían cambiado de la noche a la mañana y a muchas les gustaba este cambio.
Comencé a salir con amigos de la empresa por las noches, íbamos a lugares alejados del bullicio de la ciudad, tomábamos algunas cervezas y debatíamos sobre como la vida nos estaba tratando, al principio salíamos 5 o 6 personas entre hombres y mujeres, pero con el tiempo solo quedamos 3, dos mujeres y yo.
Mi nombre es Pablo, y aunque siempre he tenido suerte con las mujeres, no me considero exageradamente guapo...yo diría que guapo normal, pero sobre todo coqueto, ese es un pequeño defecto que a muchas les gusta y otras las vuelve locas; No tengo un cuerpo atlético ni lo sueño, me considero un hombre normal con un poco de barriga consecuencia de las noches de parranda de la juventud aunque aún soy joven pues apenas cuento con 0 años.
Como relataba, del grupo de compañeros que solíamos juntarnos a tomar cerveza solo quedamos 3, y pasamos de ser solo compañeros de penas y parrandas a excelentes amigos, salíamos una vez por semana o dos veces por mes a desestresarnos de la carga laboral, y aunque diario nos veíamos en la empresa donde trabajamos, disfrutábamos cada instante que pasábamos juntos compartiendo nuestras experiencias, nuestras penas y nuestras intimidades, y fue precisamente compartiendo las intimidades que nos comenzamos hacer mejores amigos.
Un día de octubre del 2005 es donde nace el relato que hoy les cuento, salimos mis amigas y yo a disfrutar de una de las noches más hermosas, el cielo estaba estrellado y llevábamos ya bastantes cervezas, estábamos algo mareados y alegando sobre un tema que no recuerdo, dentro del alegato yo tomé las manos de Marcia, y mientras platicábamos comenzamos a rozar las palmas de las manos, recorrí sus brazos, sintiendo como cada poro de su piel se erizaba al contacto con mis manos, acaricié sus mejillas con las mías, y sin pensarlo mis labios buscaban los suyos, algo me decía que me detuviera, pero en ese instante no pensaba en nada, solo disfrutaba recorriendo sus brazos con mis manos mientras con mis labios apenas rozaba sus mejillas, hasta que encontraron sus labios, fue un beso tierno, corto, sencillo, pero con una descarga de electricidad que al momento solo pensaba en repetirlo, esa noche no pasó más, quedó en solo un beso y así nos fuimos a casa.
Los días siguientes a esa noche fueron algo tensos, pues algo que no les he dicho es que Agustina es casada para mi desgracia, y obviamente después de lo sucedido tanto a ella como a mí nos entraron los sentimientos de culpa, bueno como les digo los días siguientes fueron muy tensos por ese hecho, aunque en nuestro interior deseábamos repetir ese beso, teníamos que detenernos, seguimos saliendo a divertirnos tratando de que no volviera a pasar lo sucedido, pero entre los temas de las platicas, el roce que "sin querer" teníamos al platicar, acababan por fundirnos a los dos en besos y abrazos, los cuales ya no eran solo tiernos y sencillos, sino que estaban llenos de pasión, poco a poco fue creciendo más el deseo no solo de escabullirnos para darnos un beso, sino de pasar a un plano más elevado (ya se imaginaran cual es ese plano) y así fue como decidimos que, para quitarnos las ganas y la tentación de cómo seria si lo hiciéramos, planeamos escaparnos una noche pero a un lugar más cómodo, y donde obviamente estuviéramos solos, siendo éste un motel.
Quedamos de acuerdo en el día, la hora, y el lugar adecuado para dar rienda suelta a nuestro deseo, y como en esta vida no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla llegó el día señalado, a la hora acordada yo esperaba por ella a que pasara por mí, llegó y antes de dirigirnos al motel, dimos un pequeño paseo por la ciudad, que aunque es pequeña es muy bonita, y paramos a comprar cervezas, y poco a poco nos fuimos acercando al motel, no les niego que fuimos pasando de la emoción y el deseo a los nervios, mientras más nos acercábamos más dejábamos de hablar, de mirarnos y por un instante pasó la idea por mi cabeza de preguntarle si estaba segura de lo que haríamos cosa que decidí no hacer.
Llegamos, nos asignaron la habitación y entramos, sin decir ninguna palabra, abrimos una cerveza, encendimos un cigarrillo y nos sentamos sobre la cama, uno a cada orilla de la misma, la primer cerveza nos la terminamos como si hubiéramos tomado agua, ella se acercó para abrir otra cerveza, la tomé de la mano para que se sentara a mi lado, se podía notar a casi 1000Km. de distancia que estábamos tremendamente devorados por los nervios, pero aún así nunca dimos un paso hacia atrás, me senté atrás de ella, comencé a tocarla por los hombros, a descubrir su espalda, el olor de su perfume llenó mis pulmones y suspiré lentamente, (si el olor de su perfume me arrancó un suspiro, el olor de su piel hasta el día de hoy que escribo el relato jamás lo he podido olvidar) bajando lentamente la blusa que llevaba puesta, acerqué mis labios a su hombro izquierdo y le di un pequeño beso, que poco a poco fui convirtiendo en una mordida, comencé a recorrer su cuello con mi lengua, en un instante pasamos del nerviosismo a la excitación.
