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Fin de curso en Roma   (Lesbianas)
 
AUTOR: Emma
 

Cuando vi quien me había tocado de compañera me enfadé y fui a hablar con el director. No quería tirarme una semana compartiendo habitación con una petarda...

El director no me hizo ni caso. Iba a tener que ir de viaje de fin de curso con una de esas tontas. Estaba siempre con el grupito de las pijitas del instituto, ellas me odiaban a mi y yo a ellas.

Y el colmo fue cuando oí hablar a algunas de sus amigas de que a Eva le había tocado ir con la lesbiana...

Cuando llegamos al hotel en Roma eran las doce de la noche. Y yo me subí a la habitación, no tenía nada de sueño y me puse a ver la tele en italiano.

Eva subió llorando a la habitación. Aún no habíamos ni siquiera hablado, pero claro, no me esperaba nada parecido.

¿Qué te pasa? –le pregunté.

Y entonces rompió a llorar. Me contó que sus amigas se habían estado riendo de mi y de ella. Que ella iba a salir de Italia lesbiana, que a ver si se descuidaba y la hacía algo... vamos, como hablan los machitos de los chicos gays, pero al revés.

Estaba muy claro lo que pasaba. A ella le hacían las chicas algo de tilín y las "bromitas" de ese tipo son asesinas.

Cuando se calmó me contó que se había puesto a llorar delante de ellas y que seguro se habían dado cuenta de todo.

No puedo ir con ellas, Emma... son unas zorras –me dijo.

Pues se supone que son tus amigas...

No son mis amigas.

¿Qué? ¿Entonces por qué siempre estás con ellas?

Porque paso de estar sola... –me dijo.

¿Y ahora qué? Mañana vas a que te humillen, por no estar sola, qué bonito.

No...

¡Pues pasa de esas tontas! Mira, no nos conocemos, y si te digo la verdad me caías fatal... pero bueno, mañana nos bajamos juntas a desayunar, te vienes conmigo y con Ángel y pasas de esas lelas.

Por la mañana Ángel llamó a nuestra habitación y le abrí. Le conté que Eva se iba a venir con nosotros y le pareció genial.

Eva, todo esto no te saldrá gratis, que te pensabas...

Claro que no –dijo Ángel siguiéndome el rollo.

¿Qué? –dijo un poco desconcertada.

Primero, prohibidos los prejuicios y los tabúes. No tenemos pelos en la lengua. Segundo, Ángel es transparente, así que no le veas como otro chico, aunque ya le conocerás... además a él se inclina más por las pollas... menos cuando le da por el otro lado –dije riéndome.

Quién fue a hablar... cuando te da a ti por lo otro es peor... –me contestó.

¿Entendido?

Sí –me contestó sonriendo.

Por alguna razón Eva estaba súper contenta. Supongo por que era la primera vez que estaba con personas de verdad.

Bajamos al comedor y sus amigas ya estaban sentadas en unas mesas. Pasamos a su lado buscando una mesa y todas se quedaron mirando a Eva. Una la llamó, pero Eva pasó de ellas, y al principio se pusieron a reír pero después se las notaba un poco cabreadas.

 

Estuvimos visitando Roma los tres. Tanto Ángel como yo nos dimos cuenta de lo simpática y lo buena niña que era Eva. Si es que las malas influencias... aunque a lo mejor yo era peor :P

 

Nos lo pasamos genial. Después de andar más que nadie y de cenar un poco, nos subimos a la habitación, porque se nos había hecho muy tarde. Eva era una de las nuestras... además era simpática, guapísima y tenía dudas. Tenía que hacerlo con ella... sólo tenía que picarla un poquito.

¿Te lo has pasado bien?

Sí, muy bien... yo no sé... ¡te estaré agradecida toda la vida! Ojalá nos hubiéramos conocido antes.

Te hubiera ayudado en muchas cosas. Porque tú tienes dudas sobre tu sexualidad, ¿verdad?

Sí...

¿Te consideras lesbiana?

No lo sé...

Pues eso es lo de menos.

¿Por?

¡Tía! ¡Lo único que importa es que si hoy te apetece comerte una polla, que te la comas, y si mañana me miras las tetas y te apetece tocármelas, pues que me las toques!

Ella se rió y nos miramos a los ojos.

Pero tocar no es lo más importante. Tienes que sentirlo, usar los cinco sentidos. ¿Quieres que te enseñe?

Claro.

No le di más vueltas y me quité el vestido. Eva se me quedó mirando desconcertada. Nos miramos fijamente y nos quedamos bloqueadas.

Ahora sólo tienes que ser tu misma, Evita.

Emma... no...

Me acerqué a ella y la abracé. Nos miramos y la sonreí.

