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Las mejores vacaciones de mi vida   (Intercambios)
 
AUTOR: Morchiba Devilot y Bullets
 

El tiempo hasta el día en que había quedado de hacer el amor con Carla y Lucia en casa de esta última se me hizo difícil ante la expectativa de lo que me esperaba. Cierto que no era la primera vez que participaba en un trío, pues jamás podría olvidar ese incestuoso trío con Leticia y Carla, pero este había surgido inesperadamente: era en aquel momento o nunca. Esta vez, en cambio, estaba planificado, y eso hacía que cada vez que me encontraba en la casa con Carla me asaltaran los nervios y la excitación, imaginándome cada detalle de lo que sucedería.

Cuando la excitación crecía de más, intentaba tranquilizarme recordándome que a lo mejor que no pasaba nada, que a lo mejor Carla descubría que era lesbiana y yo entonces no tendría oportunidad de intervenir, pero aunque eso lograba tranquilizar mi libido, también me exasperaba: poder repetir un trío, con Carla y Lucia se había vuelto para mí un objetivo tan importante que no soportaba la idea de que al final todo se quedara en nada. En ese caso me consolaba tratando de imaginarme a ambas juntas, amándose mujer y mujer, desnudas bajo el ardiente sol, satisfaciendo con voracidad su pasión y lujuria como aquel día en la playa. Aquello lograba tranquilizarme... pero también volvía a excitarme, y tenía que pensar en otra cosa para tener el ánimo tranquilo.

Creo que a Carla le asaltaban pensamientos similares. El caso es que mientras no llegaba el momento, se mostraba nerviosa en mi presencia, y si había alguien con nosotros, intentaba desentenderse de mí prestándole a esa otra persona toda su atención.

Cuando el día anterior al gran encuentro le comenté a Leticia lo que íbamos a hacer, ella me apoyó: - Bueno, solo te puedo desear buena suerte, y que ayudes a Carla a definirse. De todos modos, que sepas que cuentas con mi apoyo.

- ¿En serio? ¿Estarás en la habitación animándome con el tambor, como Manolo el del Bombo? -bromee intentando trivializar toda aquella situación.

- No. Estaré fuera de casa, intentando no pensar que estarás haciendo el amor con mi hermana, sino que estarás con una amiga tuya que ha pedido tu ayuda.
Aquel tono tan serio me confundió. Ella, al notarlo, me explicó: - Mira, Rafa, ya perdimos dos veces el control y no quiero correr el riesgo de perderlo otra vez.
Claro, se refería al trío que hice con ella y Lucía, en el cual ambas se habían visto arrastradas por la pasión y el deseo, cometiendo incesto. Aunque ambas habían disfrutado de aquellos encuentros, y yo lo sabía tan bien como ellas, ninguna de las dos quería volver a repetirlo, y Leticia quería evitar a toda costa la tentación.

- Claro, tienes razón. Entonces gracias por el apoyo, y que pases un buen día mientras nosotros... hacemos lo que salga. ¿Ya sabes lo que vas a hacer? -le pregunté.

- No sé, creo ya todos los demás tienen plan, y que no quepo en ellos. Quizá me dedique a buscar un nuevo amante.

- ¡¿Un nuevo amante?! - Si. A fin de cuentas tú te marchas ya esta semana, y yo aún me quedaré casi dos semanas más. Además, por culpa del tobillo no he tenido tanto sexo ni diversión como querría, y quiero arreglarlo antes de volver a casa.

Aquella declaración suya me dolió, pero comprendí que era injustificada. A fin de cuentas, cuando iniciamos nuestra relación, quedó muy claro que sería una relación sin compromiso, basada únicamente en la diversión y el placer mutuo. Supongo que me dolía el hecho de que me pudiera sustituir por otro, alguien que a lo mejor era mejor amante que yo, o que la tuviera más grande, o fuera más guapo... Pero comprendí que eso era precisamente lo que yo había hecho con su hermana, solo que yo por aquel entonces no lo sabía, y que por lo tanto no podía enfadarme.