Comencé a tomar sus senos entre mis manos, poco a poco fui desabotonando la blusa hasta que quedó a un lado de la cama, quité el sostén y dos hermosos senos saltaron de él, ella se giró hacia mí y comenzamos a besarnos, poco a poco fue bajando su mano hasta llegar a mi pene masajeándolo lentamente sobre el pantalón, comenzamos a soltar todo el deseo reprimido durante semanas, antes de desnudarnos por completo apagamos las luces y en medio de la oscuridad solo nuestras manos trabajaban desnudándonos el uno al otro.
Podía sentir como su piel iba poniéndose más caliente, mis manos recorrían todo su cuerpo al igual que mis labios, besaba sus pechos lentamente, pasaba el grosor de mi lengua por su pezón ya erecto por los besos anteriores, mordiendo muy despacio succionaba su pecho y con mi lengua comenzaba un roce rápido que la hacia estremecer, mientras ella tocaba su clítoris y masajeaba mi pene; poco a poco fui bajando por su vientre, pasé por sus muslos humedeciéndolos con mi lengua, llegando a los tobillos, mientras ella humedecía sus dedos con los líquidos que salían de su por la excitación, fui subiendo recorriendo el camino ya andado, hasta llegar a su entrepierna, recorrí sus labios les de arriba abajo, haciendo más presión al llegar hasta arriba, abriéndolos y llegando solo a rozar su ya palpitante clítoris.
Del silencio de la habitación fueron arrancados unos gemidos que me excitaron aún más, estaba deseando entrar en ella, pero la experiencia dice que no solo nosotros tenemos derecho a disfrutar, así que me dispuse recorrer toda su ya húmeda, separé los labios les con dos de mis dedos, lentamente, como disfrutando del dulce más deseado y tratando de que fuera eterno, fui metiendo mi lengua por la cavidad de su mientras con un dedo no dejaba de darle la atención que merece su clítoris, ella solo gemía, se retorcía de placer y sus pechos eran prisioneros de sus manos, nuestras miradas se encontraron y pude ver en sus ojos como estaba disfrutando lo que yo hacia ahí abajo.
Besaba y a la vez mordía su entrepierna, haciéndola arquearse del placer que le estaba dando, mis dedos se abrían paso al interior de su , con un mete y saca lento, disfrutando plenamente del momento que estaba viviendo, regresé mi lengua a su clítoris, y haciendo presión sobre el, logré arrancarle el primer orgasmo de la noche, pude sentir como su cuerpo se estremecía, mientras sus manos me tenían tomado de la cabeza para que no me apartara ni un segundo de ahí.
Poco a poco fui bebiendo esa miel que es simplemente lo mejor que mis labios han bebido, ella seguía aún con escalofríos producidos por el orgasmo que acababa de tener, poco a poco fui dejando rastros de sus fluidos por todo su cuerpo, subí hasta llegar a sus pechos, los besaba tiernamente y a la vez quería arrancarlos, comencé a besarle el cuello, sus labios, a recorrerla y a llenarla de su olor, de su sabor, nos fundimos en un beso lleno de pasión y aún de deseo, con una de sus manos tomó mi pene y lo dirigió directamente a la entrada de su , comenzó a humedecerlo y comencé a mover mis caderas con un mete y saca lento, sin entrar por completo, solo lo necesario para poder sentir el calor de sus paredes les, que a cada entrada se aferraban para que no me saliera ni un centímetro, abrazó con sus piernas mis caderas, y empujando su cuerpo hacia el mío logró que mi pene entrara completo a su , sentir como su calor abrazaba mi pene casi me hace terminar, me esforcé por no hacerlo y comencé con movimientos lentos, saliendo prácticamente todo para arremeter con fuerza el regreso al interior.
Haciendo movimientos veía como estaba disfrutando cada entrada y salida de su interior, saqué mi pene de su dejando solo en su interior la cabeza, comenzando a meter y sacar rápidamente solo esa parte de mi pene, le estaba ofreciendo tremenda satisfacción, sin pensarlo arremetía hasta el fondo y regresaba a mis movimientos anteriores, era excitante ver como ella estaba de verdad disfrutando la manera en que le hacia el amor.
Comencé a entrar y salir con mayor rapidez, de repente su cuerpo se tensó y al mismo tiempo sentí como estaba eyaculando en su interior, sentir el calor de mi esperma en su interior hizo que ese orgasmo fuera prolongado, haciendo que con sus brazos rodeara mi cuello y me aferrara a su cuerpo, mientras sus gemidos taladraban en mi mente. Así nos quedamos por unos minutos, sintiendo como los latidos de nuestro corazón estaban alterados, y como mi sudor impregnaba su cuerpo.
Fui sacando mi pene, y me recosté a su lado, nuestros cuerpos estaban temblando presos del cansancio, nos abrazamos de frente, viéndonos a los ojos vimos en cada uno ya no al amigo, ya no al deseo.
|