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Infiel por primera vez   (Infidelidad)
 
AUTOR: Yiya
 

Mi nombre es María, vivo en una finca en el medio del campo junto a mi marido.

Tengo 45 años, soy rubia, de 1.70 m, 70 kg, estoy casada desde los 18 años con un hombre muy bueno, y trabajador; tuvimos dos hijos gemelos que viven en la ciudad con sus respectivas esposas, creo que fui feliz, por lo menos es lo que pensaba hasta que en mi vida fueron pasando ciertos acontecimientos que me dejan hoy con la duda.

Puedo decir que soy una bella mujer, a los 15 años fui coronada como la belleza máxima de la gran ciudad, también fui reina de carnaval, hasta que conocí a mi marido, y dejé todo para ir a vivir a la finca, me dediqué a mi casa, a la finca y a educar a los niños, mi marido es el único hombre que conocí, no estuve con otro hombre hasta…

Soy muy atractiva, tengo la típica belleza aria, (mis abuelos de ambas partes eran alemanes) alta, de piernas largas, muslos contundentes, unos senos apetecibles, y un trasero muy voluminoso, soy muy rubia y de ojos claros, mis gemelos lograron darle a mis caderas y trasero esa redondez que solo consigue la maternidad.

Vivo con mi marido que se ocupa de las tareas del campo y yo de la casa, un día vino con la noticia de que iba a tomar a un matrimonio y su hijo para que lo ayudaran con el trabajo del campo, así el podía trasladarse a distintas ciudades para poder controlar mejor la venta de los productos del campo, era demasiado trabajo todo, así que había decidido traer a un peón y a un ayudante.

Por el momento solo vendría el peón, un señor de 60 años que empezaría con las faenas y luego llegarían su esposa e hijo de 30 años.

La señora me ayudaría en los quehaceres de la casa, padre e hijo se dedicarían al campo, vivirán en un pequeño chalet, que está detrás de la casa principal.

Mi marido había decidido todo y ya había contratado al señor, que llegaría en un par de horas, a mi me dió mucha alegría saber eso, alguien que me ayudara en la casa, de esa manera tendría más tiempo libre para salir a dar paseos con mi yegüa Cindy, con Cindy salía a cabalgar todas las noches cuando mi marido se acostaba, en verano cabalgaba hasta el río que está a 7 kilómetros de mi casa, me refrescaba, nadaba un buen rato, mientras Cindy comía el pasto húmedo, mientras mi cabello se secaba fumaba un cigarrillo tendida en la hierba, todas las noches de verano lo hacía, mientras el tiempo lo permitía, las noches de lluvia sufría al no poder salir, en invierno también iba a cabalgar, pero lo hacía más temprano.

Cuando llegó el peón, mi marido me llamó y me lo presentó.

Era un señor con el cabello algo largo entrecano, bigotes frondosos y tupidos, muy alto y corpulento, sus ojos me desvistieron al verme, su mirada fue recorriendo poco a poco mi cuerpo, se detuvieron en mis senos unos segundos y poco a poco fue bajando hasta mis pies, volviendo a subir la mirada y quedarse detenido por segundos nuevamente en mis senos.

Sentí como un chispazo de electricidad en mi estómago, nunca un hombre que no fuera mi marido me hizo experimentar esa sensación increíble, mezcla de placer y vergüenza, no se explicarlo muy bien, pero sentí como hormigas en mi estómago.

-María, ven te presento a Don Carlos, es el señor del que te hablé.

-Un gusto, conocerlo, me llamo María.

-El placer es mío señora.

Y estrechó mi mano, el contacto con su piel me sacudió, no entendía lo que me pasaba.

Mi marido lo invitó a pasar a nuestra casa para que tomara algo fresco.

-Señor Carlos, varias veces en la semana yo faltaré un par de días.-decía mi marido-mi señora queda sola en la casa y es un alivio tener a una persona de confianza cerca.

-No se haga problemas, tengo siempre conmigo una escopeta, que hará espantar a cualquiera que se acerque a la finca.

-Hasta ahora nunca tuvimos problemas y espero no tenerlos.

-Lo mejor es estar prevenidos, nunca se sabe.

-María hasta que venga su esposa e hijo, le acercará la comida.

-Muchas gracias, dijo don Carlos, tocándose sus bigotes.

-Querida, ¿quieres enseñarle por favor su nueva casa?.

Sentí un placer inmenso poder quedarme a solas con este hombre que me inquietaba tanto.

Salimos camino a la casa de don Carlos, él caminaba a mi lado, y en mi estómago nuevamente las hormigas hacían estragos. Su mirada me inquietaba.

Al llegar al lugar, le dí las llaves para que abriera la puerta, cuando la puerta se abrió, prendí la luz, y fui mostrándole la casa, no podía sostener su mirada, los ojos de don Carlos eran de fuego y ese fuego me lo transmitía a mi. Luego me despedí y me retiré a ver a mi marido, no podía sacarme a don Carlos de mi mente, esa noche antes de salir a cabalgar mi marido me hizo el amor, pero para mí era don Carlos quién me poseía, era don Carlos quién me penetraba y me besaba, no pude por un segundo sacarme la cara de don Carlos de mi pensamiento.

