Empecé probándome las medias de nylon de mi mamá que me gustaban muchísimo, luego su ropa interior, luego todo hasta maquillaje completo… y a mi parecer me veía bien, realmente bien… como describirlo mmm, 1.65m estatura, piel blanca, suave al tacto, piernas largas con un trasero formado pues no me había desarrollado mucho como hombre, lampiño, de contextura delgada, con nada de panza, y facciones estilizadas, cabello castaño y no muy grande.
Solo me gustaba verme así cuando estaba sola, pues no me interesaba en lo más mínimo lo que otro pensara de mi aspecto, pero algún día tenía que despertar el deseo, la lujuria y sucedió así…
Un día como muchos, me mandaron a comprar, ni me acuerdo que, y como quería jugar, me fui vestido con mi pantaloncillo corto de fútbol y un polo blanco, nada inusual, listo para después ir a la loza deportiva. No me había dado cuenta que mi pantaloncillo ya me quedaba corto, para colmo rojo, y el polo como era desgastado del uso, se traslucía el interior y tapaba con las justas el borde del short; no sé cómo me doy cuenta que un morboso miraba mis piernas con deseo y seguía el recorrido de ellas hasta mi trasero que era tapado (felizmente) con mi ropa, pero que no daba mucho para la imaginación.
Ese momento marcó mi vida, que sensación estimulante y hermosamente excitante es saber que uno se siente deseado, que despiertas sus más bajas pasiones a otras personas… Pasé de nuevo por el mismo lugar y de nuevo sucedió lo mismo, solo que esta vez miré su rostro y éste se avergonzó. De ahí en adelante ese suceso quedó marcado para toda la vida y tuve que reprimir mi deseo de probar más hasta que llegué a la universidad.
En la universidad (open Mind) debido a que tenia que hacer muchos trabajos y exposiciones, empecé a usar bastante el Internet, después el vicio del Chat y fue por este medio que conocí esta página y algunas otras. En el Chat también conocí a un desconocido, al cual sugerí tener algo al paso, solo por probar, le comenté que nunca tuve ningún tipo de contacto con nadie, sea hombre o mujer, y me excitaba mucho no saber quien era la otra persona que estaba detrás de la web.
Se describió como alto 1.85m, grueso, bastante velludo, ciclista de afición, tez clara, ojos claros, cabello ondeado y de un dote singular… esto último me dejó intrigado, con ganas de saber como es, a qué sabe, como huele, que se siente tenerlo entre las manos, boca, pecho, espalda, trasero… uhmm, ya estaba sudando solo de imaginar qué podía pasar… Me dijo su nombre: Gonzalo. Nos citamos en su casa, que estaba a media hora de camino.
El trayecto a su casa me pareció eterno, con mucho tiempo rara cambiar de opinión, si estaba haciendo mal, si me mentía o hacía daño, o si era una trampa, ¡Chispas! Estaba excitado, con mariposas en el estómago, con adrenalina en mi cuerpo, con una erección que me daba vergüenza, ya que estaba en servicio público, y al fin llegué.
Llegué y no había nadie… pucha, que desilusión, toqué de nuevo la puerta y nada. Intenté el timbre y otra vez lo mismo, me di por vencido y cuando estaba por retirarme, llegó un joven con su descripción y su bicicleta, era Gonzalo, me daba verguenza hasta de presentarme e incluso pensé escaparme de la situación, hasta que él me saludó, se presentó y se disculpó por la demora y me invitó a pasar.
Una vez adentro, me contó que vivía con su abuelo, y que él no atendía a la puerta a menos que él le dijera que esperase a alguien… ¿qué? Iba a ser mi primera vez y de repente una persona mayor se ganaba con todo el asunto… otra vez sentimientos encontrados, más lujuria, excitación, todo era raro, nuevo, muy rápido y no los conocía del todo…
Gonzalo vio mi cara, se sonrió, me agarró con su mano tosca, gruesa y me acerco hacia él y buscó darme un beso. Estaba tan nervioso que voltee la cara, me raspé con su barba de dos días, olí su aroma natural por el desgaste del día, respiré profundo, cerré los ojos y esta vez fui yo que busqué sus labios… él ya tenia sus labios humedecidos con su saliva y probé de ellos.
