La señora Carmen ,mi severisima madrastra, me toma de una oreja y me conduce, regañandome como a un niño, hacia el living, donde Patricia y Carla, mis bellas y sensuales vecinas, esperan escuchar mis disculpas por haber puesto la musica a todo volumen y haberles faltado el respeto cuando me llamaron al orden.
Mi tutora es una ex docente, ahora directora de escuela; de ahi su preocupacion por mi educacion y buenos modales. Así lo atestiguan la autoridad con que me trata... y la temible regla de madera – elemento muy eficaz para la disciplina – que lleva en su otra mano con el objeto de darme una estupenda y vergonzante paliza... ¡Delante de esas jovenes y hermosas mujeres!.
¡Te voy a dar una azotaina que no vas a olvidar, niño malo! – me dice Carmen, con firmeza – A Carla y a Patricia les va a causar mucha gracia ver tus nalgas bien coloradas.
¡No, madre, por favor! ¡Eso no ...! – suplico en vano y gozo al hacerlo.
Con veinticinco años, no soy ningun niño. Pero a Carmen le fascina tratarme de ese modo no menos que a mi. Solo tengo puesto un diminuto boxer blanco, bien apretado, sensual, que revela mi bulto en creciente calentura. Una vez delante de las vecinas, mi vergüenza es tal que no me atrevo a mirarlas a los ojos. Asi que bajo la vista ,y me regodeo al ver las bellas piernas de ambas mujeres, y sus pies elegantemente calzados con unos tacos bien altos.
Señoritas – dice Carmen dirigiendose a Patricia y a Carla, con un tono de voz muy seguro y energico que me enloquece – Siento vergüenza ajena ante la pesima conducta de este muchachito y su falta de respeto hacia unas verdaderas damas como ustedes. Por eso, si no se ofenden, considero mucho mas aleccionador y provechoso castigar a este insolente a la vista de ustedes, que hacerlo en privado.
Las vecinas no logran salir de su asombro frente a la severidad de mi madrastra.
Nos parece justo – responde al fin Patricia, con determinacion – Asi no le van a quedar a este chico ganas de hacerse el malo con nosotras.
Ni con ustedes ...ni con nadie – agrega Carmen, con gesto perverso.
Despues de lo cual, mi tutora me pone de espaldas a las mujeres, me hace reclinar sobre el sillon ¡ y me baja el boxer, dejandome con el trasero desnudo! ¡ Que vergüenza ¡
Ahi lo tienen , señoritas. ¡Con la cola bien al aire ¡ - exclama Carmen, con sarcasmo, mientras me surte el primer reglazo en el culo, fuerte y sonoro.
Los azotes se suceden con tanta rapidez que pierdo la cuenta. Tengo el miembro bien parado; quiero masturbarme. La regla cae furiosa sobre mis gluteos desnudos, haciendome brincar con cada chirlo.
¡ Ayyy, Ayyy ¡ ¡ Me duele ! ¡ No voy a hacerlo mas ! ¡ Ouch, Ayyy! .
Me calienta enormemente pensar que la mujeres con las que ayer me hice el bravo, ahora me estan viendo suplicar y lloriquear como un pequeñuelo rebelde a quien su mami le baja los humos. Es una sensacion de exquisita humillacion.
Con que te haces el bravucon con tus vecinas, ¿verdad ? . ¡ Toma esto, niño malo !.
Estoy a punto de tener un orgasmo feroz. Mi culo no aguanta mas el ardor. Carmen se da cuenta de ello. No puede dejar de notar – como podria – mi irreverente bulto. Me toma entonces de un brazo y, poniendome de frente a las vecinas, me baja completamente el boxer, obligandome asi a exhibir mis veinte centimetros de sexo bien hinchado.
Me animo a levantar la vista por unos instantes, y veo como las dos circunspectas pero sensuales mujeres
Contemplan atentamente, y casi sonriendo, mi pene caliente. Intento ocultarlo con mis manos.
¡ Las manos en la nuca! – me ordena Carmen, dandome una estupenda cachetada – No te he dado permiso para que te cubrieras.
Obedezco. Carmen se escandaliza de mi ereccion.
Esto es una nueva falta de respeto hacia tus vecinas y hacia tu madrastra – afirma Carmen, tocandome el miembro con la regla - ¿ Que les parece a ustedes, señoritas?.
Yo no se si las palizas en la cola lo aleccionan o no – responde Patricia, no sin un perceptible regodeo - De lo que si estoy segura es de que a este "niño", los chirlos lo excitan terriblemente.Ya lo ve usted: ¡ todavia se atreve a tener una ereccion en presencia de nosotras !.
Carmen me ordena pedir perdon a cada una de ellas, de rodillas, y besarles los pies. Orden que me apresuro a cumplir a pie juntillas. Luego me hace ir a buscar una diminuta tanga colaless, negra, de esas que tienen en su
parte de atras una tira muy finita. Cuando me presento de nuevo en el living luciendo dicha prenda, las vecinas no pueden contener la risa. Se disculpan con Carmen.
No se preocupen, niñas – les responde – El que ustedes se rian es tambien parte del escarmiento de este muchachito rebelde.
Seguidamente, mi madrastra me lleva de una oreja y me pone en un rincon, mirando contra la pared, con las manos cruzadas por detras y exhibiendo mi dolorido y enrojecido trasero.
Asi vas a pasar todo el dia, hasta la noche – me dice Carmen, con aire triunfal - ¡En penitencia ! Vas a aprender a comportarte como se debe.
Las vecinas se despiden de mi, señalandome lo bien que me queda la tanguita. Se que ya no podre mirarlas a los ojos nunca mas.
Carmen me tiene todo el dia en penitencia, en su estudio, bajo su atenta mirada. Sabe de las ganas atroces que tengo de masturbarme, y hasta me acompaña al baño para evitar que lo haga.
Finalmente, me obliga a pasar toda la noche, desnudito, en el baño de servicio.
Un brutal orgasmo, y luego otro, coronan una jornada de indecible gozo: el del niño que llevo dentro.
|