Mientras cabalgaba hacia el arroyo pensaba qué me estaba pasando, ni yo me daba cuenta, esa noche nadé con mucha furia, iba y venía dando brazadas, luego tendí un lienzo, me acosté desnuda sobre él, y comencé a masturbarme, en mi fantasía nuevamente me poseía don Carlos y tuve un orgasmo sensacional, al volver a la casa, ví luz en la ventana de don Carlos, y su sombra mirándome a través de la cortina, iba montada en Cindy, mi vestido estaba levantado y dejaba gran parte de mis muslos al aire, me hice la distraída, quería que viera mis contundentes y torneadas piernas, duras y blancas, (por esas gloriosas piernas había ganado los concursos de belleza), rondé lentamente con Cindy y dí un par de vueltas, sabía por los movimientos que ví a través de la ventana que se estaba masturbando, y esa paja era dedicada a mí.

A la mañana siguiente, mi marido lo invitó a desayunar, nos sentamos en la galería, hay una mesita muy estrecha, al sentarme frente a don Carlos nuestras rodillas se rozaban, eso me excitaba, no hice ningún movimiento para apartar mi pierna, ese roce me daba mucho placer, ese hombre me estaba trastocando mi forma de ser, hubiera dado cualquier cosa por ser poseída en ese momento por él. Nuestras miradas eran cómplices por lo de la noche anterior, él sabía que yo lo había visto en la ventana, como así sabía también que le mostré mis piernas a propósito, para calentarlo más.

Mi marido y don Carlos se retiraron al campo a trabajar, al mediodía les acerqué el almuerzo, cuando me volvía para la casa, giré mi cabeza y lo miré y nuestras miradas se cruzaron nuevamente, los ojos de don Carlos destellaban fuego, le sonreí y bajé mis ojos, me subí a la camioneta sin volver a mirar hacia atrás.

Preparé una abundante y apetitosa cena, mientras mi marido se bañaba, me crucé hasta la casa de don Carlos, golpee la puerta, me pidió que pasara.

-Don Carlos, aquí le traigo su cena.

-gracias señora, siéntese un ratito, la invito con un refresco, hace mucho calor.

Me senté frente a él en el sillón de la sala, crucé mis piernas, dejándolas descubiertas hasta bien arriba de las rodillas. Se acercó lentamente y me acarició desde los tobillos, hasta la entrepierna, con la mano abierta fue recorriendo mi pantorrilla, y fue subiendo poco a poco, era una caricia suave, excitante, mis calzones se empezaron a mojar…

-¡¡Don Carlos!!!!, ¿qué hace?, ¿usted está loco?, y me puse de pié.

-Hago lo que estás deseando, y me estrechó muy fuerte, buscó mi boca y me besó apasionadamente mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo, puse mis brazos entre medio de su pecho y forcejee un poco, hasta que le devolví el beso tímidamente, abrí mi boca, le dí mi lengua, nuestras lenguas se cruzaron, se juntaron, se entrelazaron….

-¡Esto es una locura!, musité.

-Tú eres mi locura, me pasaba la lengua por mi cuello, estaba a punto de besar mis senos, cuando desesperada me escapé de sus brazos y salí de la casa corriendo, pero con una sensación muy bonita, me encantó el beso que me había dado, empecé a notar el peligro de tener a este hombre tan cerca, no se cómo iba a hacer para poder vivir esta pasión que ya se había despertado en mí.

Después de cenar, como todas las noches, monté a Cindy y me fui a todo galope al río, extendí un lienzo, me quité la ropa y me metí al agua, había una luna llena que iluminaba las aguas mansas del río, le daban un tono plateado, nadé más de media hora, fui hasta la otra orilla del río y volví, hacía mucho calor, el agua estaba tibia, Cindy me esperaba, me acerqué y le acaricié el lomo, cuando de repente me dí cuenta que no estaba mi ropa sobre el lienzo, me puse a buscar la ropa que estaba segura había dejado amontonada sobre el lienzo, estaba arrodillada buscando y buscando cuando siento la voz de don Carlos que me dice:

-Preciosa, si quieres tu ropa ven a buscarla aquí.

Sobresaltada me dí vuelta y lo ví a Don Carlos que muy sonriente me extendía mi ropa.

-Usted está loco. ¿Cómo se le ocurre hacerme esta broma?. Dije alterada.

-Y tú te ves hermosa toda mojada y desnuda, me tienes loco y duro todo el día.

Se acercó, se agachó y me tomó con mucho cariño la cara y comenzó a besarme desaforadamente, con su lengua recorrió mis orejas, fue bajando a mi cuello, sus manos me acariciaban suavemente, hasta que llegó a mi vagina, yo me resistía, le pedía por favor que me dejara, que era una mujer casada, que mi marido no se merecía esto que él me hacía.

-Tu marido no se enterará de nada, soy un caballero, nadie sabrá nunca como te voy a gozar, necesitas un hombre como yo que te haga disfrutar, te voy a coger como nunca te cogieron y vas a pedirme a cada rato que te coja, ya verás.

