Como cada mañana me levanto, me baño y me preparo para ir a trabajar diario, como habitante de la Ciudad de México hay que correr y aventarse para poder alcanzar lugar en el camión, el pesero, el metro y en general en cualquier medio de transporte.
Pero no todo está perdido muchas veces cuando me toca ir de pie y tengo vista hacia fuera alcanzo a ver lo que varias mujeres me permiten con sus escotes sensuales y su pelo todavía húmedo imaginando su olor a shampoo de hierbas.
Me veo oliendo su sedoso cabello y besando su cuello y orejas, bajando poco a poco hasta encontrarme con sus hermosos y bien formados pechos que se asoman a través del escote de la camisa o se transparentan a través de su blusa.
Me imagino prendido de ellos como recién nacido hasta que se ponen duros y su respiración se empieza a entrecortar mientras responde pasando sus manos alrededor de mi cuello y dándonos un beso mientras con las manos recorro sus piernas y poco a poco voy subiendo pasando por su corta falda y llegar hasta su diminuta tanga la cual aparto delicadamente para poder dejar que mis dedos se muevan solos.
Le quito la tanga y doy paso a mi lengua para que continué y termine el trabajo antes de llegar a la penetración donde debido a mi trabajo previo no solo se facilita sino que ambos lo disfrutamos y terminamos juntos, rápidamente nos arreglamos y continuamos nuestro viaje, yo a mi trabajo y ella al suyo.
Me la imagino en su trabajo y empiezo a idealizar un nuevo encuentro, me pregunto en que puede trabajar cada mujer que veo tratando de adivinar su profesión las veo: secretaria, administradora, abogada, vendedora, edecán, maestra etc, cada una inspira una fantasía diferente.
El tráfico vuelve a detener al camión, como siempre volteo y veo una de las tantas escuelas que existen donde se enseña secretariado y computación, y no hace falta decir que nuevamente la mente empieza a trabajar viendo a las alumnas con sus diminutos uniformes desearía tener un negocio y contratar a una de ellas. Aunque no supiera nada, ya me encargaría de enseñarle, unas de pie y otras sentadas ocasionando que su corta faldita se eleve más, situación que lo saben ellas perfectamente y lo aprovechan sino de que otra manera se explica que las usen tan cortas.
El camión se pone de nuevo en marcha hasta que llego a mi destino ha sido un viaje tortuoso y mañana será igual, pero gracias a las hermosas y sensuales mujeres el viaje se hace menos pesado gracias a todas y cada una de ellas.
Me gustaría platicar con cada una y llevar a cabo las fantasías, desgraciadamente en una Ciudad tan grande como esta, cada día resulta más difícil.
|