A través de las ventanas del vagón de metro veía fugazmente las caras de los viajeros que esperaban en el andén a que se detuviese el convoy. Se repetían cada mañana melancólicas y anodinas. Tras varios años haciendo el mismo recorrido, a veces me divertía apostando contra mí mismo sobre qué vestido o zapatos llevaría puestos hoy ésta o aquella chica con cuya belleza me recreaba discretamente durante el trayecto mientras fingía leer el periódico y el tren iba dejando su reguero de gente en las sucesivas estaciones de la avenida principal, centro neurálgico de los negocios de la ciudad. Entonces la vi. Era Laura, la secretaria del Director de zona de la empresa en la que trabajo como vendedor. Ella no me conocía, ni siquiera sabía que trabajábamos para la misma firma.
Leandro, el Director de zona, tiene su despacho en un edificio de oficinas situado en pleno centro de la avenida. Tres meses antes, durante una convención de vendedores a la que asistíamos todos los representantes de zona, ella entró discretamente al auditorio para pasarle una nota a su jefe. Blusa blanca de raso ceñida a la cintura, falda corta y medias negras, zapatos de tacón alto con cierre de pulsera. Pasó por mi lado perfumando levemente la penumbra de la sala, bajó dos escalones y se acercó hasta donde estaba su jefe, se inclinó un poco para susurrarle al oído y pasarle la nota. Dos filas más atrás yo me quedé extasiado ascendiendo la mirada centímetro a centímetro desde sus precisos tobillos por aquellas piernas infinitas hasta el trasero perfecto. Alcancé a oír un "gracias, Laura" de Leandro y asocié entonces el nombre de aquella chica con la dirección de los correos electrónicos que de vez en cuando nos llegaban de la Dirección de ventas, enviados por Laura de parte de su jefe. Para un enamorado de la belleza como yo, aquella imagen perduraría muchos meses como canon de exactitud de curvas femeninas, desplazando imágenes similares que habían envejecido en mi mente. Sin duda eran las piernas más bonitas y mejor torneadas que había visto nunca.
Días más tarde, otro lunes como hoy, nada más llegar a la oficina y encender el ordenador, encontré un correo electrónico con instrucciones urgentes sobre descuentos para la campaña de verano. Era uno de esos correos que se van concatenando desde la dirección y llegan a los niveles inferiores de la organización. No hubiera tenido nada de particular si no fuera porque, en uno de los reenvíos, apareció la dirección de hotmail de Laura. Su envío era del Domingo anterior por la tarde. Eso lo explicaba todo. Intuí que Leandro, de viaje en el extranjero, le habría dado instrucciones para reenviar su nota a todos sus vendedores. Me la imaginé en casa, atendiendo responsablemente la llamada telefónica de Leandro. Sí, ella le tuvo que dar su dirección de correo personal con la promesa de reenviarlo inmediatamente. Tenía que ser ella, la dirección de correo comenzaba por ele minúscula y luego las iniciales de su apellido seguidas por uno de esos códigos numéricos.
Aquella noche la agregué a mi lista de contactos. No albergaba la esperanza de que hiciera caso a la propuesta, más bien lo hice como evocación de un imposible. No suelo chatear, salvo con algunos antiguos compañeros de facultad. A veces nos conectarnos los fines de semana para comentar los partidos de fútbol que dan por la tele, nos contamos cómo nos va y nos levantamos el ánimo si alguno lo necesita. Así que, como cada sábado, tenía abierto el Messenger mientras saboreaba un viejo whisky con hielo y escuchaba a Bach.
De pronto, se abrió una pequeña ventanita del programa y apareció el mensaje: ¿Quién eres?. El corazón me dio un vuelco. Me quedé mirando aquella pregunta mientras mi pulso se aceleraba. Pasaron unos instantes.
moonlight> ¿Quién eres?
devil_69> hola
moonlight> hola, ¿quien eres?....
devil_69> perdona, no quería molestarte, solo soy uno más de tus admiradores
moonlight> ¿nos conocemos?
devil_69> yo a ti sí, pero tú a mí no
moonlight> lo siento, pero no me gusta conversar con desconocidos y menos si juegan con ventaja
devil_69> lo entiendo, quizá ha sido un error agregarte, de nuevo mis disculpas y olvidémoslo. Buenas noches.