Mientras me hablaba sus dedos empezaron a hurgar mi clítoris, yo ya no me podía resistir más, estaba deseosa de que ese hombre me cogiera.

Bajó su lengua hasta mi cintura, volvió a subir a mis pechos, chupaba mis pezones con su lengua, yo mientras tanto le iba desabrochando su pantalón, ya no me importaba nada, quería sentirlo adentro mío, se levantó y se sacó el pantalón quedando en calzoncillos, su miembro quería escapar de ese encierro, se quitó los calzoncillos y se tomó el pene con las manos, me lo mostró y me dijo:

-Mira como lo pusiste, desde que te ví ya no pude dominarme más, te deseo y te quiero coger sin parar.

Estaba sentada sobre el lienzo, él acercó su pene a mi boca, lo besé con desesperación, le pasaba mi lengua de punta a punta, me lo metía hasta la garganta y lo sacaba, don Carlos gemía de placer.

-Chúpala perra, es toda tuya, haz lo que quieras con ella.

Estuve varios minutos con su aparato en mi boca, mientras el me acariciaba, pasaba sus manos por todo mi cuerpo, lo hacía con deleite, me acostó y llevó su lengua a mi vagina, la cual recorrió paso a paso, cada recoveco lo besaba, llegó a mi clítoris y empezó a menearlo con la punta de su lengua, yo me retorcía, apoyaba mis talones sobre el pasto y arqueaba mi cintura, hacía muchísimos años que no sentía tan rico, tuve un orgasmo en su cara, me dejó descansar unos segundos mientras me acariciaba y me preguntaba:

-¿Él te hace esto?, ¿te chupa cómo yo?.

-No, muy raras veces lo hace.

-Ya verás, lo que te haré gozar, ni lo imaginas aún.

Tomó su pene erecto, era mucho más grueso y largo que el de mi marido, y lo introdujo muy despacio dentro de mi vagina que lo esperaba ansiosa, al sentirlo gemí de placer, comenzó a entrar y salir de mi lentamente, le pedía que siguiera me estaba haciendo gozar como a una perra, en un momento sacó su pene de adentro mío y comenzó a frotarlo contra mi clítoris, subía bajaba, tuve otro orgasmo, sin esperar demasiado me metió su falo durísimo hasta el fondo, y salía y entraba…

-¿Él te coge como yo?

-No.

-¿Te hace perder la cabeza como yo?.

-No.

-Nunca te va a coger como yo. ¿Te chupa como yo?. ¿Te hace correr como yo?.

-No.

Y me besaba, iba con sus manos a mis pezones y los acariciaba, luego ponía su lengua y los chupaba, los mordisqueaba, me hacía vibrar con sus besos y sus caricias, me dió vuelta y me puso en cuatro, me penetró de un solo empujón, me tomó de la cintura y me hacía que le siguiera el movimiento, levantó una mano y me acariciaba un pezón con la otra me tocaba el clítoris. Con su lengua recorría mi espalda. Tuve de esa manera tres orgasmos seguidos.

-Te voy a llenar de leche, mi vida, mi puta, mi perra…

-Siiiiii, dame toda tu lechita.

Sacó su pene, me puso frente a él y me pidió que se lo chupara, lo hice frenéticamente, hasta que recibí todo su semen y me lo tragué con gran placer.

Luego nos tendimos en la hierba y no paramos de besarnos por largo tiempo, fuimos desnudos al río, nos bañamos, y luego salimos a fumarnos un cigarrillo.

Cindy era testigo de nuestro encuentro.

 

-Ya siento celos pensando que ahora te vas a acostar con él. Sé que es imposible, pero no quisiera que apoyara sus manos sobre ti.

-Es mi marido, desde los 18 años que estoy con él, nunca hubo otro hombre en mi vida.

-Desde esta noche, yo seré tu otro hombre. El que más te cogerá y te hará gozar.

Nos fundimos en un largo beso.

Montamos a Cindy, él se puso detrás, me acariciaba el clítoris, y yo me movía de placer, tuve otro orgasmo.

-Mañana por la noche, te quiero aquí de nuevo te volveré a coger como nunca te cogieron, te haré de todo.

Dándome un beso se bajó de la yegua, muy cerca de la casa, cabalgué unos metros, volví a darle otro beso frenético, no podía despegarme de él.

-Anoche te ví en la ventana.

-Sí, estaba masturbándome con tu imagen.

Desmonté a Cindy y corrí hacia los árboles.

-Quiero tu verga de nuevo.

Y empezamos a coger parados contra un árbol, era una locura lo que estaba haciendo, pero hacía muchísimos años que no tenía los orgasmos que tuve con él. Para ser sincera, nunca tuve esos orgamos, ni estuve tan caliente, como lo logró él.

Al llegar a la casa mi marido dormía plácidamente, fui al baño a ducharme, sentía el olor de su semen, con mi dedo extraje restos de su lechita, y lo lamí disfrutando el sabor, era feliz, me sentía una hembra y ansiosa esperaba nuestro nuevo encuentro.

CONTINUARÁ.


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