Conocí a Luli hace cuatro meses, es una chica preciosa de 18 años, nos encontramos en la Internet en una página de juegos de Literati y me gustó su madurez y habilidad con las palabras. Me dio su dirección de mail y pronto comenzamos a encontrarnos en sesiones de Messenger muy entretenidas.
Ella vive en una de las ciudades más grandes del mundo: Ciudad de México y yo en el fin del mundo, no teníamos mucha diferencia horaria, así que cada noche nos juntábamos en el Messenger y conversábamos de los más variados temas.
Vivía con su madre, su padre había abandonado el hogar hacía un año atrás. Su computador, aunque era una buena maquina, adolecía de muchos defectos, seguramente por mal mantenimiento, eso impedía la ejecución de muchos programas, sin embargo siguiendo mis instrucciones logró configurar su web cam y así pude conocerla. Mi equipo no contaba con cámara, sin embargo eso a ella no le importó.
Era una niña preciosa, alta, delgada, de pelo cobrizo, con unas pecas en las mejillas que le otorgaban un aire muy pícaro. Lo que más me encanto de ella fue su sonrisa y sus hermosos ojos café claros. Lamentablemente no podía oírla, no fue posible reparar el sistema de sonido de su computador, así que solo me conformaba viendo su hermosa figura cuando escribía rápidamente en nuestro diálogo de letras.
En la tercera noche que hablábamos vi entrar a su madre a la habitación y ubicarse a su lado, era una mujer joven de buena figura, aunque no alcancé a ver con mucho detalle su rostro. Luli en un movimiento rápido oculto la imagen de la web cam y desplegó una página que siempre tenía abierta con contenidos escolares.
Fue nuestra primera emergencia, pero la superamos con mucho éxito. Entendí que su relación conmigo era secreta, que nadie sabía que hablaba diariamente con un hombre mayor de Sudamérica. Pasaron dos semanas y a mi se me volvió una rutina muy agradable venir cada noche a hablar con mi amiga mexicana, tan hermosa y tan menuda.
Una noche me dijo:
-Has sido muy bueno conmigo - se refería a las ayudas que le había brindado en sus tareas escolares y algunos juegos que le ayudé a instalar en su computador.
No Luli, tú has sido más buena conmigo - le escribí- Has permitido que esté contigo cada noche y eso me ha hecho muy feliz.
Bueno, pues esta noche te tengo un regalo - me dijo.
¿Un regalo?...ya estoy curioso, dime que es Luli - le dije y en verdad mi interior se alteró nervioso.
Espera, encenderé la cámara- me contestó.
Unos instantes después la web cam me mostraba nuevamente su pequeño dormitorio, vivía en una casa de una sola planta y su cama estaba apegada a una ventana que todos esos días permanecía abierta por el calor. La cámara solo me mostraba la habitación vacía.
¿Donde estás Luli? - le pregunté intrigado.
Acá - me contestó - Parece que me arrepentí, me da vergüenza.
¿Vergüenza...por qué mi niña?- le pregunté preocupado.
Estoy desnuda... - me dijo.
Me demoré en responder, no seré hipócrita, esa chica era deliciosa y quizás sin pedírselo lo que más deseaba era verla desnuda, sin embargo en ese momento me sentí nervioso como un niño.
Si no quieres que te vea desnuda, solo cierra la cámara Luli, no quiero que te avergüences por mí - le respondí.
Quiero darte ese regalo... -Me escribió. La vi aparecer desde detrás del ángulo de visión de la cámara, estaba completamente desnuda, su rostro enrojecido de rubor, movía sus manos en un gesto nervioso, pero no cubría nada de su hermoso cuerpo.
Recorrí lentamente esa visión angelical, ese cuerpo perfecto, su preciosa cintura, sus senos recién asomando erectos y desafiantes, la curva de su vientre y la preciosa línea que se deslizaba hacia abajo llegando hasta la intimidad de su vagina, donde se veían apenas las primeras oscuridades de vellosidad.
Eres hermosa Luli, pareces un ángel - le dije con sinceridad.
¿Te gusto? - me preguntó.