moonlight> Sí, mejor será, buenas noches
Me sentí como un imbécil y pensé que yo, en su lugar, hubiera reaccionado de la misma manera. Pasaron unos minutos, el CD había acabado, me levanté y salí a la terraza. Perdí la mirada en el horizonte de la noche donde algunas estrellas parecían querer competir con el brillo de las luces de la autopista. Cerré los ojos y me detuve a escuchar el lejano eco de los coches tratando de evocar el rumor de las olas que acarician la tranquila cala del mediterráneo donde paso algunos días en verano. De repente, un sonido familiar desde el ordenador me hizo abrir los ojos. Sorprendido, entré en la habitación y allí estaba de nuevo ella, en otra ventana del chat.
moonlight> ¿eres Carlos?
devil_69> no, lo siento, pero me hubiera gustado...
moonlight> ¿por qué dices eso si no le conoces?
devil_69> no sé, porque ese Carlos al menos tiene el privilegio de estar frente a ti contemplando tus hermosos ojos azules
moonlight> ya no tiene ese privilegio como tú lo llamas
Y así fue como empezó todo. Seguimos charlando un buen rato, ella muy interesada en sonsacarme de qué y de dónde la conocía, y yo haciéndome el misterioso. Era pronto para descubrirle que trabajábamos para el mismo jefe. Aceptó mis razones y me sorprendió lo divertido y directo de su conversación. Tras casi una hora de chat sin una sola palabra de sexo, ni siquiera morbo, nos despedimos convencionalmente. Tampoco quedamos para otro día.
Creo que fue el martes siguiente cuando volví a verla, otra vez en el primer vagón del metro. Miré mi reloj, pasaban dos minutos de las ocho treinta. Memoricé la hora. Aquella mañana el tren iba menos lleno y procuré no levantar sospechas, continuando la lectura del periódico. A pesar de quedar algún asiento libre, ella permaneció de pie, con su espalda ligeramente apoyada sobre la pared y casi justo enfrente de donde yo iba sentado. Chaqueta de lino, falda de gasa beige y fina blusa de algodón blanco, seguramente cerrada por detrás, con un fino cordón beige a juego con la falda, que ceñía y realzaba su pecho. Poco maquillada, su tez blanquísima hacía resaltar el azul de sus ojos y el ligero toque de carmín sobre sus labios. Su mirada fugaz recorrió el vagón y sacó un libro de su bolso: "Las buscadoras de fantasías" me pareció leer. También lo memoricé, con la intención de buscar su reseña en Internet al llegar al trabajo.
La concentración en su lectura me permitió observarla detenidamente de arriba abajo pero a hurtadillas, por encima del periódico. Durante unos instantes dudé si llevaba medias o no. En aquellos días las chicas comenzaban a guardar medias y ropa de invierno, pero no, definitivamente concluí que sí las llevaba. Eran de un nylon muy fino y sin brillo. Pero lo que definitivamente me convenció y turbó a la vez fue la intuición de que eran medias y no panties ya que con los leves movimientos de sus piernas para acomodarse a la lectura y a los vaivenes del tren, por un momento creí adivinar, bajo la fina gasa de su falda, algo que bien pudieran ser lo corchetes delanteros de un liguero.
Llegué pronto a casa aquella tarde. Hacía un día precioso y aún con el sol del atardecer había terminado de preparar el trabajo del día siguiente y hasta organizado la ropa del armario. Cené temprano y dudé si encender la televisión o escuchar la radio. Preferí esto último y casi sin pensar, me senté delante del ordenador. Estaba leyendo algunas páginas de la prensa digital cuando de repente se activó la ventana del messenger. No daba crédito a mis ojos. Un icono sonriente con "moonlight dice..." Hola.
moonlight> Hola
devil_69> hola
moonlight> Qué raro encontrarte por aquí
devil_69> Sí, pero tenía la esperanza de encontrarte otra vez
moonlight> ¿Estás pillado conmigo o qué?
devil_69> Noooo, pero....
devil_69> ....hoy estabas preciosa, de verdad
El diálogo se detuvo un instante
moonlight> ¿Ah, si? pues qué llevaba hoy?
devil_69> chaqueta de lino y falda de gasa
moonlight> no serás un psicópata de esos de las pelis...
devil_69> jajaja.... no, no tengas miedo, no me dedico a seguirte
devil_69> sólo soy un hombre normal al que le gusta la belleza
Otro instante que me pareció eterno
moonlight> he tenido un día muy ajetreado. dónde me has visto? eres de la oficina?
devil_69> Si trabajásemos juntos hace tiempo que te hubiera tirado los tejos...no crees?