- Lo siento, Rafa, no tendría que haberte dicho eso -dijo Leticia-. Yo... no sé en que estaba pensando.

- No importa -le dije abrazándola-, a fin de cuentas haces bien: a rey muerto, rey puesto. Solo te pido dos cosas.

- ¿Qué cosas? - Primero, que por favor, si no tienes prisa, esperes a que me vaya para buscarlo.

- Por supuesto que si, Rafa, eso no se duda. ¿Y lo otro? - Que si después de estas vacaciones nos volvemos a ver, si te pregunto y él resultó ser mejor amante que yo, por favor, me mientas - ¡Ja, ja, ja, ja! ¡No te preocupes, Rafa, tú eres el mejor! Así, entre nervios, risas y bromas, el tiempo pasó y llegó el ansiado momento de la verdad. Carla y yo llegamos a la casa de Leticia y Lucia. Al llegar ambas nos abrieron la puerta y Leticia aprovechó para irse ya, llevándose consigo al perro de paseo y deseándonos buena suerte. Ya dentro de la casa, Lucia procedió a enseñarle a Carla la casa mientras iba un momento al servicio. Al salir, las esperé en el salón, pero tardaban demasiado.

Impaciente, decidí buscarlas a ver donde se habían entretenido tanto. En la planta baja de la casa no estaban, de modo que subí al piso de arriba, me disponía a preguntar donde estaban cuando oí un ruido procedente de una habitación, que recordé era la de sus padres. Al asomarme por la puerta comprendí el porque no habían bajado, sencillamente habían decidido empezar sin mi.

Tumbadas sobre la cama de matrimonio, Carla y Lucia se besaban y acariciaban mientras pugnaban por desvestirse. Lucia llevaba un vestido-chaqueta o camisa completamente abierto, dejando entrever a Carla y también a mi en un momento que se hecho sobre la cama, que estaba totalmente desnuda salvo por unas minúsculas bragas. Carla, que llevaba un pantalón vaquero casi sin perneras, ya se había despojado de su camiseta, dejando sus delicados pechos cubiertos por el sujetador de uno de sus bikinis. Carla se echó sobre Lucia, abrió por completo su vestido y se inclinó sobre sus pechos, empezando a jugar con su lengua sobre ellos, mientras Lucia acariciaba la suave melena de Carla y aprovechaba para desabotonar el cordón del bikini de Carla.

Yo contemplaba todo extasiado desde la puerta, decidido a no intervenir al menos de momento, llevando mi mano hacía mi polla que se endurecía rápidamente por debajo del pantalón Finalmente Lucia reparó en mi presencia: - ¡Oh, Rafa! ¿Estás aquí? Perdona que hayamos empezado sin ti.
Carla se dio la vuelta, alarmada al verme.

- No importa -respondí-. Por ahora así estoy bien, cuando me necesitéis avisadme.

- De acuerdo, pero mientras tanto, puedes ir desnudándote. Seguramente que tu pájaro lo agradecerá -me comentó pícaramente Lucia observando mi bulto debajo del pantalón.

Entré en la habitación y me senté en una butaca que había al lado de la cama, para no perder detalle de lo que la pareja de tiernas amantes hacía, mientras poco a poco me iba despojando de la ropa. Mi presencia pareció cohibir a Carla, pero cuando Lucia se dio cuenta, decidió tomar las riendas de la situación. Entonces decidió tomar ella la iniciativa, echándose sobre Carla con un intenso ataque de besos y caricias por cada centímetro de su piel desnuda. El sujetador del bikini de Carla cayó al suelo y Lucia empezó a restregar sus desnudos y perfectos pechos sobre los de Carla, sin dejar de besarse con pasión, casi fiereza, haciendo que ambas gimieran intensamente entre beso y beso.

Mi polla no necesitaba de la ayuda de mi mano, el espectáculo que ambas me ofrecían bastaba por si mismo para excitarse, y si tenía en aquella situación mi mano sobre la polla era más por una cuestión de costumbre que de necesidad.

