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Gracias al calefón de Lucía   (Hetero General)
 
AUTOR: Carlos
 

Era sábado  y regresaba a casa en el barrio de Mataderos. Mi nombre es Carlos y, entonces, aun era estudiante de ingeniería en la UBA y volvia de una clase teórica de Termodinámica, sin sospechar que, de ahí a poco, me las vería con los efectos que estudia esa materia: los  mecánicos debidos al calor (“serruchar” por haber acopiado calor) y los inversos, los caloríficos debidos al trabajo mecánico (acalorarse por estar “serruchando”).

En la casa contigua a la nuestra se alojaba un  ejecutivo de la empresa Pirelli y su esposa Lucía. El hombre casi doblaba, en edad, a la mujer que contaba unos 24 -25 años y era realmente atrayente, de hermosas facciones y un físico simplemente impecable. Amiga de mi  hermana Olga, nos visitaba asiduamente, especialmente cuando el marido viajaba y ella quedaba sola.

Conmigo sólo había algunos cambios de palabras, a lo sumo alguna alusión intencionada, a veces “picante”  en momentos compartidos en casa o a solas en encuentros casuales en el barrio. Nada más, pero toda vez que me encontraba con ella mi equilibrio emocional quedaba deshecho: generalmente me recomponía con una, posterior, masturbación “terapéutica”. No me animaba a intentar suerte me parecía que estaba bien “atendida”.

Aquel sábado, a la hora de la siesta, Lucía estaba en la puerta de su casa:

            “¡¡Hola!!..Lucía. ¿Que sucede que estas en la puerta? Es tedioso estar sola, ¿no es cierto?”

Yo sabía que el marido había viajado a Venezuela.        

            “Si,..no....es que el calefón no calienta el agua, no enciende, y no se a quien llamar hoy a esta hora. Iba para Lugano para ver si encontraba algun nogocio de servicio abierto. ¿Vos no te animás a intentar repararlo?”

“Me animo.....y....si lo arreglo, ¿te bañaras conmigo?” le respondí y pregunté en broma.

             “¡¡Puede ser!!...café....o cerveza helada.....o....gaseosa...porque vino no tomas”  rebatió con los ojos fijos en los míos, como sugiriendo posibilidad.

No había certeza, pero....me ilusioné que podía suceder. Entré en la casa, tiré en la primera silla el saco y demás cosas que llevaba en las manos y me aboqué a evaluar el daño que presentaba el calefón.

La reparación insumió breve tiempo, con el estímulo recibido el órgano del pensamiento y la coordinación tuvo un optimo desempeño. ¡Bue! Lo cierto es que la falla era simple y no requería cambio de piezas.

            “Lucia, el calefón ya funciona.....ahora el baño, ¿Si?...Vamos a probarlo? ”

Rió, por mi sugerencia, con una expresión de querer aceptarla,  pero no.

            “¡Ah!...muchas gracias....yo sabía que vos podías...sos un genio....ahora...ahora...cerveza...¿Si?” y se encaminó, a la cocina meneando la cola con mucho oficio.

Se detuvo frente a la heladera y dió una mirada sobre el hombro, como para calibrar el efecto de su acción, pero ya me tenía a corta distancia, practicamente encima, atraido por su menearse de seductora consumada. Giró el cuerpo y leyó en mis ojos la intención y yo leí en los suyos que era una buena idea.

Olvidó la heladera.

            “¡¡No!!..que estoy transpirada....”  murmuró, opuso una resistencia simbólica al abrazo y al  primer beso.

Acepto los siguientes con fruición y no puso reparo a que su pollera subiera. La senté en el borde de la mesada. Suspiró variados “noo”...con las primeras caricias íntimas. Los dos sabíamos lo que ocurriría y queríamos que sucediese.

Separó las piernas.

Con mi mano en la concha, aún con el calzón interponiendose, le susurré al oido:

“Esta es la cuevita que necesita mi anguila, que anda alterada”

“...es de Giovanni...¿sabes?..”

“...nadie lo discute...pero el está en el caribe....y yo acá....loco por cogerte...y vos con ganas de...”

“..¡¡Carloooos!!..no seas guarangooo...”

“..bueno....perdón...de intimar contigo...”

“..no debemos   y vos lo sabes....Carlos...somos amigos..”

“Si,...y lo seguiremo siendo.....pero ¿quien apaga este incendio....eh?..”

presioné con énfasis mi mano sobre su cachucha, que ya mojaba la bombacha, y agregué:

“...yo...y no me digas que no....es un volcán tu entrepiernas...ni hablar del mío... un rato más y se descose el pantalón. ....y  estamos solos...ni pienses que voy a irme sin antes cogerte..”

Lucia flexionó y abrió aun más las pierna ofreciendo el sexo, ya desbordada por la demanda de la  carne.

Desabotoné su blusa, desplazé el corpiño y acaricié y besé sus hermosas tetas. Tenía los pezones templados por la excitación:

            “...vamos, nena, al dormitorio..¡dale!...no aguanto más...”

titubeó sólo un instante en aceptar el convite:   

            “...bueno..pero antes dejame que me de una ducha...estoy toda sudada...estoy hecha un espanto..con olor a transpiración ”

            “...bueno...pero te desvisto yo...¿Si?..”

            “...no sea atrevido....vos esperame....”

Pero entramos juntos al baño y le saqué una a una sus prendas.

Desnuda era suntuosa. Sentí el impulso de ponersela ahí, sin dilaciones.

Me contuvo, entró en la ducha y corrió la cortina transparente. Tardé tres segundos y dos quintos en desvestirme y meterme con ella bajo el chorro de agua tibia. Difícil que existan tetas, almeja y culo de mujer mejor enjabonados y enjuagados que los de Lucía.

No me puedo quejar de la higiene que ella le dispensó a mi miembro.

Apenas nos secamos, urgidos por el deseo, nos precipitamos a la cama. Al segundo, a lo sumo al tercer  beso, ya la había penetrado. La cogí como un poseido y ella me secundó apasionadamente suspirando, gimiendo, aprobando con ¡¡siiiii!!....¡asiiiiii!......¡que..buenoo..! Le saqué la verga y  apoyé la punta a la entrada de la cueva (me gusta hacer eso cuando la mina, de turno, está a mil) se contorsionó protestando y suplicando...”...no seas maaalooo...” ”..por favor damee...”...”..cogeme,...por Díooosss..” Ya próximos al climax, le puse un dedo en el culo mientras seguía bombeando....le encantó. Acabamos en éxtasis,  convulsionados por el deleite.

Con mis 22 años, quedé a la miseria, destruido, pero, dentro de mi, eufórico porque por fin había cogido la mina que tanto había deseado....que digo, que deseaba ahora más que nunca.

Descansamos una media hora y volvimos a la ducha, para mitigar el calor. Como no podía ser de otra manera, la exitación no demoró en derrotar el cansancio y, de regreso en la cama, nos comimos con más ganas que la primera vez.

La tarde y los dos polvos estuvieron demasiado buenos como para no reincidir. Se acabaron las pajas pensando en ella. Reincidimos por un par de años. Luego el marido fué trasladado a otro pais, y Lucía lo siguió.

Que pena. La extrañé.


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