Continuamos charlando sobre banalidades, jugando al gato y al ratón. A ella parecía divertirle la situación. No sabía quién jugaba con quién, insinuando, halagándonos mientras cruzábamos preguntas y repuestas cada vez más atrevidas sobre nuestros gustos y nuestro físico . Poco a poco, sin darnos cuenta, se iba cerrando una atmósfera sensual de confianza y complicidad.
devil_69> Dime una cosa... una curiosidad que espero no te moleste...
moonlight> a ver
devil_69> cuando te he visto hoy me he preguntado si ... no sé si preguntarlo...
moonlight> el queeee
devil_69> bueno, me ha dado la sensación de que llevabas medias y no panties... ¿es cierto?
moonlight> > jajajaja
moonlight> vaya con mi admirador... qué observador!
Esperó unos momentos, quizá pensándose la respuesta
moonlight> si
devil_69> sí, qué
moonlight> sí llevaba medias y no panties, pero me fastidia. ¿se notaba mucho?
devil_69> no, en serio, pero me ha parecido un detalle muy sexy y discreto a
la vez
moonlight> hmm, me alegro de que te haya gustado el detalle
devil_69> ibas muy elegante
Ella seguía intentando averiguar dónde la había visto y casi quedó convencida que había sido en el restaurante donde había almorzado con dos compañeras del trabajo. La conversación fue derivando a temas informáticos. Se quejaba de que su ordenador iba muy lento. Le hice algunas preguntas sobre las protecciones y configuraciones que tenía para salir a Internet. Sus respuestas terminaron de confirmar mi sospecha: se debía haber colado medio mundo. Le expliqué lo que tenía que hacer para una limpieza profunda y le envié algunos programas sencillos pero eficaces para que los instalara. Ella se quedó algo preocupada pero agradecida, y quedamos para otro día con la intención de comentar el resultado.
Y llegó el viernes. Mayo estaba acabando. Agradecí como nunca no tener que volver al trabajo aquella tarde tan calurosa. Dormí un rato, desnudo, sobre la única sábana que cubría la cama. Al despertar, mi pene estaba completamente hinchado y pude recordar que había soñado con Laura. Me di cuenta de que no sabía nada de ella desde el martes. Puse música y decidí tomar una ducha. Al llegar a casa, un vecino me había estado comentando que el aire acondicionado del edificio se había estropeado, justo el primer día de su entrada en funcionamiento. Una buena manera de combatir el calor de aquella tarde sería quedarme en calzoncillos y con una fina camiseta de algodón. Preparé el café, y me senté ante el ordenador para leer el correo. Se avecinaba un fin de semana sin planes y no podía consentirlo. Miraría por si alguno de los amigos proponía algo.
Inmediatamente me apareció la ventana del messenger con el icono de niña traviesa y sonriente que usaba Laura.
moonlight> hola admirador
devil_69> hola
moonlight> que tal?
devil_69> bien, pasando calor, se ha roto el aire acondicionado en casa
moonlight> aquí lo apagaron a medio día y hace un calor asfixiante
devil_69> estás en el trabajo?
moonlight> si, todavía,... encargos de última hora que tienen que salir hoy
devil_69> lo siento,
moonlight> he visto que te conectabas y quería pedirte un favor, por si sabes solucionarme un problema que me ha surgido. no sé qué hacer, me va a dar un ataque de nervios
devil_69> a ver, qué ocurre?
Se le había bloqueado el ordenador y tuvo que reiniciar perdiendo todo el trabajo. ¿A quién no le ha pasado?. Se fue a almorzar más tarde de lo habitual resignada ya a volver a la oficina. Se habían ido todos y cerró la puerta por dentro con llave, para evitar sobresaltos. Estaba de nuevo sentada ante el ordenador dispuesta a rehacer lo perdido cuando vio que me conectaba. Buena noticia que también me hubiera agregado a su lista de contactos en el ordenador de la oficina, pensé.
Aunque nos costó un buen rato, y con poca ayuda por mi parte, todo hay que decirlo, consiguió recuperar la copia de respaldo que automáticamente guarda el procesador de texto. Se puso muy contenta y se relajó el ambiente.
moonlight> gracias. te debo una
devil_69> no ha sido nada, lo has hecho todo tú
moonlight> qué podría hacer por tí para agradecértelo si no sé ni quién eres?
devil_69> nada mujer....bueno quizá algo sí
moonlight> dime
devil_69> pero no te enfades, no me lo digas si no quieres
moonlight> venga, qué es?
devil_69> he soñado contigo y... no te rias,... pero me gustaría que me describieras lo que llevas puesto, por fuera y por dentro, quiero imaginarte
Creí que me iba a mandar a hacer puñetas o algo peor, pero para mi sorpresa, me respondió de inmediato
moonlight> y qué has soñado?
