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Mi fetiche   (Fetichismo)
 
AUTOR: joaquin
 

Sonó mi teléfono móvil. Era Nairobe, una chica de la oficina.

-Han surgido unas complicaciones en el trabajo ¿mañana a qué hora puedes estar? -A la que tú me digas, Nairobe – respondí inéditamente

Esta disponibilidad mía no se debía a mi pasión por el trabajo, sino porque me había fijado en Nairobe hace un tiempo: era una chica algo bajita, pero bastante guapa y con buen tipo. Era simpática conmigo y respondía a mis atenciones, solía calzar con botas negras de tacón bajo y algunas veces llevaba unas botas vaqueras de color marrón oscuro que le sentaban muy bien.

El hecho de que Nairobe respondiera a mis atenciones es significativo, ya que ello me excitaba y alimentaba mi espíritu seductor. En el mismo trabajo había otra chica que me gustaba mucho, pero sin embargo no me hacía el más mínimo caso, ni tan si quiera me miraba… y claro, eso le enfría a cualquiera en sus fantasías. Aspiraciones o fantasías, el caso es que si tienes posibilidades con una chica, ella te las muestra, mientras que si no le interesas ya puedes tratar de hacerte el simpático, que ella te rehuirá, empezando por las miradas.

Aunque esta historia no va con ella, dejadme por un momento que os la describa, para que os hagáis una idea de lo que digo: se trataba de una chica guapísima, rubia y con unos ojos verdes preciosos coronados por largas pestañas, y, midiendo 1’64 tenía un tipo de infarto: solía calzar unas botas de caña alta muy ajustadas con tirillas que realzaban las formas torneadas de sus piernas. Tal es así que me recordaba a las súper heroínas de los cómics, ya sabéis, esculturales y con esos uniformes pegados al cuerpo…

Pues bien, Nairobe no era para tanto, pero como me seguía la corriente, yo me calentaba mucho diciéndole cosas agradables y viendo como ella se sonrojaba (y supongo que su clítoris se mojaría un poquito también ¿verdad?) Lo que es yo, me quedaba con el calzoncillo húmedo, por decirlo finamente.

Siguiendo con la conversación telefónica del principio, Nairobe me respondió: -Voy a preguntarle a mi jefa a qué hora tienes que venir mañana.
Pero yo rápidamente intervine: -No, Nairobe, la jefa no, yo sólo obedezco tus órdenes, tú dime a qué hora quieres que esté y yo te obedeceré.
Al día siguiente me presenté en el trabajo a la hora convenida, y durante un descanso comentamos divertidos la conversación del día anterior: -¿Cómo es eso de que sólo irías a la hora que yo te dijese? -Porque a mi me gusta obedecer tus órdenes, Nairobe -¿Te gusta que yo te mande? -Sí, te obedecería aquí y en cualquier parte. Después de esta conversación la cosa estaba cantada. Al día siguiente la invité a tomar café en casa. Allí siguió nuestra conversación y yo volví a insistirle en que me gustaba obedecerla y recibir sus órdenes -¿Y por qué? - preguntaba ella picada en su vanidad femenina.

-Porque eres una chica adorable y me gustaría adorarte como un esclavo.

-¿Y qué harías? -Me gustaría arrodillarme ante ti y besarte la bota.

-Pues venga, que vea si sabes hacerlo.
Me arrodillé y con gran emoción acerqué mi cara hasta su pie y le besé el empeine de la bota. Como no retiró el pie continué besando y después pasé a lamer. Ella entró en el juego: - Ahora quiero beses la otra bota.
Obedecí su orden con gran placer. Luego ella se levantó y se puso de pie en medio del saloncito - Ven aquí a seguir lamiendo mis botas.
Me levanté, pero me dijo: - No, no, ven de rodillas

Así llegué hasta sus plantas y seguí besando y lamiendo, hasta que volvió a sentarse en el sofá. - ¿Te gustaría quitármelas y besarme el pie? - Sí, sí, es lo que más deseo.
- Pues no te voy a dejar así como así, debes suplicármelo muy bien, decirme que soy la chica más guapa del mundo, y si no me convences no te dejaré.
Así que comencé a suplicarle, mientras cogía sus pies y se los acariciaba. Hasta que me dio el ansiado permiso. Comencé a bajarle la cremallera de la bota, pero me detuvo: - No está bien que vayas a desnudar mi piecito y yo no te tenga a ti desnudo. Quiero que te muestres desnudo ante mí. Quiero tenerte así y contemplarte expuesto a mí.

Me desnudé y me contempló un rato. Luego señaló al suelo y caí de nuevo de rodillas ante ella. Halagada, me comentó: -Te estás entregando a mi, ¿verdad? -Sí, Nairobe, por favor, hazme tu esclavo, tu hombre, sólo quiero pertenecerte.

-Muy bien, quítame las botas.

Le quité las botas y lamí sus pies a través de las medias.
-Ahora mastúrbate, quiero ver tu leche.
Mientras me masturbaba sujetando una de sus botas, Nairobe jugaba dándome a besar y oler la otra. Otras veces la apretaba contra mi polla o mis testículos.
- Quiero que me mojes la bota- me decía Para animarme a la faena, en algún momento me besó en la boca, y fue la primera vez que en realidad nos besábamos. Sus besos me enardecían, y ella destilaba su saliva dentro de mi boca y yo la tragaba con fruición. Finalmente, eyaculé poniendo buen cuidado en que todo mi chorro cayera sobre la bota. La verdad es que el espectáculo era bien bonito, mi blanco semen sobre el cuero oscuro. Estuvimos contemplándolo largo rato, y yo especialmente disfrutaba haciendo que las gotas fueran distribuyéndose por toda la bota debido a la gravedad.

Me gustaría recibir comentarios de otros fetichistas sobre mi relato.


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