Estaba bien al pedo sentado en un bar de Palermo, haciendo tiempo para una entrevista de trabajo. A mi siempre me atrajeron las mujeres pero desde hacía poco que tenía la fantasía de estar con un hombre. El bar estaba lleno y cuando entró el tipo, tendría unos 65 (yo 32), no dudé en hacerle una seña para que se sentara en mi mesa. El sonrió y se sentó. Entablamos una conversación irrelevante, cuando de pronto preguntó de la nada:
- "¿Te estoy incomodando?"
Yo sabía que era cierto, me incomodaba su mirada, sentía que me dominaba y eso me prendía fuego. Se lo dije.
Tras un largo silencio, volvió a preguntar
- " ¿Y eso te gusta?"
- " Me encanta".
Pagamos la cuenta. Yo pensé que todo iba a quedar ahí pero de pronto me dijo
- " Vamos a jugar un jueguito. Yo te voy a dar órdenes y vos las vas a seguir al pie de la letra, quiero que seas mi esclava. Si voy demasiado lejos, simplemente me decís basta y listo, se terminó el juego. ¿Está bien? "
Yo estaba como nunca de excitación, tanto que me olvidé de la entrevista. Pagamos la cuenta.
- " Vamos a mi casa ", dijo.
Caminamos en silencio unas cuadras y luego entramos en un departamento. Ya en el ascensor me agarró de los pelos y tiró mi cabeza hacia atrás.
- "Abrí la boca y saca la lengua", me ordenó. Cuando lo hice me escupió dentro de la boca, yo, involuntariamente gemí. Tenía algo de miedo, quería contarle que sólo una vez y hacía mucho tiempo había estado con un hombre, pero no dije nada.
Entramos a su casa y yo quedé petrificado. En el sofá, mirando la tele, había otro tipo más, más o menos de la misma edad que él.
"Mira lo que te traje. Una nenita sumisa ", y me arrojó sobre el sofá al lado del otro. Yo, de la calentura que tenía, pues sabía que esta vez no me iba a poder escapar, no podía dejar de contornear la espalda y moverme como una gatita. Me desvistieron diciéndome obscenidades y cada tanto alguno de los dos me daba un cachetazo en la cara o en la cola. De un ropero sacaron ropa de mujer y me vistieron. Al verme así vestida, en medio de esos dos tipos, creo que prácticamente me derretí. Me cogieron toda la noche, en todas las posturas posibles, acabando varias veces y siempre en mi boca, pero no me dejaron acabar a mí sino casi cerca del amanecer.
En ningún momento pude decir basta y realmente me encantó. Ahora siempre vuelvo al mismo bar pero nunca lo encuentro. Tan caliente me dejó esa experiencia, que no veo la hora de repetirla.
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