devil_69> no lo recuerdo muy bien, pero me ha excitado, ... te puedes imaginar cómo me he despertado
moonlight> vaya vaya con mi admirador secreto
devil_69> bueno, me lo vas a decir o no?
moonlight> la verdad, si me vieras ahora, no te ibas a creer...
devil_69> por?
moonlight> con tanto calor, aquí en esta oficina tan pequeña.... tengo todos los botones de la camisa desabrochados y me he quitado los zapatos.
devil_69> hmmmmm debes estar preciosa
moonlight> me da un poco de morbo pasearme así por la oficina cuando me quedo sola
devil_69> yo también ando ligerito de ropa ahora, no es casualidad, es el calor
moonlight> respondiendo a tu pregunta... tanga y sujetador color burdeos, con algo de encaje transparente y en los bordes unas flores ribeteadas más claritas
devil_69> qué guapa!
moonlight> luego llevo medias negras, pero esta vez sin liguero, desde que me dijiste aquello... me da algo de corte venir así al trabajo. una camisa blanca con rayas finas en color burdeos también y una minifalda de algodón ocre
devil_69> me encantaría verte ahora
moonlight> jajaja, lo siento, no tengo cam, y en casa tampoco, de manera que te tendrás que conformar con tu imaginación....y tú... tienes cam?
devil_69> sí, te gustaría verme? sólo en ropa interior, claro
moonlight> a ver si así descubro por fin quién eres, aunque solo sea por tu culito...
No me lo podía creer. Así, tan fácil, tan directa. Con el nerviosismo, se cayó la webcam, y tuve que volver a colocarla. Cuando estuve preparado la invité a conectarse.
moonlight> así sentado no puedo verte bien, qué tal si te levantas y te das la vuelta?
Hice lo que me pedía. Llevaba unos slips elásticos de Versace, que me ajustaban muy bien. Mientras me giraba, instintivamente me quité con decisión la camiseta.
moonlight> vaya, no estás nada mal, se nota el trabajo de gimnasio en tu culito,... y por delante?
Al ponerme de nuevo frente a la cámara se hacía evidente mi principio de erección, sin ser todavía espectacular.
moonlight> tienes un buen bulto ahí delante
devil_69> tú eres la culpable...y ahora me pregunto cómo podría verte yo a ti, creo que es lo justo, no?
moonlight> no sé, ya te he dicho que no tengo cam aquí en la oficina
devil_69> se me ocurre algo divertido para solucionarlo, te apetece jugar?
moonlight> dime
devil_69> si tienes un escáner, podrías...
moonlight> sí lo tengo
devil_69> podrías escanear tus preciosos pechos y enviármelos por mail...
qué te parece?
moonlight> jajaja estás loco... y me estás poniendo a cien... espera...
Minutos después recibí un correo suyo con varios ficheros. Oía perfectamente los latidos de mi corazón mientras los fui abriendo uno tras otro. ¡Qué maravilla!. La calidad no era muy buena, pero el morbo de la situación la suplía con creces. La primera imagen era, tal y como le había sugerido, de sus pechos. Un poco aplastados contra el cristal del escáner y dejando nítidamente al descubierto las aureolas de sus pezones tras un leve encaje que se convertía en casi transparente allí donde la luz resultaba más intensa. La segunda, también de sus pechos, ya sin sujetador. Calculé una deliciosa talla 95, redondos y diríase que muy firmes. Sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar. Al principio, la tercera imagen me resultó extraña, pero inmediatamente caí en la cuenta. Se trataba, ni más ni menos que de una toma de su trasero, sentado sobre el escáner y sólo con el tanga. Con el peso de su cuerpo, sus nalgas desbordaban los límites de la imagen impidiéndome verlas en plenitud, pero a cambio, en el centro, la parte inferior de su vulva se expandía mostrando aplastados los labios algo abiertos, sin que la breve tela del tanga alcanzara a protegerlos. Era evidente que cuidaba el aspecto de su sexo, puesto que tenía muy bien perfilado el vello, casi completamente rasurado y depiladas las ingles.
moonlight> te han llegado?
devil_69> ufff, no me esperaba eso... qué perfección
moonlight> eso es para que no dejes de soñar conmigo
devil_69> creo que esta noche no podré ni dormir
moonlight> te lo vas a hacer pensando en mi?
devil_69> eso es algo muy íntimo que... eres una chica mala
moonlight> puedo ser peor... te propongo otro juego
devil_69> cual?
