No pude prestar atención en la universidad pensando en lo que iba a hacer a la noche. Un recado que mi papi me había dejado o ¿una orden que me había dado?
Llegué a mi casa casi a la hora de la cena, subí rápido a mi cuarto a ducharme, quería estar lista para luego de la cena, quería tener mucho tiempo para hacerlo. Me puse mi mejor conjunto de ropa interior. Una tanga negra que se me mete bien en la colita, en la parte de atrás es solo una tirita y en la parte de adelante con pespuntes, calada, el sostén igual de encaje calado. Comencé a excitarme al ponerme esa ropa. La tanga es tan cavada y tan ajustada que algunos pelitos de mi conchita quedan por afuera. Luego arriba para disimular me puse un camisón de algodón largo. Antes de salir de mi cuarto recordé la última frase de tu último correo, tenía que recordar de ponerme algo por mi colita. No sabía como solucionar esto último, ¿qué podría ponerme?
Bajé las escaleras con esta duda. Me senté a la mesa, solo faltaba yo, estaban mis padres listos para cenar. Mis padres me preguntaban como me había ido, yo no los escuchaba, movían sus labios pero no entendía que me decían. Mi cabeza estaba en otra parte. Si supieran la ropa que tengo debajo de este insulso camisón y peor aún, si supieran en lo que estoy pensando.
Contesté las preguntas con monosílabos, casi no probé bocado, mis padres se preocuparon, pensaba que me sentía mal, les dije que solo estaba cansada que me iba a ir a dormir temprano, esto los tranquilizó. Claro dijo mi madre con el ritmo de estudios que estas teniendo y con las trasnochadas con tu novio, no hay cuerpo que aguante.
Fui a la cocina a buscar algo dulce de la heladera, encontré un alfajor, tiré el envoltorio en el cesto de basura y veo tirado un estuche de desodorante íntimo. Yo no uso, mi madre tampoco, debe ser de la doméstica. Perfecto pensé, un tubito de 15 centímetros de largo y casi 3 de diámetro, algo chiquito, manejable pero a su vez efectivo, lo saqué de la basura, estaba limpio, lo escondí entre mi cuerpo y mi tanga, subí a mi cuarto.
Cerré con traba la puerta de mi cuarto, me saqué el camisón, me quedé en ropa interior, me miré al espejo, estaba divina. Advertí que el tubo tiene una parte hundida en un extremo, tenía que rellenarlo. Se me ocurrió colocar algodón y sostenerlo con cinta scotch. Me temblaban las manos mientras hacía este trabajo. Quedó perfecto, parecía la punta de un pene, un pene chico, pero un pene al fin. Faltaba el lubricante, busqué en el mueble de mi cuarto, elegí una crema humectante para manos. También llevé una toalla a la cama para secarme. Todo lo hacía en cámara lenta.
Me acosté de espaldas sobre la cama con las piernas abiertas y las rodillas recogidas. Corrí mi tanguita a un costado, humedecí uno de mis dedos y comencé a masajearme la vulva. Tomé con mi otra mano mi consolador y me lo metí en la boca, ayyyyy papi, como me gusta chuparte, pensaba, como me calentaste con tu propuesta, papi. Toqué mi clítoris con la punta de mis dedos, me tocaba toda, estaba mojada, ya estaba mojada antes de tocarme, metí dos dedos en mi vagina. Vos estabas presente allí, papi, mirando lo que estaba haciendo. Seguía chupando mi tubo, estaba recaliente si seguía así estaría acabando en pocos segundos, jadeaba, respiraba fuerte, se me cortaba el aliento.
Decidí dar el siguiente paso, tomé el pote de crema, me unté los dedos, y los pasé por mi culito, luego me puse más crema y metí una parte del índice bien embebido, me puse más crema, metí el índice todo, mientras hacía fuerza con mi colita para afuera para que entrara mejor, luego tomé más crema y metí dos dedos dentro, los saqué, me puse más crema y los metí otra vez, ahora los movía en círculos dentro.
Me di vuelta, como mi papi me indicó, estaba boca abajo, puse una almohada debajo de mi pelvis, la mano izquierda sobre mi vagina, con dos dedos dentro, abrí las piernas
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bien. Con mi mano derecha tomé el tubo y lo apoyé en mi culito. Estaba cerrado, parecía que no iba a pasar, esperé un rato, escuché tu voz, papi, vamos puta te voy a abrir bien ese culo. Comencé a empujar, costaba la penetración, escuchaba nuestras voces, vamos puta aflójate, no papi, que duele, vamos puta aguanta, te voy a coger puta, te voy a partir en dos, no papi, duele, duele, déjame por favor, el cilindro comenzó a avanzar, me llenaba las entrañas, dolía en serio. Por favor papi, sácalo, no puta, no te lo voy a sacar.
Entró todo de una vez, me hizo ver las estrellas, pero mi papi estaba dentro, mi papi estaba dentro de mi, sentí como me hundías la cabeza en la almohada y como tu pesado cuerpo me aprisionaba contra la cama y tu aliento, tu jadeo sobre mi cuello y mi mano en mi vagina ya no era mía, era tu mano que me penetraba mientras que la penetración era más profunda, el dolor lentamente estaba cediendo y mi mano que movía el tubo ya era tu cuerpo agitando el mío. Y me jalaste del cabello, de mi cola de caballo, mientras que me decías lo apretadito que estaba mi culito de puta. A las putas hay que romperles el culo, Paulita, me decías y comencé a gritar ayyyyy papi, me vengo, papi, no aguanto, papi, me vengo.
Si puta, toma, puta, toma polla puta que yo también me vengo y comenzaste a pegarme nalgadas, y nos vinimos los dos, ayyyyyyyyy, siiiiiiiiiiii, papi, siiiiiiiiiiiiiiiiiii. Ohhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhh putaaaaaaaaaaaaa, ohhhhhhhhhhhhh.
El orgasmo fue interminable, sentí como tu pene se hinchaba para descargar tu semen. Me llenaste con tu lechita caliente. Te quedaste unos segundos encima de mi cuerpo. Jadeando aún, sentía tu corazón palpitar y el mío también.
Luego bruscamente te retiraste. Me dolió eso. Me di vueltas mientras te vestías. Me acosté de espaldas a la cama, con las piernas abiertas, con las rodillas flexionadas. Te vestiste rápido.
Me dejaste un billete de bajo valor, casi sin mirarme. Me sentía muy puta, me sentía una puta usada, una puta barata.
Miré cuando te ibas sin mirarme, me relajé un poco, salía semen de mi colita, chorreaba la leche por mi colita y manchaba la sábana. Adiós papi, dije en voz baja, vos ya no estabas.
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