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Mi estreno en el cine   (Sexo Anal)
 
AUTOR: Ivan
 

Hola, me llamo Ivan y la experiencia que quiero compartir con ustedes fue una que viví hace poco mas de 5 años. Fue una de mis primeras y hoy la  recuerdo con duchísimo placer. Se trata de mi primer "levante", si bien nunca lo llamé así. Ocurrió cuando llegué de visita a Buenos Aires, y no contaba aun con mis 18 años cumplidos.

Cursaba yo el último año del secundario cuando decidí venirme desde el interior para conocer la universidad en la que iba a cursar mis estudios y empezar los trámites de inscripción. Obviamente, como no conocía la gran ciudad, dejé varios días libres en mi agenda para recorrerla. Los primeros días transcurrieron normalmente, pero resultó que los trámites burocráticos me llevaron menos de lo imaginado. Cuando quise darme cuenta, me encontraba solo, con un montón de tiempo libre entre mis manos, y sin ningún plan; por lo que me dediqué a caminar las calles, mirar vidrieras y saciar mi curiosidad.

Una de esas mañanas, me metí una de esas galerías que encuentran por el micro centro, cuando veo que se acerca a mí un muchacho que a primera vista no parecía tener mas de 30 años. El hecho de llevar traje y portafolio le daban un aire de mayor seriedad y madurez. Llevaba el cabello bien corto, y podría asegurar que hacia varias cuadras que me venia siguiendo. Cuando finalmente se acercó, me pregunto por algunas direcciones que yo no pude ubicar. Intenté ser servil, pero tuve que reconocer que no conocía la ciudad y que hacia solo un par de días que estaba aquí.

-"¿Así que no sos de acá?"- me preguntó y no tardó en encontrar otros temas para echar a la conversación. Caminamos un par de cuadras por la peatonal sin que yo pudiera decir mucho. Soy una persona tímida y me cuesta mucho relacionarme con la gente. Ese fue siempre mi problema. Nunca llegué a tener novia (a pesar de que las chicas me encontraban atractivo) y mi única experiencia, en cuanto a sexo se refiere, estaba en una violación que había sufrido cuando tenía 12. Y no era una experiencia grata.

Después de caminar unos metros más, la conversación dejó de ser intrascendente, cuando pasamos por delante de un cine para adultos.

-¿Entramos?- me dijo. Yo nunca había estado en un lugar así y trate de explicárselo. Pero él, sin decir nada más, me sujetó del brazo y enfiló hacia adentro. Pago las dos entradas y entramos juntos. Por supuesto que yo tenía mis dudas, pero nadie se preocupó de preguntar por mi edad, solo bajamos las escaleras sin llamar demasiado la atención. Lo único que ocupaba mi mente era la curiosidad que me despertaba ese lugar. Siempre me gustó la pornografía pero a lo sumo, todo lo que había visto era un par de revistas viejas.

El lugar tenía un ambiente sombrío pero muy tentador. Era solo penumbras y unas tenues luces rojas que apenas dejaba ver las figuras y los contornos. Todo era inquietante, y mas aún cuando todo lo  que se escuchaban eran jadeos que venían desde todas las salas y una música etérea.

Dentro del cine había tres salas donde se proyectaban las películas mas calientes que había visto. En una de ellas, incluso, vi por primera vez una película gay. Apenas entramos, mi reciente amigo dejo su saco y su portafolio en los guardarropas y me pidió que lo esperara en la primera sala. Hacia allí fui y  me ubiqué en los asientos del fondo. Por un momento, quede fascinado por lo que ocurría en la pantalla y no podía alejar mis ojos de la película que se proyectaba. El cine, por otra parte, estaba casi vacío, salvo por algunos hombres, bastante mayores, que daban vuelta de sala en sala.

Luego de unos minutos, el muchacho que entró conmigo al cine se acomodó en el asiento del costado mío y sin pronunciar palabra alguna cruzó sus brazos por encima de mis hombros. Lo miré de reojo y mis palabras se negaban a salir. Al cabo de un rato, siento su mano buscando la mía, y para mi sorpresa, la llevó a sus entrepiernas.

 

Por un momento dude al notar que su pene sobresalía el cierre del pantalón. Aun así no pude retroceder. Sin dejar de ver la pantalla, empecé a mover tibiamente su polla hasta que sentí que había cobrado sus reales dimensiones. Cuando me atreví a mirar, disimuladamente, no pude dejar de admirar su monumento duro, varias veces más grande que el mío.

En su  cara había una sonrisa orgullosa. Me hizo una seña para que me metiera su polla en mi boca, gesto que disimulé no entender. Cuando tomó conciencia  de que no lo haría por iniciativa propia, directamente me sujetó por la nuca llevó  mi cabeza hasta él, como antes lo había hecho con mi mano.