El pantalón de Carla cayó también al suelo cuando Lucia fue bajando poco a poco, sin cesar de besar desde la boca de Carla hasta su vagina, deteniéndose en cada lugar de la anatomía de Carla susceptible de causarle gran placer: su cuello, sus pechos, su vientre, el pequeño Monte de Venus... Yo, cansado ya de ser un mero espectador, me levanté de la butaca y me incliné sobre Carla. Leticia, al verlo, solo me asintió con la cabeza, ocupada como estaba con los labios vaginales de Carla.

Esta, al verme inclinarme sobre ella, aún en medio del placer que le proporcionaba Lucia pareció titubear, pero cuando empecé a pasar mis manos sobre su piel desnuda y a ofrecerle mis besos en sus labios, se relajo y continuó disfrutando del placer que ambos le proporcionábamos, hasta que de repente un súbito impulso de placer recorrió mi cuerpo al sentir una lengua sobre la punta endurecida de mi polla. Era Lucia, quién ahora empezaba a lamer y chupar mi polla sin desatender con sus dedos la húmeda vagina de Carla. Cuando esta notó la diferencia de trato que recibía en su vagina, se incorporó levemente para ver la razón. Al ver como Lucia chupaba y lamía mi polla, se quedó fija, observando la escena, contemplando como su amante con la que había compartido desde que se conocieran tantas tardes de placer, se entregaba a mi polla, dedicándole sus atenciones, sus deliciosas pasadas de lengua, viendo como este palpitaba y se estremecía cada vez que la lengua se restregaba por mi glande. Cuando las miradas de ambas se cruzaron, Carla supo lo que Lucia quería que hiciera.

- Si, cariño, anímate. Yo te enseñaré. Ya verás que rica está, como te encantará -la animó Lucia, ofreciéndole espacio para que pudiera chupármela. Yo, encantado ante la perspectiva de que Carla me la chupara, no sabía que decir ni hacer, salvo disfrutar del momento-. Te gusta, ¿eh, Rafa? ¿A qué lo deseabas, que te la chupe Carla? A mi no me engañas; eres un guarro, y por eso lo pasamos tan bien juntos.

Lucia volvió a coger mi polla y procedió a instruir a Carla: - Empieza suave, solo con la lengua al principio, para endurecerla -le instruyó pasando varias veces su lengua por mi polla a modo de ejemplo-, aunque está hace rato que ya lo esta, ¿verdad? -nos sonrió a los dos-. Ahora tienes que chuparla, aunque no tragarla si no quieres, por el tronco, y si quieres, después te la tragas y chupas bombeando -siguió explicando dándole ejemplo-.

Tienes que hacerlo despacio para coger un ritmo e ir acelerando poco a poco, pero sin pasarte, o alguien sufrirá daño. Lo ideal, es un ritmo intenso pero pausado.

Lucia le cedió mi polla a Carla, que procedió a actuar mientras Lucia seguía instruyéndola: - Usa también las manos, para tenerla fija y chupársela más fácil, pero sin apretar demasiado -dijo mientras ella cogía su mano y la sujetaba a mi polla-. No aceleres tanto el ritmo, si lo haces demasiado bien y se corre, tendremos que jugar nosotras solas durante un rato, y no queremos eso, ¿verdad? Lentamente, mientras seguía instruyendo a Carla, Lucia chupaba y lamía más mi polla, haciéndome sentir en la gloría, con dos chicas chupándome la polla de maravilla: Lucia era una maestra en ese arte, y Carla demostraba ser muy buena alumna, pues el placer que me proporcionaba era cada vez mayor. Jamás antes había sentido tal cúmulo de sensaciones sobre mi polla, ¡y era realmente fantástico! - ¡Oh, si, no sigáis así que me corro! ¡Es demasiado! ¡Uuuuuhhh! ¡Oh, la leche, que gozada! Finalmente Lucia decidió que Carla podía arreglárselas sola con mi polla y se sentó sobre la cama a mi lado.