Oye, ¡¿yo en sujetador y tú como si estuviéramos en invierno?!

Se quitó la camiseta de tirantes y se desabrochó los vaqueros.

¿Te ayudo, lesbiana?

Me contestó con su sonrisa y le ayude a quitarse los vaqueros. Y allí estábamos las dos mirándonos, en ropita interior...

Emma, no...

Cállate tonta –le contesté.

Nos estamos pasando...

Entonces me incliné hacia ella y la di un beso en la mejilla.

- Vamos a hacerlo, ¿vale? Déjate llevar...

Eva se tiró encima de su cama y suspiró. Me acerqué a ella y me senté encima de su tripita. Me quité el sujetador y lo tire por ahí. Nos empezamos a partir de risa hasta que la situación se hizo con nosotras. Nos transformamos en seguida. Nos quedamos calladas y ella hizo lo mismo, se quitó el sujetador y me lo dio. Me encantaban sus tetas... Empecé a oler el sujetador con los ojos cerrados. Es un olor tan bonito... Eva levantó la mano y empezó a acariciarme con un dedo mi pezoncito, haciendo circulitos alrededor. Entonces me excité de verdad... me dio un subidón y me calé ahí abajo. Evita notó la humedad y empezó a tocarme más, amasando mi tetita y acariciándome la cintura. Me empecé a fijar en sus labios y me empezó a entrar el gusanillo... tenía ganas de comerme su boca.

Me tumbé encima de ella y nos apretujamos las tetas. Mi pelo se fue hacia delante y ella me lo retiró, nos sonreímos y me acerqué a sus labios. El momento en que mis labios chocaron contra sus labios calentitos y humeditos fue el más bonito. Enseguida abrí la boca un poquito y noté como su lengua mojadita se metió dentro de mi boca hasta que se encontró con mi lengüita. Empezamos a morrearnos mucho más fuerte... me encantaban sus babitas... no podíamos parar. El ruidito de la saliva es lo que más a tope me ponía... Ella estaba gimiendo desde hacía un rato y la entendía. La primera vez que lo pruebas es así... mágica.

Entonces yo me levanté y ella se sentó en la cama.

Guapa.

Guapa tú.

Tenía los morros muy sobados, y yo estaría igual.

Siéntate aquí –dije señalándole el borde de la cama.

Se sentó y entonces vi como tenía las bragas de empapadas.

Se las bajé un poquito. Ella abrió subió las piernas y le quité las braguitas llenas de sus juguitos y empecé a acariciarme las tetas con ellas. Eva se estaba acariciando sus pezones mientras me veía y justo después, me quitó el tanga y empezó a lamerlo. La tumbé y yo me puse de rodillas.

Te voy a comer el coñito, nena...

Cerda –me contestó.

Tenía el coñito de Eva en frente de mi. Me acerqué y le di un beso a sus pelos mojaditos. Saqué la puntita de mi lengua y recorrí sus labios. Y justo después empecé a meter la puntita de mi lengua hacia dentro y a sacarla hacia fuera. Ella empezó a gemir muchísimo...

Emma...

Pasé de ella y seguí más fuerte.

Me voy a correr, tía...

Eva gimió y dio un pequeño botecito. Se llevó la mano corriendo hasta su clítoris y empezó a masturbarse con los dedos súper rápido. Dio un botecito en la cama y un chorrito pequeño de sus juguitos salió disparado hacia mi. Yo me masturbaba mucho y tenía la boca llena de la corridita de Eva y la cara empapada. Me puse junto a ella y empezó a lamerme las mejillas.

¿Te gusta tu coño?

No me contestó. Llevó su mano hasta mi chirri y me acarició con su dedo índice. Cuando lo tuvo bien mojadito, me lo enseño y se lo metió a la boca. Lo estuvo chupando y cuando lo sacó, me lo puso en frente de mi boca y me comí su dedito mojado. Estaba súper excitada...

¿Sabes como se hacen las tijeras?

No...

Me tumbé de lado y subí una pierna hacia arriba.

Ven, mi chumi quiere follar con el tuyo.

Evita se colocó de la misma forma que yo y se acercó. Cuando juntamos nuestros coñitos ella empezó a moverse muchísimo y muy fuerte... ¡ya no podía más!

Me entró un escalofrío. Y empecé a gemir muchísimo... estaba follando con Eva... me había comido sus morros y su coño... Me concentré en lo que hacíamos... y ya...

Me empecé a correr y como una salvaje. Pero no paramos, seguimos hasta que me quedé sequita. Me entró una sensación de relax indescriptible. Me di la vuelta, me puse junto a Evita, cerré los ojos y me dormí.


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