Impensablemente, me encontraba frente a la polla de otro hombre. Sin saber que hacer, me deje llevar, pensando que todo acabaría rápidamente. Lo único que intenté hacer fue tratar de ocultar mi impericia y falta de experiencia. Me dedique torpemente a recorrer con mi lengua el tronco de su pene, y aun con dificultad, metí tanto de su falo en mi boca como fue posible. Él, mientras, me sujetaba fuertemente por la nuca con unas de sus manos.

No se cuanto tiempo habrá durado esta escena, pero lentamente fuimos atrayendo a un publico, que miraba nuestro acto con sumo interés. Para estar más tranquilos, nos dirigimos a unos púllmanes oscuros que se encontraban al fondo de la otra sala. El pullman donde nos metimos tenía un sillón amplio y separadores bajos, simulando mas intimidad de la que realmente ofrecía. Pero aun así, era bastante más cómodo que las butacas y nadie nos iba a molestar ahí.

Rápidamente, se desprendió su camisa y dejo su pantalón  en el suelo. Aun mantenía su erección cuando lo volvimos a intentar. Esta vez, los sabores de sus líquidos y mi saliva no tardaron en mezclarse en mi boca, cuando, por debajo de mis bermudas metió su mano, buscando penetrar con sus dedos el orificio de mi cola. Tuve miedo de que acabara en mi boca, ya que no era algo para lo que me sentía preparado. Pero desde uno de los bolsillos, él sacó un preservativo y eso me tranquilizó; ya no me tenía que preocupar con que inundara mi garganta.

Se acercó a mi oído y me susurró "Ponemelo", ignorando que yo no sabia como. Yo intente colocarle el preservativo con una de mis  manos mientras sujetaba su pene con la otra, pero vi en su rostro un gesto de frustración. Casi bruscamente, me saco el condón de mis manos y lo colocó en mi boca. Luego, simplemente, introdujo su pene a través del condón y empujo hasta mi garganta con firmeza y autoridad.

Inmediatamente después, comenzó a quitarme la ropa. Me dio un poco de vergüenza, pero no se detuvo hasta que quede desnudo. Paseó sus manos por mi cuerpo y en completo silencio me colocó sobre el respaldo, empujando mi cintura hacia él. Luego manoseo mis nalgas y exploro con su lengua todos mis rincones prohibidos. Mi respiración se escuchaba cada vez mas fuerte y los mis jadeos se mezclaba con gritos eufóricos que provenían de la película

Una inesperada sensación me trajo de vuelta del éxtasis, cuando sentí que el apoyaba la cabeza de su pene en la puerta de mi culo. Ya lo tenía encima mío cuando intenté moverme. Todos mis malos recuerdos me invadieron de repente. Por primera vez escuche mi voz y le pregunte:

-"¿No me vas a coger, no?"- pero mi voz  escuchaba tímida, entrecortada y sin convicción.

No hubo respuesta. Solo sentí que empezaba a entrar en mí la punta de su mástil e instintivamente contraje mis músculos. Nos mantuvimos inmóviles por un momento, hasta que me acostumbré al dolor inicial y mis nalgas se fueron relajando. Mi compañero, que espero todo ese tiempo, retomó la iniciativa y embistió mi cola con movimientos cortos y punzantes. Separó  mis piernas y empujó mi espalda hasta inclinarme aun más. Con esa postura, la penetración se hizo mas profunda y pronto sentí sus testículos golpeando mi cola.

-"La tienes toda adentro" me susurró

Puse mi mente en blanco y finalmente pude entregarme al movimiento que  proponían sus embestidas. Con cada estocada  me acercaba más y más al clímax, hasta que súbitamente acabé con violencia, sin que haya tenido siquiera que tocarme. Fue fabuloso e increíble.

Él siguió bombeando por varios minutos mas, mientras yo luchaba por mantenerme sobre mis piernas. Mis rodillas temblaban y por un instante, creí que me desvanecería. Por su parte, mi compañero mantenía su ritmo intenso, sujetándome firmemente, hasta que finalmente siento el último embate y luego se detuvo en seco. Por encima de mi hombro, pude ver que su sonrisa perversa seguía ahí. Puse mi mano sobre su pecho sudado. Una vez que acabó, retiró su pieza aun tiesa de mi orificio, causado casi el mismo dolor  que sentí cuando entraba. Luego se desplomo sobre el sillón. Y yo con él.

Me acomodé a su lado y pasamos los siguientes minutos quietos y en silencio. Me moría de ganas  por confesar lo que había llegado a sentir. Pero solo me anime a besarle el pecho y su abdomen.

El me respondió con un beso profundo. Mi primer beso.

Nos aseamos y nos fuimos de ahí. Él se retiro satisfecho; yo, tan extasiado que no podía comprender como se había sucedido todo aquello. Entre ese día al cine siendo una persona y salí siendo otra.  Al día de hoy cada vez que paso por enfrente de un cine para adultos imagino que el esta ahí y me va invitar otra vez.


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