- ¿Qué, Rafa? ¿Qué te parece, lo hace bien? ¿A qué soy una buena puta y maestra? -me preguntó Lucia.

- La más grande, Luci, la más grande. Eres la mayor puta que he conocido jamás.

- Entonces tengo suerte de que me gusten tanto los hombres como las mujeres, ¿no crees? ¿Entonces por qué no haces algo más con tu lengua que gemir de gusto y placer? Por toda respuesta la atraje hacía mi y empecé a besar y chupar sus abundantes pechos mientras mi mano corría a su mojada vagina, explorando su interior varios de mis dedos, haciendo que empezara a gemir mientras buscaba mi boca para besarme. Poco después la boca y lengua de Carla empezaron a alternar entre mi polla y la vagina de Lucia y mis dedos, hasta que esta se incorporó y empezó a introducirse mi polla en su vagina. Cuando se la introdujo por completo, ambos empezamos a movernos al mismo ritmo, mientras Carla, sin dejar de contemplar hipnotizada como subían y bajaban los pechos de Carla, chupaba la parte de mi polla que no desaparecía en el interior de Lucia, proporcionándome nuevamente un placer que jamás había podido imaginar.

- ¡Por favor -exclamó Carla-, necesito que alguien me haga algo, lo que sea! ¡Que me comáis mi coño! Lucia le indicó que se echara en la cama, y me dijo que nos pusiéramos a cuatro patas sobre la cama, pero sin dejar de penetrarla. Cuando estuvimos como ella quería, Lucia procedió a chuparle e introducirle varios dedos con ferocidad en su vagina aún virgen, mientras ahora yo embestía con más fuerza. Ahora Carla gemía seguido, saciándose con la diestra y sabía lengua de su amante al tiempo que ella misma se chupaba sus pezones.

- Te gusta, ¿verdad? Pues no será nada comparada con cuando Rafa te desvirgue -le dijo Lucia-, cuando meta su enorme polla en tu coño virgen y te destroce. ¡Te penetrará hasta las entrañas y te romperá toda de placer cuando sientas su polla en tu boca desde tu coño! Aquellas palabras no asustaban a Carla, que seguía gimiendo sin parar. De hecho, creo que nos excitó a ambos aún más de lo que ya estábamos, pues cuando Lucia sacó mi polla de su vagina y se tumbó al lado de Carla invitándome a que la desvirgara, esta, en vez de acobardarse, abrió aún más sus piernas para acogerme, mirando hambrienta mi polla conforme se acercaba a su vagina. O ya sabía que le gustaban los chicos, o estaba tan caliente y excitada que no le importaba lo que le hiciéramos con tal de saciar su lujuria.

Temblando de la emoción, como si también fuera mi primera vez, apoyé mi glande en la entrada de su vagina, y empecé a empujar introduciéndola poco a poco. Carla contenía la respiración mientras Lucia la acariciaba con suavidad y cariño, animándola. Introduje más mi polla en su interior, haciendo que Carla empezara a quejarse levemente, pero no hizo ningún ademán para que me detuviese, de modo que continué poco a poco, mientras Carla apretaba más los dientes, esperando que llegara el momento en el que volviera a sentir nuevamente placer. Tras dos o tres pausas, finalmente conseguí llenar su vagina. Carla gemía quejándose mientras una lágrima querías escapar de sus ojos, pero ahí estaba Lucia susurrándole al oído palabras de aliento, prometiéndole que pronto todo cambiaría, besándola casi con la ternura de una madre, secando con su lengua la lágrima que se escapaba de sus ojos. Tras una pausa en la que dejé que Carla se acostumbrará a mi polla en su interior, empecé a moverme poco a poco, comprobando cuan angosta era en realidad la vagina de Carla.

- No estés tan tensa, Carla, relájate un poco, muévete un poco a su ritmo -le aconsejó Lucia.

Carla obedeció, y poco a poco fue esbozando una sonrisa. Animado por esta, seguí moviéndome y empecé poco a poco a embestir suavemente, haciendo gemir más a Carla.