¡ ¡ ¡ Que si me gustas ¡ ¡ ¡ Me encantas mi niña, eres una preciosidad, que afortunado será el chico que te enamore y pueda tenerte así desnuda acariciándote - le dije sin mentir en nada.
¿Tú crees? - Me preguntó- Me gustaría tener un novio...y tú estás tan lejos.
Yo estoy muy lejos y además soy muy viejo para ti mi amor - le dije con tristeza - Pero juntos podemos aprender todo lo que necesitas saber para que estés preparada para el amor.
Eso me gustaría mucho - me respondió- Quiero que me enseñes todo lo que sabes, eres el primer hombre que me ve desnuda y quiero aprender todo de ti.
Bueno mi amor, pero debes cuidarte, vístete ahora o puede venir tu madre - le dije preocupado.
Ella no está, llegará tarde esta noche - me respondió y entendí que todo lo había programado meticulosamente.
Desde esa noche nuestra relación se orientó principalmente al aspecto sexual. Luli se exhibía desnuda cada vez con mayor desenfado, su cuerpo perfecto aprendió a mostrarse en completa belleza y calor. La sentí excitarse, le enseñé a masturbarse, buscamos algunos elementos menudos, una delgada vela, un marcador de tinta delgado, con esas piezas aprendió a darse placer introduciéndolas en su vagina con mucho cuidado y en su perfecta colita. Luli disfrutaba mucho jugando con su culito, quizás porque lo hacía con mayor tranquilidad, sin temor a causarse daño.
Ya pasó mas de un mes en esos juegos nocturnos, no lo hacíamos todas las noches, porque su madre nos interrumpía y además Luli debía dormirse temprano. Pero cada vez que la mamá salía, aprovechábamos cada minuto avanzando en nuevas experiencias, probando nuevas formas de placer y viéndola disfrutar en orgasmos preciosos donde abría la boca, se revolcaba en la cama, abría y cerraba sus preciosas piernas en una danza desbocada de placer y lujuria.
Bueno eso ya es historia, esta noche de Halloween me ha prometido algo especial, aun no sé de qué se trata, pero he llegado temprano a encontrarme con ella. Son las 9 de la noche, tenemos más o menos una hora para nosotros antes de que vuelva su madre, ella salió a visitar a unas amigas y anunció que volvería a eso de las 10, pero siempre se demora un poco más.
Hola - me saludó.
Hola Luli, te he esperado, me tienes muy curioso con lo que me prometiste para esta noche - era verdad, esa tarde en mi trabajo solo había pensado en esa niña encantadora.
Haré lo que he deseado hace muchas noches - me dijo - Esta noche perderé mi virginidad contigo, usaré un elemento más grande, un envase que encontré que tiene la forma de un pene, quiero que estés presente, que me mires y que sea un regalo para ti.
No creo que sea merecedor de todo esto Luli - le dije con sinceridad- Quizás es mejor que entregues tu virginidad a alguien que te ame y en un acto de amor completo.
No, quiero que sea ahora - contestó categóricamente - Haré lo siguiente, cerraré todo acá, solo dejaré la cámara encendida y puesta una pagina con un diccionario por si llega mi mamá, nadie notará que tu estás viéndome, solo yo lo sabré, pero no te podré escribir, así que después me cuentas que te pareció.
Está bien mi amor, estaré contigo, sintiendo y disfrutando, como si estuviera en esa cama a tu lado- le dije con emoción, mi cuerpo estaba afiebrado de excitación, desabotoné mi pantalón preparándome para una sesión de masturbación arrebatadora.
Cuando Luli encendió la cámara comprendí que había montado un pequeño espectáculo para mí y eso me lleno de alegría y emoción. Estaba vestida con un típico traje infantil de Halloweeen, una capa negra y una tenida ajustada de lycra del mismo color. Me sonrío haciendo una mueca terrorífica que en verdad solo resultó divertida.
La vi caminar desenfadadamente por la habitación, acudió junto a un equipo de música donde seleccionó algo, seguramente disco o emisora que no pude oír. Concurrió junto a la ventana que, como cada noche, permanecía abierta y cerró solo las gruesas cortinas.
