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Una fantasía   (Confesiones)
 
AUTOR: culeador
 

Llegas a casa y no hay nadie, pero sabes lo que tienes que hacer. Te desvistes y guardas toda tu ropa en el armario, coges tu albornoz y vas camino hacia la ducha. Mientras dejas que el agua corra hasta alcanzar la temperatura que a ti te gusta, empiezas a pensar en lo que te ha dicho. Y sigues pensándolo mientras te enjabonas bien el cuerpo, dando especial cuidado hacia tus partes íntimas para, cuando él llegue, te encuentre limpia y perfumada. No puedes evitar que, mientras tocas tus partes íntimas, recuerdes que hoy es tu día, y no vas a tener escapatoria. Bastante ya le has dado largas.

Pasado un rato, una vez aclarado todo el jabón de tu cuerpo, cierras el grifo y te dispones a pasar el aceite hidratante para que tu piel esté más tersa y suave, ya que la tarde promete ser agitada.

Te secas a medias y te pones el albornoz. Sales del cuarto de baño y caminas dirección a la habitación. Abres el cajón y buscas lo que él te ha dicho para que te lo pusieras. Sabes que no tienes escapatoria. Recuerdas tu educación, muy puritana, demasiado casta, con todas las trabas y tabúes que te han impuesto a lo largo de tu vida, haciéndote ver que el placer es algo impuro, indecente, al igual que tu cuerpo, provocando el pleno desconocimiento de tu propio cuerpo. Incluso recuerdas que nunca te has masturbado. Te rebelas contigo misma, no quieres acatar lo que él te ha dicho, pero sabes que a él le gusta y en el fondo, con todo lo que te ha enseñado hasta entonces, también a ti.

Quieres aprender todo, romper esas barreras invisibles que pueblan tu consciente e inconsciente pero al mismo tiempo, tienes miedo a saber hasta dónde puedes llegar. Demasiados tabúes. Lo que has conocido te gusta demasiado y cada día que pasa, aprendes nuevas posibilidades que antes no sabías ni de la existencia de tales posibilidades.

Miras fijamente lo que tienes delante. Sabes que hoy dejarás de ser virgen por el único sitio que te queda. Te lo ha dicho repetidas veces, y siempre buscabas excusas para evitar tal situación. Pero hoy las cosas no son las mismas. Te lo ha dicho y advertido. Sabes que cuando sientes algo alrededor, te pones tremendamente nerviosa y excitada. Pero ya no tienes escapatoria.

Lo sacas de su embalaje y lo observas detenidamente, el color, las curvas, la punta, la base, el tamaño... Piensas que es muy grande, y que no te cabrá. Lo pones en tu palma de la mano y ves que no es tan grande como tu suponías. Lo palpas y notas una pequeña cámara de aire dentro, anterior a algo más duro internamente, y supones que es así para dar más sensación al situarse dentro. Lo hueles. Crees recordar que huele a fresas. Recuerdas el día en que lo trajo, y cómo te comportaste al verlo. Tenías un miedo atroz a tocarlo, como si fuera algo impuro, indecente, soez. Se te escapa a la memoria de todos los calificativos que por aquel entonces se te ocurrieron.

Y también su cara, de tremenda desilusión. Sabías que continuamente te lo decía, avisándote, y que era necesario para que te fueras acostumbrando para poder dar el siguiente paso pero como siempre, las largas que le dabas eran siempre las mismas. Te burlabas de él. Decías que a ver cuando lo traías. Hasta ese día en que lo trajo a casa...

Y hoy es el día, y ya no tienes escapatoria. O lo haces, o te hace pasar una temporada "a pan y agua". Y pensaste en decir que vale, que podrías pasar muy bien esa temporada "a pan y agua". Pero los placeres que te da son demasiados. Te gusta demasiado tal como le gusta a un crío un lápiz de color. Muchos han sido sus ruegos y súplicas, pero siempre lo postergabas. Hasta hoy.

Recuerdas que también te ha traído un antifaz para que, cuando llegue él, te lo pongas cuando escucharas la puerta abrirse para que pudieras percibir las sensaciones únicamente a través del tacto. Te ha dicho que hoy te haría sentir única en el mundo.

Y empiezas a pensar en todo, a darle vueltas a las cosas, en intentar averiguar el porqué de sus gustos, en su experiencia que, aunque parezca lo contrario, no le crees del todo, y también en...

