Yo no sé ligar. Por eso no pude dejar de sorprenderme cuando aquella noche conocí a Miren. Estábamos en un bar por el centro de Madrid, yo con unos amigos, y ella aparentemente estaba sola. Casi sin saber cómo, comenzamos a hablar, y es verdad que desde el primer momento me pareció una mujer bastante simpática. Me contó que estaba casada, con su marido fuera de la ciudad, así que yo simplemente la veía como una mujer más, no como un posible plan. Así de ingenuo soy yo.
Miren bebía una cerveza directamente del botellín, yo hacía rato que había acabado mi copa, pero la conversación era bastante agradable, ella era abogada, como su marido, y yo de aquella todavía estaba estudiando Administración y Dirección de Empresas, nos lo estábamos pasando bien. Perdí de vista a mis amigos, creo que se fueron a otro bar y no se molestaron en avisarme, puesto que estaba en muy buena compañía. Comenzamos a bailar.
Me di cuenta que era muy guapa. Morena, tez blanca, ojos verdes y no era la típica mujer delgada, sino que tenía unas curvas muy sexys. Era bastante más baja que yo, por lo que debía agacharme un poco para escucharla al hablar, tenía un tono muy pausado y bonito. Así con la cabeza abajo estaba cuando noto que pasa su brazo por mi cuello mientras me susurraba la canción que sonaba al oído. La miré, sorprendido, a los ojos, y ella suspiró. Así que me lancé y la ceñí de la cintura. "Ya iba siendo hora, hombrecito" me dijo", ahora bésame, tonto".
No sé si fue su descaro o la música del lugar, el caso es que la besé, tímidamente al principio, cohibido, pero al notar su lengua en mi paladar comencé a excitarme tremendamente. La abracé con fuerza, y notar sus pechos contra mí era algo que no podía soportar, acabé con una tremenda erección que no podía disimular.
-Anda, machote- me dijo riéndose- acompáñame a mi casa, a ver qué podemos hacer con eso.
Puede que sea un tópico, pero realmente no me lo podía creer. Según mi madre y sus amigas, soy bastante guapo, pero nunca lo he tenido fácil para ligar con otras mujeres. Con los hombres sí, soy joven, moreno y estoy bastante delgado, por lo que los señores mayores me tiran bastante los tejos, pero nunca con las mujeres. Esto merece una explicación: soy bisexual, pero como no sé ligar...
Me llevó a su casa, apenas tardamos 15 minutos caminando, era una buena calle, céntrica, iluminada y de nobles edificios. "¿Te gusta mi casa?" dijo al entrar. "Me encanta, tiene mucho estilo, se nota que a tu marido y a ti os va bastante bien". "No le menciones, si no lo haces a ti también te irá muy bien esta noche". Obviamente, no le volví a mencionar. Me llevó al salón tras ofrecerme algo de beber, pero yo, haciendo alarde de un valor que no sentía, le dije "sólo te quiero beber a ti". "Me gusta esa respuesta, a ver cuántos orgasmos míos eres capaz de beberte" y se rió.
Me miró a los ojos y comenzó a besarme con pasión, la cara, la boca y el cuello. Yo ya estaba listo para explotar, tenía las hormonas totalmente descontroladas. Realmente, estaba muy cachondo. Miran se apartó un poco de mí, y pude ver cómo se le marcaban los pezones sobre el vestido ceñido que llevaba. "Haz algo y quítamelo". Mis manos temblaban, pero pronto logré quitárselo. Se quedó en ropa interior, un elegante y caro conjunto color visón. Me quité la camisa que llevaba. Llevo un piercing en el pezón, y se sorprendió al verlo.
-Oh, vaya, no me lo esperaba. Con esa carita angelical que tienes y me sorprendes de esta manera. ¿Tienes alguno más escondido?- negué con la cabeza y ella se rió. Comenzó a lamerme el pezón y no pude evitar gemir del gusto que me estaba dando. "Oh, Miren, esto es genial". Me sienta en el sofá, y ella se pone sobre mis rodillas, tengo sus pechos a la altura de mi cara, así que comencé a besárselos por encima del sostén, mientras le acariciaba los costados. Luego ella vuelve a lamerme el cuello, y cuando se separa, me sorprende con sus senos tiesos al aire. "magníficos" susurré.
En ese momento le lamí los pezones como nunca antes había hecho. Los absorbía con ansia y furia, arrancándole grititos agudos. Incluso deslicé alguna mano a sus bragas, sorprendiéndola de nuevo, y ella se reía de placer y sensualidad. "Vamos a la cama, allí estaremos más cómodos".
De camino, se quitó las bragas y me las lanzó a la cara. Ahora el que se reía ella yo. Se tumbó sobre la cama y desde allí me miraba. Se estaba acariciando el sexo y un pecho. Me quité los pantalones y la ropa interior, y también me masturbé lentamente a la vista de ella, aún de pie. "Caray, buena tranca usas, es muy gorda". "Gracias- dije tímidamente, luego me sinceré- algunos hombres, cuando me los follo, dicen que les hago algo de daño". "A ver si llena tanto como ellos creen", dijo con pícara sonrisa. "Ahora cómeme el coño".
