Mi ama Alicia, llegó al aeropuerto en la noche.
Previamente, supe que llegaba y le busqué, un vehículo alquilado, con vidrios ahumados, que estacioné discretamente cerca de la entrada, ya que no podía bajarme por mi vestimenta.
Ella me mandó a ponerme una faldita corta, con hilo dental y tacones, y en la parte superior, una blusita que dejaba casi todo al descubierto.
Así, nerviosa y excitada, me sentía dentro del auto, que ella conocía por la descripción: Plateado, de cuatro puertas, pequeñito y discreto.
Dentro, con el aire acondicionado, preparé la cava y le tenia listo un trago de champaña para darle la bienvenida.
Mi falda me incomodaba, porque al moverme, poco quedaba tapado.
Si algún guardia me detenía, seria muy vergonzoso.
La música tenue, el aire y la oscuridad, le daban al vehiculo un sentido de privacidad y confort que se que mi Ama Alicia disfrutaría.
Cerca de las 8 y media, con más de 40 minutos de retraso, sentí unos golpecitos, 3, en el vidrio del conductor y por fin, la vi.
Mis nervios me dejaron sin habla, empecé a tartamudear y a reír nerviosamente, Ella me vio, y me analizó por vez primera, acomodándose a mi lado, después de colocar su valija en la parte posterior. Me sentí ridícula y expuesta
Me sonrió y después, poco a poco, fue dándome confianza al hablarme de forma natural y tranquila, pero con mucha autoridad.
Mamona, desde ahora, serás mi cachifa, y espero que por muchos años. Me servirás en todo lo que te ordene y serás mi propiedad, por completo.
Le serví su copa de champaña, moviéndome con torpeza y la mojé un poco.
Una cachetada me llevó a la realidad.
Mamona, ¡más cuidado! Me dijo, la limpié con una servilleta.
Brindemos por esta relación, necesito mucha atención y cuidados de una cachita muy atenta y servil. Me repuse de la cachetada, agradeciendo su corrección y brindamos. Por dentro, pensé que ella sabría ponerme siempre en mi sitio.
La observé de reojo, saboreando su champaña, con una sonrisa de satisfacción en su bello rostro y sentí que seriamos muy unidas, y que mi vida a su lado podría ser excitante como sirvienta cada vez más entrenada a su servicio.
Después de terminar la copa, me mandó a manejar, para dirigirnos al Hotel.
Mientras íbamos saliendo del Aeropuerto, se acercó y empezó a palparme por todos lados, reconociendo su propiedad. Me agarró las nalgas, me pasó la mano por el pecho, por las piernas, examinó mi hilo y me sacó el miembro.
Así, mientras iba hablándome, de una forma muy natural sobre lo que debía ser su sirvienta para ella, jugaba con el miembro, sin inmutarse, como si fuera un juguete que le perteneciera desde siempre.
Se puso grande y empezó a botar liquido, pero ella siguió jugando con el, mientras me hacia conocer sus gustos, y me hablaba de su vida, de lo que debería aprender para servirla
Fuimos pasando rápidamente de una avenida a otra y en todo el trayecto, mí Ama Alicia analizó cuidadosamente mi miembro, lo agarró, lo movió, se acercó y hasta lo chupó un rato, dejándolo luego suelto, al aire. Se recostó en la puerta opuesta, y levantando sus pies, me mandó a besárselos, dedo a dedo.
Luego, sacándolos de mi boca, puso sus pies entre mis piernas y empezó a jugar con el miembro mientras me seguía hablando, dándome sus instrucciones. Sus deditos empezaron a oprimir la cabeza, a bajar y subir por el miembro poniéndome muy, muy excitada.
Después de mucho rato así, me dijo: Mamona, déjame conducir y así podré ver porque te llaman así, quiero utilizarte desde ya como mi mamona personal. Salí rápidamente y ella se puso al volante.
Me acomodé, arrodillándome entre sus piernas, dificultosamente y mientras ella manejaba, empecé a chuparla, de la mejor manera posible, mientras oía sus suspiros de placer.
Así pasó mucho rato, mientras mi lengua trabajaba incesantemente, arrodillada, y vestida de sirvienta, mí primer día a su servicio.
Antes de llegar al hotel, me hizo quitar la falda y me colocó un short pequeño con sandalias y una franelita, de esta manera podría pasar inadvertida en medio de los turistas que a esa hora se estaban anotando en recepción.
Bajamos, le llevé su maletín y acomodé el carro en el estacionamiento.
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