Durante los siguientes minutos, penetré cada vez con más vigor a Carla mientras Lucia, recostada a nuestro lado, se limitaba a mirarnos, con varios de sus dedos en el interior de su vagina, y de vez en cuando, incluso en su orificio anal. Quería que Carla experimentara el ser follada por un hombre, motivo por el que se mantenía alejada de nosotros, para no interferir. A Carla, que estaba descubriendo en profundidad el sexo entre hombre y mujer, no parecía importarle. Ella tenía sus ojos clavados en mi, y no cesaba de gemir pidiendo cada vez más y más. Sin embargo, llegó un momento en el que Lucia debió de pensar que Carla ya había experimentado bastante las relaciones heterosexuales, que se acercó a nosotros y empezó a besarnos en la boca, una vez a ella y otra vez a mi, alternativamente, hasta que al final, los tres un unimos en un único beso, en el cual nuestras lenguas chocaban entre si buscando la lengua cualquier bocas de los otros dos, sin importar cual fuera.

Más tarde, cambiamos de posición: Carla seguía echada sobre la cama, pero ahora Lucia estaba sobre ella, en posición de 69, ambas devorando la una a la otra sus vaginas, mientras yo estaba de espaldas a Lucia, sujetándola por las muñecas mientras la penetraba con fuerza, en rápidas embestidas, sacándola de vez en cuando para dejar que Carla me la chupara; realmente había aprendido bien y rápido de Lucia. Lástima de tener que usar condón, pero aún así, era realmente fantástico. Mientras, los dedos de Lucia se perdían alrededor de su culito, hundiéndose cada vez más profundamente en él. Yo ya sabía lo que me iba a pedir, pero cuando me lo dijo, mi alegría no fue por ello menor: - Rafa... ¡Aaaaaaaahhh! Porfa, metémela por el culo, porfa...

Yo no le hice esperar. Tras asegurarme de que su culo estaba suficientemente preparado, dirigí mi polla a su entrada, apoyé en ella mi polla, y muy lentamente fui introduciéndola. Fue increíble, por cuanto más la introducía, más frenéticamente le comía Lucia su vagina a Carla, que gemía más y más fuerte. Finalmente llegué al fondo, y tras una breve pausa, empecé a moverme atrás y adelante. Ahora Lucia era incapaz de hacer nada, solo recibir mis embestidas aullando de placer, de modo que Carla quedó desatendida. Cuando se dio cuanta, se las arregló para salir de debajo de Lucia y se colocó a mi espalda, apretándose con fuerza contra mi, besando en la base del cuello, mordisqueándome las orejas, masajeando mi espalda con sus pechos, y sumando su peso a mis embestidas, que se hicieron notar en Lucia, quien ahora no aullaba, gritaba de placer.

No estoy seguro de la cuenta de orgasmos que llevaba cada una en su haber, pero creo que hasta el momento eran dos o tres para cada una. Entonces Lucia tuvo seguramente el orgasmo más brutal que había visto en mi vida, tanto que creía que algo malo le pasaba: todo su cuerpo empezó a temblar y estremecerse de forma violenta, mientras ella abría la boca en un mudo grito. De repente su boca emitió por un fin un grito de placer: - ¡ah…! Inmediatamente su cuerpo se derrumbó, y cuando se dejó caer jadeante sobre la cama, Carla aprovechó rápidamente la oportunidad para apoderarse del lugar, y clavarse mi polla en su coño. Sin tiempo para dejarme reponer, empezó a cabalgar sobre mi polla, gimiendo sin cesar. Yo ya estaba al límite de mis fuerzas, pero esto dispuesto a llegar hasta al final, de modo que me concentré en sus pechos para tratar de resistir el chaparrón.

De repente sentí que Carla se arqueaba. En un rápido vistazo comprobé la razón: Leticia volvía a la carga y ahora jugaba con sus dedos en el culito virgen de Carla. ¿Pretendía que también la desvirgara por ahí? No lo sé, el caso es que con aquel estímulo extra, los movimientos de Carla eran cada vez más salvajes, y de seguir así sabía que no podría aguantar más.

