Hola, somos pareja mexicana, nuevos en éste rollo, no tenemos experiencias extramaritales, pero nos gustaría iniciarnos, empezaremos contando un relato muy ardiente, verídico, si les interesan los relatos de este tipo, les enviaremos muchos más.
Somos casados de 38 y 36 años, él 1.75m yo 1.68, delgados ambos, yo senos regulares muy peluda, y una concha gorda, muy calientes los dos, me encanta masturbarme y a mi marido le gusta verme y también seguido me masturba.
En una ocasión estábamos solos en casa, nos tomamos unas copas y nos pusimos al rojo vivo. Yo llevaba unos shorts de lycra, muy pegaditos, y un bra del mismo tipo, mi marido andaba desnudo, enseñando su hermoso tolete, el cual está bastante grande 24cm, solo que delgadito.
De repente se me antojó masturbarme, así que fui por el vibrador, mientras veíamos una película porno, donde una chica masturbaba a otra; me empecé a mojar muy rápido, con el sólo roce de mis dedos en mi clítoris que es algo grandecito y demasiado sensible.
Inicié la penetración de ese lindo aparato, el cual no ocupó ningún tipo de lubricante, ya que para entonces yo estaba muy, pero muy mojadita, iniciando en ese momento un ritmo de entra y sale.
Primero lento y cada vez más rápido, que se oía el chirrido de mis jugos como si estuviera escupiendo por mi vagina, me paré a un lado de un sofá, subí una pierna y empecé a darle cada vez más duro, y más rápido.
De repente mi marido se fue al refrigerador a servir unos bocadillos y cuando regresó yo estaba en otro orgasmo (soy multi orgásmica), era algo fenomenal e interminable, entonces a mi marido se le ocurrió una magnífica idea: Preparar una sexy ensalada de verduras.
Sacó del refrigerador una zanahoria y un pepino de un tamaño fenomenal, los cuales me presentó con una seña cachonda y obscena, a lo cual yo accedí de inmediato pensando que sería maravilloso cambiar el vibrador por esos bellos vegetales.
Me metí primero la zanahoria de unos 15cm. de largo, y algo gruesa, me empecé a mover y a contonear de una forma circular estando de pie con la piernas bien abiertas, cuando de repente sentí ganas de chuparla, la saqué y le di unos chupetes, imaginando que era la verga de mi marido.
El me estaba observando con los ojos desorbitados por el placer que veía en mí, y su miembro se iba poniendo grande y duro, cada vez más, la volví a meter hasta el fondo y acabé dos veces más.
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