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Karina, auténtica carne uruguaya(3parte)   (Sexo Interracial)
 
AUTOR: Juan
 

Hola lectoras y lectores de los relatos eróticos. Me llamo Juan, tengo 29 años, y vivo en Montevideo, Uruguay. Les quiero contar la tercera y última parte de lo que me sucedió con Karina, la doméstica que hacía las tareas de la casa.

Karina es de raza negra, tiene 16 años y mide aproximadamente un metro cincuenta y cinco centímetros de altura. Su boca es grande y coronada por unos labios gruesos y carnosos, pelo negro y lacio, pechos pequeños, una cintura de avispa y un culo monumental. Les recuerdo que por motivos laborales, mi esposa debió ausentarse de casa por un fin de semana completo el cual aproveché para dar rienda suelta a mis bajos instintos y follarme a la morocha.

El lunes tal cual lo previsto, mi esposa Andrea volvió a casa luego de haber trabajado todo el fin de semana. Yo pensé que todo volvería a la normalidad. No fue así. Mi empleada no podía ocultar sus sentimientos de adolescente recién cogida. Me perseguía por toda la casa para intentar meterme mano, me miraba con ojos lujuriosos y me seguía diciendo que estaba enamorada. Por suerte era discreta y lo hacía cuando mi esposa no miraba o no estaba.

Lo peor se confirmó. Al mes Karina nos dijo que estaba embarazaba. Comentó que el padre era su novio, el cuál como recordaran del primer relato, estaba en el interior del país desde hacía varios meses. Pensé que Andrea iba a despedir a la negrita, pero no fue así. Le provocó ternura y le prometió que junto conmigo, nos íbamos a encargar de todo. La sangre se me convirtió en hielo...

Pasaron cuatro meses. A la negra ya se le notaba la pancita. Un día de esos en que mi esposa iba a llegar tarde, Karina me llamó desde su habitación.

- Juan!! Papi!!! Puedes venir un momentito que tengo un antojo. Dale, no seas malito.

Entre a su habitación y le pregunte que precisaba, fastidiado por toda la situación que me tenía muy nervioso. No era para menos

-Quiero tomar leche. Tengo hambre.

-Bueno, ya te traigo un vaso de leche de la cocina. Espera que ya vuelvo le dije.

-No tontito, mira que sos bobo. Quiero leche tuya. Estoy necesitada de tu polla. Hace mucho tiempo que no me das bola. Además no la quiero en vaso, la quiero tomar del envase.

Al decir esto, la joven se desprendió uno a uno los botones de su uniforme en forma sensual. Lentamente se saco el corpiño y la bombacha mientras me miraba y se mordía el labio inferior. Su mirada era de deseo. Yo no podía dejar de mirar su peluda entrepierna. Sus oscuros vellos caían como flechas sobre su pubis. Se percató de que yo estaba extasiado con su concha y me dijo:

-Yo sé lo que quieres. ¿Me quieres chupar la concha verdad? Seguro que la gorda de Andrea no se la deja chupar. Dale papi, me quiero sacar las ganas. A las embarazadas no se les niega un antojo. O quieres que tu hijo sea conflictuado?

Mientras me decía esto, su dedo índice entraba fácilmente en su gruta. No me pude aguantar y me abalancé sobre la pendeja. Nos tiramos en su cama en posición de 69. Ella abajo y yo arriba. Que les voy a decir. Con mi esposa nunca lo había hecho ya que ella es muy rígida en los temas sexuales. Mi lengua entraba y salida de su caliente concha mientras con un dedo le penetraba su enorme orto. Que culo divino que tiene. Ella no paraba de chuparme la polla. Mi glande entraba y salía de sus gruesos labios como un chupetín. Nadie hablaba. Sólo se escuchaban los chupeteos y los jadeos.

A los pocos minutos mi miembro dijo basta y escupió la leche en la boca de mi amada. Que placer sentir como la lengua de ella luchaba por conseguir la mayor cantidad posible de semen...O estaba muy caliente o realmente se había enamorado de mí. Se dio vuelta y mientras limpiaba su barbilla aprecié su esbelto cuerpo. Sus pechos estaban creciendo al igual que su panza. Estaba preciosa. Me llevé uno de los pezones a la boca y lo lamí.

