Esta historia ocurrió en la universidad en la que yo estudio. Hay un profesor que les encanta a todas las chicas, su nombre es Alejandro. Es muy atractivo y más de una sueña con tener sexo con él. Yo, la verdad siempre he tenido muchos pretendientes y admiradores (con toda la modestia del caso), sin embargo me había abstenido de tener relaciones sexuales porque consideraba que aún no había llegado ni el momento ni el hombre adecuado.
Durante las clases era inevitable que mi mirada se cruzara con la del profe Alejandro. El me intimidaba y sabía que yo también le gustaba a él. La clase que el daba necesitaba de un laboratorio y como siempre he sido una estudiante muy dedicada, me ofrecí para hacer un trabajo extracurricular que me daría puntos extra para aumentar mi calificación. Por supuesto, otras y otros estudiantes también se ofrecieron. El día del trabajo cada estudiante debía hacer un experimento y dependiendo del tiempo que demorara en obtener los resultados requeridos, podía retirarse del laboratorio. Mi experimento era el que más tiempo requería y obviamente me quedé a solas con el profe en el laboratorio. Y aquí empieza la verdadera y erótica historia:
El laboratorio era un lugar con acceso restringido, por lo cual si de privacidad estamos hablando no existe un mejor sitio. Mientras yo miraba a través del microscopio Alejandro se hizo detrás de mi como supervisando, sin embargo el sólo hecho de sentir su respiración sobre mi oreja ya empezaba a emocionarme. En un momento dí un paso hacia atrás y sentí que su pene estaba duro y erecto, tenía miedo, pero no de él sino porque no sabía lo que me esperaba.
No aguanté y volteé la cara hacia el, entonces me esperaban sus labios listos y dispuestos a besarme, por supuesto me rendí y empezamos a besarnos apasionadamente, su lengua exploraba toda mi boca y yo hacía lo mismo, el me tocaba las tetas y me apretaba el culo, mi respiración se agitaba cada vez más. A pesar de mi inexperiencia, gracias a mis amigas sabía lo que tenía que hacer, así que empecé a desabrocharle el pantalón mientras lo besaba.
El me ayudó, se bajó los pantalones y se bajó el boxer, al ver su verga sentí como mariposas en mi vagina y mojé un poco mis pantaletas. Bajé y empecé a chuparle el pene, el se encargó de recogerme el pelo mientras yo saboreaba y acariciaba ese delicioso pene, sus suspiros me excitaban cada vez más, así que paré un poco para quedarme en pantaletas y poder acariciarme la concha con el dedo mientras le seguía chupando el pene. El no aguantó más y se sacudió la verga y se vino en mi boca.
Luego de esto, el me hizo levantar, nos desnudamos prenda por prenda de las que nos quedaban, mientras besábamos nuestros cuerpos, al quedar completamente desnudos el me alzó, me subió sobre una de las mesas del laboratorio. Primero me besó apasionadamente y luego empezó a bajar, pasando por mis tetas a las que lamía con fuerza. Cuando llegó a mi concha empezó a besarla y al introducir su lengua a través de mis labios se dio cuenta que yo era virgen. Creo que se sorprendió un poco pero al mismo tiempo se excitó más porque veía que yo estaba completamente dispuesta a ser suya, así que en ese mismo momento se vino en mis piernas. Mis gemidos eran incontrolables e inconscientemente ya estaba suplicando que me penetrara con su verga. Entonces el abrió mis piernas al máximo e introdujo su miembro. Sólo sentí un poco de dolor cuando se me desgarró el himen pero enseguida lo único que sentía era más y más placer, el también gemia y me lo metía y me lo sacaba; primero con suavidad pero después con más fuerza.
Ese día me penetró la vagina en varias posiciones y en varias de ellas se me vino por dentro. Incluso el se acostó en el piso y yo me monté para que su verga conociera mi vagina por completo. No me arrepiento de nada de lo que pasó, para mí fue la mejor primera vez que pude haber tenido. Después de eso, siempre planeamos encuentros a escondidas para seguir gozando.
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