Un sabor fuerte pero agradable, sentí su lengua y le abrí paso para que entrara en mi boca, ahora era una sensación diferente. Él movía sus músculos de la cara, sus labios y su lengua y yo los disfrutaba. Sentí sus brazos rodeándome, presionándome contra su pecho, yo lo tocaba, lo palpaba, como queriendo descubrir que hay debajo de su ropa. Él entendió y se sacó su polo húmedo por el sudor, y yo me quité el mío de calor o inconscientemente, entregándome a mi hombre. Guauu, qué velludo era, grueso como su descripción pero no como me lo había imaginado, la sensación que sus vellos provocaban al rozar mi piel que encantaba, me hacia delirar.
Bajé mis manos a tocar sus piernas, Él bajó las suyas para agarrar mi trasero, esta vez no separamos los labios al sacarnos el pantalón y la ropa interior. Lo botamos hacia un lado como pudimos, como quien se desviste sin usar la manos y pateando lo que queda en los pies para un costado. Poco a poco me fui pegando a él queriendo sentirlo y disfrutar mientras lo hacia, quería tocar lo que había entre sus piernas, pero agarré su trasero, la parte baja del trasero y lo pegué hacia mi. Sentí húmedo más arriba de mi ombligo, llegando a mi boca del estomago, él estaba más excitado que yo, y era su liquido pre seminal, y su pene que intentaba acomodarse en mi cuerpo, grueso como el brazo de un pequeño, caliente más que ambos cuerpos juntos, como un pan con hot dog recién despachado.
Sus manos cogieron mi cintura e intentaron levantarme, yo entendí y facilité la tarea brincando y abriéndome de piernas para quedar como un padre carga a su hijo, con mis piernas abrazadas a su cintura y todo mi trasero a la altura de su pene. Él sostenía con sus manos ambas nalgas, la jalaba hacia fuera tratando de acomodarme, yo no podía más, solo acostaba mi cabeza en su hombro y sobaba su espalda que también tenía vellos.
Él intentaba penetrarme, pero como… nunca había estado con alguien, era mi primera vez, mi ano estaba cerradísimo, pero igual lo dejaba hacer... él se dio cuenta que todo lo que le dije era verdad y se excitó mucho más. Me dijo, mi amor voy a ser el primero, lo que recordarás el resto de tu vida, así que te trataré que también sea el mejor. Me bajó, él se tendió boca arriba, yo lo contemplé, me arrodille, pasé mis manos por su pecho y recién agarré su miembro.
Él tampoco me había mentido, era el primero que veía que no fuera el mío y me hizo sentir como un niño, que todavía no había desarrollado, mis dos manos lo rodeaban y aún así salía el glande, él solo miraba como experimentaba, y como un instinto me lo llevé a la boca, pasé mi lengua por el glande, saboreé, retiré su liquido pre seminal, volví a saborear, y ahora intenté comérmelo, pero mi boca no se cabía, entraba el glande y la mitad de todas su extensión, no se si por primerizo o porque no sabia como chuparlo, que me daban arcadas cuando intentaba abarcar más terreno.
Él hizo que gire teniendo eje mi boca en su pene, hizo que pasara una pierna sobre su cabeza y la otra al otro lado de la cabeza, y me empezó a chupar, comer, con su boca sabía como entrar en todo mi pene, su barba me raspaba y excitaba más y aprendí como succionaba y empecé a hacer lo mismo, el gimió en señal de aprobación que lo estaba haciendo bien, el lamió mis testículos, ¡que rico!, subió por la línea que lleva hasta el ano, y ahí se detuvo, ohhh, que sensación más sublime.
Con ambas manos abrió mis nalgas, e introdujo su lengua en las orillas de mi ano, comenzó a mover su lengua en círculos, yo tenía miedo que algo saliera de mi ano. Yo succioné más su pene, ¡que rico que era!, grande, grueso, de sabor fuerte y olor a sudor, estaba entretenido, soñando, gozando y de pronto siento como mete su dedo en mi ano, era solo uno, pero como tenia dedos gruesos me hizo doler, otra vez metió su lengua, y pasó el dolor por arte de magia, ahora era placer sentir su lengua jugar más adentro de lo que estaba antes, nunca pensé que ahí hubiera tenido tanto placer.
Yo intentaba darle lo mismos placeres en su pene, que cada vez entraba más dentro de mi boca y no me ahogaba, de pronto él metió otro dedo dentro de mi ano, esta vez me dolió menos, y el placer era mayor, y sus dos dedos eran más gruesos que mi pene, no podía creer que tan pronto mi ano ya soportara algo más grueso que mi pene. Siguió metiendo su lengua dentro de mi ano, ya entraba toda, su barba raspaba la entrada del mismo, metía uno y dos dedos con facilidad, yo estaba como loco, comenzó a hacer círculos con sus dedos dentro de mi ano y este cedía e incrementaba el placer.