Mientras te vas preparando, él sale del trabajo hacia el tren que le llevará hacia vuestra casa. Va pensando en el camino, pero se le nota que no está del todo feliz. Últimamente la relación entre los dos no es del todo buena y fluida y, aunque el sexo entre los dos es bueno, él ve como se está decayendo en una rutina, siempre de la misma forma, y en las mismas posturas, y con múltiples impedimentos que tú le pones haciendo que esa relación se vaya enfriando poco a poco. No entiende cómo tú no puedes tener ninguna fantasía, pero le dices que así es, que sólo el hecho de estar con él ya es suficiente, pero las necesidades de él no están cubiertas.


Él sabe que le encanta el sexo, y más contigo, pero últimamente ya no le está atrayendo debido a trabas que le vas poniendo una y otra vez. Las relaciones sexuales entre los dos cada vez son más escasas. Y él quiere poder relanzar esta relación hacia otro nivel, intentando salvar esa ruptura que casi ha estado cerca en más de una vez.

Él espera que hoy sea el Gran Día, en el que tú puedas disfrutar plenamente de él y el de ti. Recuerda lo que te dijo para hoy, y cual ha sido tu respuesta. No se lo cree, pero está dispuesto a intentar hacerte tocar las estrellas con las manos, en llegar a alcanzar esa meta tan añorada por él. Va pensando en cómo llevarla a cabo, piensa en cómo recorrer tu cuerpo con sus labios, con sus dedos, sintiendo cómo tu piel se eriza a cada paso que él da, haciéndote rogar por llevarla al clímax junto a él.

Le encanta verte disfrutar, y disfruta haciéndote disfrutar, pero no entiende en cómo la mayoría de las veces tú rechaces esas sensaciones que a cualquier mujer le gustaría tener. El ser multi-orgásmica. Él espera que hoy tu le dejes actuar como bien dice que el sabe, que la tarde es joven y es para los dos. Y se da cuenta de que se le ha empalmado con sólo pensarlo. Mira a un lado, mira al otro, Ufff... Nadie se ha dado cuenta. Se ajusta un poco el "paquete" formado ya que su estación de destino está por llegar.

Al levantarse puede disimular un poco más esa prominencia en el pantalón y se da la enhorabuena por haber llevado unos vaqueros al trabajo, porque si hubiera ido con pantalones de pinzas, no habría forma de disimularlo. Se baja rápido del tren ya que no puede perder mucho tiempo en el trayecto.

Escuchas cómo la puerta se abre y se cierra lentamente. No es posible. ¡Pero si es todavía pronto! Miras al reloj y ves que han pasado 3 horas desde que has llegado a casa, y te das cuenta que sólo has hecho una parte de lo que te ha dicho, que te has dormido mientras cavilabas. Él llega silencioso pero, al verte así, sin estar del todo preparada, y con una cara de haberte echado una más que digna siesta, le pides disculpas y que prometes que lo harás la próxima vez, el próximo día...

Te escucha pedirle perdón pero se le nota en su cara una tristeza espantosa, completamente desencantado, y te dice cabizbajo que ya no habrá próxima vez, que ésta ha sido tu respuesta una y otra vez. Está cansado de "esperar", de no poder realizar ninguna fantasías contigo por mil y un impedimentos que tú le has puesto, y cuando has dicho que sí a alguna, siempre ha resultado en lo mismo, que le has hecho caso omiso a todas y cada una de esas "fantasías".

Le dices que si no fuera por él, no hubieras hecho cosas a nivel sexual que jamás le harías a cualquier otro. Y te contesta que eso está bien, pero ya ha pasado demasiado tiempo, que si para que aprendas a dar un pequeño paso tienen que pasar meses, o incluso años, él dice que ya no está dispuesto a soportar esa espera porque, si bien antes él era considerado por muchas como un buen amante y seductor, ahora se siente incapaz de volver a serlo, haciendo que su autoestima estuviera por los suelos, porque hoy has colmado el vaso de su frustración.

Recoge sus cosas y vuelve por donde ha venido, cabizbajo, diciéndote "Adiós..." dejándote sentada en la cama.

P.D: Yo soy él. Todavía no me he atrevido a decir ese "Adiós", pero parece que ese día cada vez está más cerca porque los impedimentos siguen y siguen


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