Con una delicadeza enorme comenzó a desnudarse, había perfeccionado la forma de quitarse la ropa de manera muy sensual, con movimientos muy finos, deslizando sus piernas largas y moviendo su cintura en quiebres de mucho erotismo.
En unos minutos estuvo desnuda, sus manos recorrían su cuerpo perfecto, su cintura se movía siguiendo el ritmo de alguna música que no escuchaba, vi su mano perderse entre los pliegues de su colita redonda. En un momento me mostró la vela delgada con la que acostumbrábamos a practicar, también me exhibió el marcador plástico muy delgado que utilizaba principalmente para meterlo en su trasero precioso, después acercándose al lado del computador me mostró un envase de loción, un tubo de vidrio de proporción evidentemente mayor, era una réplica bastante aproximada de un pene adulto. Lo levantó y colocó frente a la cámara haciendo una mueca de temor y asombro exagerada, como diciéndome: Mira lo que meteré en mi conchita.
La vi comenzar a excitarse, sus dedos profundizaban las caricias, se tendió en la cama y pude observar todo su cuerpo balanceándose en un ritmo erótico, sus piernas estaban muy abiertas y sus ojos cerrados, su cintura se movía respondiendo a su propia estimulación.
De pronto sucedió lo impensable.
Vi que la cortina se movía, a través de la ventana se precipitó al interior de la habitación un hombre alto y fuerte, su rostro cubierto por una especie de antifaz y sobre su cabeza un gorro de lana. Quedé paralizado. No supe que hacer. La hermosa niña ni siquiera advirtió la presencia del intruso, con los ojos cerrados seguía meciéndose en una danza sexual que la tenía alejada de cualquier realidad inmediata.
¿¿¿¿ Que podía hacer ¿?????. Intenté escribir, me había dicho que en su computador solo se mostraba una página de diccionario.
El hombre bajó su pantalón en un gesto rápido, exhibiendo un enorme miembro en completa erección. Lo blandió en su mano y se dejó caer sobre Luli que recién reaccionó y en sus ojos aterrorizados y su boca abierta vi su enorme sorpresa y temor.
El hombre la atrapó con su brazo inmovilizándola, estaba ubicado entre las piernas de la niña y, aunque esta se movía desesperada, nada podía hacer. Ubicó su polla endurecida en la entrada de esa vagina virginal y presionó con fuerza. Los ojos de Luli se dilataron de dolor y su boca se contrajo en una mueca angustiosa. Seguramente su vagina estaba muy lubricada lo que permitió que esa polla se deslizara completamente en su interior desgarrándola. La niña gritaba, veía su rostro congestionado. El hombre levantó su mano y la golpeó con fuerza en la cabeza.
Mi mente embotada por la sorpresa y el terror se negaba a hilvanar algún razonamiento coherente. No sabía la dirección de Luli, no tenía su teléfono. ¿Llamar a la policía?, bueno de alguna forma al estar presenciando todo eso era una especie de cómplice...
El hombre descargó otro golpe sobre el rostro de la niña que se desvaneció, lo vi levantar el cuerpo de Luli y depositarlo inconsciente sobre sus rodillas, el largo pene del desconocido entraba y salía de esa abertura enrojecida, sus dedos penetraban en el trasero de la niña. Sin poder ver su rostro evidenciaba estar enloquecido de placer, de violencia, consumando su ataque feroz.
Luli se sacudía como un monigote sin vida. Vi que las manos del hombre se levantaban y tomaban el cuello de la niña....
Mi mente se movía confusa, estaba acalambrado de terror, de dolor, de un pánico enorme.
¿ESTA SEGURO QUE QUIERE ELIMINAR A LULI DE SUS CONTACTOS?
Eran las siete de la mañana, seguía sentado en el sillón de mi computador, no había dormido en toda la noche, mi rostro congestionado de dolor, mis ojos enrojecidos de llanto habían pasado toda la noche mirando sin poder reaccionar una pantalla oscura donde unas letras, rojas como la sangre, me gritaban:
AHORA PUEDE APAGAR EL EQUIPO.
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