-Gracias amor, estaba sedienta. Necesitaba tomar tu leche. Espero que mañana me des otro vasito...Yo tengo mucho que darte a vos todavía....

La besé dulcemente y me fui de su habitación. Al día siguiente se repitió la historia y así seguimos por un par de meses. Todos los días la negrita se tomaba una dosis considerable de espeso semen de su patrón. Ella me comenzó a insistir con que quería que se la metiera. Yo me negaba. En vez de tener antojos de comida como la mayoría de las embarazadas, ella tenía antojos de sexo. Muchas fueron las veces que la encontré tirada en la cama panza arriba, metiendo una gran zanahoria en sus agujeros.

Finalmente, comprendí que realmente la guacha estaba necesitada. Me dirigí a la cocina, lugar de nuestro primer encuentro sexual, me desnudé y comencé a masturbarme pensando en Karina... lo buena que estaba y lo dulce que era conmigo. Me estaba enamorando de la guacha. Cuando se me puso dura la llamé:

- Karina, ven a la cocina que tengo un regalito para vos.

La cara de la negra cuando entró era un poema. Se sonrió, mostrando sus blancos dientes y caminó lentamente a mi encuentro. La panza se le movía para todos lados. Ella se intentó agachar para tomar su dosis diaria de leche cuando le dije:

-No. El que se va a agachar hoy soy yo. Date vuelta mi amor que te voy a meter la lengua bien adentro del orto.

Ella cerró sus ojos , dio media vuelta, inclinándose un poco y se apoyó sobre la mesada de la cocina con ambas manos. El vientre le colgaba...Le saqué de un tirón la bombacha provocando un largo suspiro de la morocha. Le separé delicadamente las nalgas y noté que ya estaba mojada. Su vulva era un río y yo todavía no la había tocado. ¿No es eso amor?

-Dale papi, dale. Méteme la lengua bien adentro y después méteme la polla hasta el fondo. Tu hijo y yo te necesitamos. Dale, dale duro amor. Chúpame todita, te lo pido por favor.

Sin más comencé a pasar mi lengua por la raya del culo y por la entrada de la vagina. Era un ir y venir. La negra comenzó a jadear y gritar. Yo disfrutaba su sabor y su olor.

-Siiiiiiii papi siiiiiiiiii. Más, más, más. No pares que esta rico. Ay, ay, ay, ay.

Yo no tenía intención de parar. Mi lengua ya había penetrado su culo y se movía rítmicamente. Sentí un gustito raro. Era sabor a mierda. No me importó y seguí dándole. Cuando me agoté de estar en esa posición me levante. Me ensalivé la mano y pasé ésta por mi polla, masturbándome suavemente. Cuando estuvo pronta, tomé a la pibita por la cintura, apoyé la cabeza de miembro sobre su ojete y empujé. Que sensación. La polla pareció tomar vida propia. El movimiento era suave pero frenético. Karina estaba en el cielo y gritaba como nunca...

-Así, así, así. Dame más fuerte por favor, dame más, más. Ahhhhh, ahhhhhh. Ahhhhhh. Fóllame así que me encanta. Ahhhhh, ahhhhhhh.

Eyaculé como nunca en la vida. Litros de semen salieron de mí penetrando el monumental chochete de la adolescente. Su culo parecía más grande que el Estadio Centenario. Los dos sudábamos como bestias. En eso miro para el costado y veo a mi esposa presenciando la escena con una expresión atónita. Su amado esposo estaba enculándose a la doméstica, la cual tenía un embarazo casi a término. ¿Que habrá pensado? Karina también la vio y dijo con voz sarcástica.

-Vés lo que te estás perdiendo. Si hubieras aprovechado bien esta polla, tendrías ahora un hijo en la panza y una polla en medio del culo...

Acto seguido, Karina se sacó con su mano la polla del orto, giró y me besó en los labios. Yo le devolví el beso y acaricié su vientre. Mi esposa no dijo nada.

Hoy día estoy divorciado y vivo con Karina en un barrio alejado de la ciudad. Perdí mi casa, mi auto y casi todo mi dinero. Gané un hijo y una hembra espectacular a la que penetro por todos sus agujeros, todos los días...


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