Me dí cuenta que me excita muchísimo que me den órdenes con ese lenguaje soez, que a priori no corresponde con su elegante imagen. Así que me arrodillé entre sus piernas y comencé a dibujar círculos con mi lengua en su estómago. De inmediato comienzo a pasar la lengua por sus labios vaginales, salados, tiernos y suaves, subiendo hasta su vulva y clítoris. La miro, ella tiene los ojos cerrados, arqueando la espalda. Siento si tibio sexo y no puedo dejar de degustarla con la lengua. Mis labios también juegan por toda la zona, Miren se estremece y eso me acelera aún más.
Sujeta mi cabeza y frota su vagina contra mi cara, está presa de un rico paroxismo que la eleva y la hace gritar. "No separes tu boca de mi coño, come y no pares, no me dejes ahora", anhela en un suspiro. Un nuevo grito cuando rodeo sus labios con los dedos de mi mano derecha y con la izquierda tanteo uno de sus pezones, que apunta duro hacia el techo de la habitación. Mis chupadas y lamidas hacen ruido en su húmeda vulva, estoy bebiendo todos los flujos salados que destila para mí. Mi ego masculino está envalentonado y le digo, apremiante "¿Quieres que te folle con los dedos?" "Oh, sí, por favor" gime como una loca.
Estiro mi lengua todo lo que soy capaz dentro de su vagina mientras le meto un dedo lentamente por el ano. Sus dedos se enredan en mi cabello, sé que está gozando. Creo que está comenzando a correrse "¡No pares, ay, sigue, fóllame con tus dedos y con tu boca a la vez sí!". Y vaya que si le hice caso. Se corrió y toda ella se estremecía, me gritaba obscenidades que me ponían a mil "¿Cuándo probaré tu rica polla en mi coño? Oh, quiero que también me folles con esa tranca gorda que me has enseñado antes", yo rabo estaba lubricando abundantemente. Ella se encorvaba y me gustaba mirarle a la cara desde su entrepierna.
Cuando por fin se relajó, me ordenó tumbarme a su lado y comenzó a besarme. Mi abundante líquido preseminal caía desde la punta de mi capullo hasta la base de mi pene. Se lo bebió después de haber jugado un rato con mis pezones. Gimió de placer. "¿Te gusta?" Ella me sonrió y dijo que le gustaba mucho. "Entonces te follaré ahora mismo, si quieres". La tumbé boca arriba y le lamí los labios unos minutos más, tenía ya tres dedos dentro de su ano y estaba gimiendo otra vez. "Fóllame ya", ordenó.
Me puse rápidamente un condón, y con sus piernas sobre mis hombres, dirigí mi polla hacia su coño suave y lubricado. Metí la cabeza suavemente, con delicadeza. "¿Te gusta?". "Oh, mucho, eres muy delicado". Apenas dijo esto, se la metí hasta la mitad de un solo golpe. Me gusta ver la cara de sorpresa de los hombres que me follo cuando la meto entera, y la cara de miren, en esos momentos me excitó terriblemente. "Con cuidado", suspiró. Así que se la saqué despacio. Ella puso sus manos sobre mis nalgas y de nuevo me atrajo a ella "pero no la saques, me gusta ese grosor dentro de mí".
Y a mí me gustaba estar dentro de ella. Me la follé despacio hasta que la tuvo toda dentro. Luego me quedé parado, mientras le lamía el cuello y los pezones. Comencé un mete y sac
[ Pulsa para ampliar ]
[ Pulsa para ampliar ]
a profundo, despacito, yo temblaba y ella se derretía. Me encanta follar así. Y cuando está confiada, empezar un mete y saca brutal, sin miramientos. "Oh, follas de puta madre", logró articular. "Con un coño tan rico, todo es más fácil", dije ahogando mis palabras con un beso muy húmedo. "Quiero meterte hasta los cojones", ella sólo respondió con un quejido sonoro, símbolo de que se estaba corriendo de nuevo.
Me aprisionó con sus piernas, sus uñas se clavaron en mis nalgas y en mi espalda. No dejaba de repetir que siguiera follándomela bien duro, que no parara, que quería sentir la explosión de mi leche dentro. "¿Quieres que me corra?" "Córrete ahora mismo". Y sus deseos eran lo que más me apetecía satisfacer, ya que eran los míos propios.
Un torrente de semen salió de algún lugar en mis testículos, y con un grito triunfal, mi orgasmo comenzó con las últimas oleadas de ella. Aún estuve embistiendo varios minutos más, mi erección no se bajaba, y ella se reía con placer, pellizcándome los pezones "me vas a dejar el coño destrozado", "Bueno, pues la siguiente vez por detrás, que veo que con mis dedos te gusta mucho", ella rió mi ocurrencia y sus movimientos de cadera me incitaban a seguir bombeando.
Estábamos realmente a gusto. Dormimos desnudos, con el cuerpo lleno de saliva. Esa noche aún follamos más veces, y a la mañana siguiente tuvimos sexo anal, pero su coño me gusta mucho más. Volvimos a quedar más veces, siempre en ausencia de su marido. Imagínense su sorpresa cuando varios meses después, él le propuso ir a un local swinger. Pero eso es otro relato.
|