Fue ella la primera en tener el orgasmo: al igual que Lucia, todo su cuerpo tembló, si bien no fue de la forma salvaje de Lucia. Cuando ya rendida se echó sobre mí, vi que mi hora llegaba: - ¡Qué me voy! Lucia ya estaba allí preparada. Rápidamente sacó el dichoso condón y se llevó pajeando mi polla a su boca. Inmediatamente descargó su contenido a presión sobre el rostro de Lucia, quien lo recibió con voracidad, intentado no dejar escapar ni una gota. Cuando acabé, se echó sobre mi polla y empezó a limpiármela toda. En ese momento Carla se acercó a ella. Cuando se dio cuenta, Lucia sonrió y le ofreció su rostro, en el cual había aún bastante leche. Sonriendo, Carla empezó a pasar la lengua por la cara de Lucia recolectando mi leche y besándose. Cuando terminó ayudo a Lucia a limpiar mi polla.

- Uuhmm, que rico esta esto. Es delicioso -decía mientras lamía un resto de semen que había dejando en la cara de Lucia.

- Ha sido increíble, absolutamente increíble -dije totalmente tendido sobre la cama-. Me habéis dejado para el arrastre.

- Eres un macho, Rafa. Tu y tu polla si que valéis -me dijo Lucia.

- Y tanto; eres fabuloso -añadió Carla besándome.

- ¿Ya sabes que eres? -le pregunte al recordar sus dudas sobre sus preferencias sexuales.
Carla meditó un momento su respuesta, y después sonriendo, nos dijo: - Si, no tengo la menor duda: tal como me dijo Lucia cuando lo hicimos por primera vez...

- ¿Qué? -le preguntamos ambos cuando no concluyó la frase.

- ¡Soy una puta ninfomanía promiscua! -respondió con una encantadora sonrisa.

Después de aquel día, ya tengo nada más en especial que contar. Cierto que después de esto, aún volví a hacer el amor una vez más con Leticia a la noche siguiente y con Soraya el día antes de volver a casa. Con Leticia fue más bien un polvo de aquí te pillo y aquí te mato de madrugada en las escaleras de la casa de los amigos de mi padre, muy intenso y excitante pero también muy corto, apenas le levante la falda y la camiseta y yo me baje los pantalones. En apenas quince minutos ya habíamos acabado.

Con Soraya, ya fue mejor. Nos encontramos por casualidad en el pueblo, y a modo de regalo de despedida, me invitó a su apartamento aprovechando que su familia no estaba. Allí volví a disfrutar de nuevo de su lascivia y su magnífico culo, pero aunque fueron magníficas experiencias, creo que no hay comparación con todo lo que había experimentado hasta entonces. Sin lugar a dudas, fueron las mejores vacaciones de mi vida.

Ahora mismo estoy de nuevo centrado en los estudios. Mantengo contacto vía E-Mail con Leticia y Lucia, así como con Carla.
Leticia sigue sin novio, y Lucia se está planteando volver a salir con su novio José, de quién Lucia me dijo se quedó flipao cuando le contó sus vacaciones. En cuanto a Carla, desde entonces ha tenido dos relaciones con dos chicos, uno fue un rollito de verano y con el segundo parece que la historia va más en serio. Yo, por el momento, sigo sin novia.

No paro de preguntarme que sucederá en el próximo verano: si volveremos al Mediterráneo, si volveré a coincidir con Leticia y Laura, si volveré a enrollarme con Carla, si para entonces ya habré encontrado novia (lo cual me impediría repetir esas maravillosas vacaciones a menos que surja un milagro en forma de novia muy liberal...). No sé, supongo que el tiempo lo dirá, de todos modos, espero que quienes lean mi historia la hayan encontrado de interés y les haya gustado y disfrutado. Con eso me doy por satisfecho de momento.


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