Por mi parte ya casi tragaba todo su pene, al menos ya sentía los vellos púbicos y me podía quedarme más tiempo sin respirar, entraba y salía de su pene mojándolo todo, con mi lengua rodeaba toda la parte superior del tronco y otra vez me iba al fondo, intentado llegar más lejos. Me dijo que me detenga… ¿lo había hecho mal?... en realidad fue todo lo contrario y no quería eyacular todavía, me dijo que era su mejor mamada y yo esta feliz de dar placer. Me dijo, ya estás listo.
Se paró y yo quedé en la misma posición, apoyando mis dos rodillas y mis manos en el piso. Se colocó detrás de mi y con su pene agarrado con su mano, parecía un pene normal, no tan grande, pero si lo era, yo lo había comparado conmigo…busco mi entrada y coloco la cabeza del pene. Se agachó y con su cuerpo busco recostarse sobre el mío, su pecho sobre mi espalda y con su boca comenzó a lamerme la oreja y el cuello, estaba excitadísimo, gemía de placer y todavía no me había penetrado.
Yo impulsé mi trasero hacia atrás y este se dilataba aún más, parte de la cabeza ya estaba adentro.
Tomé aire, empujé más para atrás abriendo con una mano una de mis nalgas, con su mano abrió la otra nalga y empujó dentro de mí. Habrá entrado la cabeza y un poco más y yo me sentía lleno, con dolor a pesar de lo dilatado que ya estaba.
Me quedé quieto y pulsando, comencé a moverme lentamente, mientras él seguía besando mi cuello y halagándome en mí oreja, cosas como: que rica estás, lo tiene bien apretado pero hoy es mío, que caliente estás… Cuando escuchaba esto me calentaba más y empujaba más hacia atrás, comiéndome ese pedazo de carne que esperaba por mi, olvidándome del dolor y recibiendo más placer. Empecé a moverme con más fuerza hacia atrás, ya había perdido la razón, quería todo aunque me partiera en dos, me parecía infinito, que no iba a encontrar fondo, sentí que me dolía la parte de la barriga, como si la longitud de todo mi recto no pudiera albergar la dimensión de ese pene, pero ya había perdido la cordura, esta dispuesto a morir en el intento.
Un poco más decía él, y presioné con todo lo que me quedaba de fuerzas. Sentí un dolor intenso, como si me hubieran acomodado los intestinos, pero aún así no me despegué ni me fui para adelante. Él gritó, estaba rojo y sudando a gotas, su pecho ya había mojado mi espalda, el sudor de su cintura caía por mi trasero y piernas.
Comenzamos en vaivén, con fuerza, salvaje, todas las caricias anteriores habían quedado atrás, ya éramos animales en celo, bestias buscando satisfacción, a mi me temblaban las piernas y manos de soportar su peso, pero igual arremetía con todo hacia atrás, quería tocarme, pero si sacaba alguna de mis manos me iba al piso.
Él cambió su respiración… yo no podía respirar… de pronto comencé a temblar y él a acelerar sus movimientos, caóticos, arrítmicos, el fin estaba cerca tanto para él como para mí. El ya gritaba, sonidos guturales y yo apretaba mi ano sin fuerza de las contracciones que sentía al comenzar a eyacular…él se detuvo en seco y metió lo más profundo que pudo su miembro enterrándolo dentro de mi, me agarró de la cintura levantando su tórax y me apretó hacia él; también estaba eyaculando, su pene palpitaba con fuerza, yo ya no tenía fuerzas para palpitar.
Me levantó el tórax y me abrazó por la espalda, me besó, me dijo que era la mejor, más rica, más apretadita y que le había hecho sentir cosas que nadie había podido. Y ahora se separaba de mi, dejando un vacío tremendo dentro de mi… sentía que bajaba algo por las comisuras del ano y las gotas de sudor de toda su pubis…mis intestinos se acomodaron nuevamente y caía al piso, quería descansar… sentía un aire fresco en mi espalda, mis piernas e incluso mi ano que no había cerrado bien, seguía palpitando.
Él se echó a mi costado, me besó y me dijo que me vistiera. Su abuelo nos había estado viendo todo el rato, me miraba con una cara de morbo que daba miedo y al parecer era más grande que la de su nieto, con una sorpresa aún mayor y mucha más experiencia…
Yo me vestí e huí, y no quise regresar de nuevo… pero la carne pudo más…
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