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Mi gusto personal   (Transexuales)
 
AUTOR: Calibán
 

Nunca se me dio por los tipos, la verdad, nunca me calenté mirando a un hombre. Nada que sea masculino, bigotes, músculos, no sé... los hombre no me excitan para nada. Pero, siempre hay un pero, un día descubrí cuanto me calentaban las pollas. Y más si lo que había alrededor era un cuerpo femenino. Así fue que me excitaba muchísimo viendo hermosas mujeres con pollas. Maravillas de la cirugía que lograban eliminar todo vestigio masculino. Preciosuras de rostro increíble, tetas de ensueño, caderas perfectas y una piel...
No es fácil encontrar transexuales de ese nivel, pero los hay.
Andrea, tal como se hacía llamar quien años atrás era Pablo, mide 1.76mt, una cintura de 62cm, caderas de 90cm y unas tetas de 95cm, que con una espaldita más bien chica parecen más grandes. Lo mejor son sus pezones, rosados, sin desagradables cicatrices, de grandes aureolas. Pechos suaves, chupables.
La primera vez que la vi logró confundirme. No podía creer que no era mujer. Al mismo tiempo me convencí de que era la mejor opción para darme el gusto. En el departamento de un amigo concretamos la cita. Vestía minifalda negra, con detalles plateados, zapatos de taco con punta cerrada y una remerita blanca que dejaba uno de sus hombros al descubierto. Su cabello castaño claro, lacio, apenas tocaba sus hombros, y un flequillo casi espumoso acariciaba sus pestañas.
El juego previo fue de besos profundos, nada difería de otros besos con mujeres, ella me acariciaba el cuello, la espalda, me desvestía tomando la iniciativa. En pocos minutos estaba yo desnudo y ella apenas con una teta afuera. Mi polla estaba a más no poder, hinchada, húmeda, grande como pocas veces. No dudo que llegara a los 19cm, pero más me impresionaba el grosor, nada acostumbrado. La miró y con una de sus manos comenzó a pajearla. Ya estaba muy a punto y hasta creo que algo chorreaba, cuando se arrodillo y la metió en su boca. Era un guante de terciopelo, los labios apretados sobre el pene y por dentro su lengua ofreciéndose de alfombra para la base de mi glande... Recuerdo que no podía contenerme más y la arrojé sobre el sofá, arrancándole la minifalda (literalmente) su tanguita apenas podía contener la erección de su polla, pero omití descubrirla, dándola vuelta y poniendo su culito hacia arriba, comencé a lamer sus nalgas, corrí la tanga y lamí su ano, dulce, abriéndose a mi lengua, lo follé con ella. Fue cuando entonces uno de sus huevos toco mi lengua. Enloquecí, la giré, y su polla, inmensa, tanto como la mía, ligeramente curvada hacia un lado, se me ofrecía y decidí comerla de un bocado, la tragué hasta la garganta, tomé aire con la nariz sin querer dejar un instante semejante placer. Sentí su mano en mi nuca, como queriendo que me meta hasta los huevos, así y todo logré sacar mi lengua por debajo y con la polla dentro pude acariciar sus pelotas con ella. De pronto sentí como empezaba a latir, sus gemidos me anunciaban lo bueno por venir, tomé más aire, comencé a chupar, adentro y afuera, la mandé toda hacia adentro y un borbotón de espesa leche, dulzona y ácida a la vez impactó directamente contra mi campanilla, siguiendo por mi garganta, el siguiente chorro decidí saborearlo y lo recibí en mi boca... ¡Qué placer tan incomparable! Mientras continuaba saboreando y restregando esa polla por mi cara, ella se metió mi polla en su culo y se lo enlechó por dentro. Ahora somos pareja, ella dejó de ser también de otros y es solo mía. Toda mía. Completamente mía.


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