moonlight> me he encaprichado de tus calzoncillos
devil_69> jajajaja
moonlight> sí, no te rías, en ocasiones suelo usar slips de hombre
devil_69> ah si, cuando?
moonlight> en invierno sobre todo, cuando salgo a correr o estoy de limpieza en casa
devil_69> ¿?. Vale, juguemos, qué propones. Pero te advierto que si esto va a seguir así, el próximo juego lo propongo yo
moonlight> Ok
devil_69> pues tu dirás
moonlight> verás, quiero que... pero no te rias eh?...
devil_69> venga ya, que no me rio
moonlight> quiero que mañana por la mañana guardes estos calzoncillos que llevas puestos en una bolsa bien cerrada y los dejes a mediodía en una papelera de color verde que hay junto a un árbol y un banco enfrente de la cafetería trébol, en la avenida ... ¿la conoces?
devil_69> sí, creo que sí, y si no, la buscaré.
devil_69> pero... y tú? qué me darás a cambio?
La conversación se detuvo un momento, el nerviosismo había dado paso a la pura excitación sexual.
moonlight> encontrarás una pequeña bolsa de plástico...
devil_69> tendrás tu trofeo... y me gustaría saber cómo te sienta
moonlight> mañana lo hablamos
Seguimos poco tiempo más, lo justo para despedirnos cariñosamente. Era todo un regalo encontrar a una mujer tan hermosa y desinhibida a la que le gustaba jugar y fantasear con situaciones morbosas.
Todavía con sus imágenes en la pantalla y pensando en todo lo que habíamos hablado, no pude resistir y acabé masturbándome. No tardé mucho. Mi cuerpo se tensionó cuando los primeros latigazos de semen me subieron hasta el pecho. Después, sin querer ni poder contener la hemorragia, dejé que se derramaran por mis calzoncillos que terminaron completamente empapados. Primero pensé en lavarlos, pero luego, con una sonrisa asomando a mis labios me dije a mí mismo que, después de todo, quizá sería mejor entregárselos así.
Me fui a la cama. Seguía excitado. La luna se colaba entre las cortinas y se rompía en las sábanas difundiendo una claridad espectral por la habitación. No sé si era el calor o el ruido de la autopista lo que me impedía dormir. No paraba de dar vueltas, desnudo, notando cómo crecía una nueva erección. Tuve que volver a masturbarme para tratar de alejar su imagen de mi mente. Me sorprendió que la eyaculación fuera más intensa incluso que la vez anterior. De repente, me asaltó una idea... y ya que no podía dormir, encendí de nuevo el ordenador. Comencé a redactar las instrucciones para el próximo juego. Las imprimí y metí el papel, bien doblado, junto a mis calzoncillos manchados, dentro de una bolsa de plástico de una conocida tienda de ropa masculina.
Durante la mañana siguiente, en el trabajo, no paraba de mirar el reloj. Me asaltaban muchas dudas ¿realmente Laura seguiría adelante con aquél juego? ¿Sería una trampa para averiguar quién era yo? ¿Debía ser puntual? ¿Y si alguien vaciaba la papelera? Decidí tomármelo con calma y a la hora del almuerzo tomé un autobús y bajé en una parada próxima a la cafetería Trébol, en la otra acera. Caminé despacio intentando descubrir a Laura, escudriñando tras mis gafas de sol en el interior de las tiendas, los coches aparcados, los bares, y entre el bullicio de gente que se cruzaba bajo el calor asfixiante a la búsqueda de refugio en algún restaurante con aire acondicionado.
Observé aliviado que el servicio de limpieza urbana aún no habían recogido las papeleras próximas. La otra acera, en sombra, estaba mucho más concurrida. Atravesé la calle e intenté localizar la papelera que Laura me había dicho. Debía ser rápido. Hice una primera pasada y efectivamente allí estaba. Unos pocos segundos me permitieron fotografiar mentalmente lo que allí había, gracias que su rejilla metálica permitía adivinar el contenido. Creí ver una o dos bolsas, bien al fondo. Aquello podría complicarme la operación. Continué caminando un trecho y me volví por la misma acera, sin dejar de observar a mi alrededor.
Al llegar a la altura de la papelera me detuve un breve instante. Una furgoneta acababa de aparcar delante. Con un rápido movimiento, solté el periódico dentro de la papelera y metí la mano hasta sacar dos bolsas, una blanca y otra fucsia. Como un acto reflejo, inmediatamente solté la de color blanco al darme cuenta de que era de un supermercado y me quedé con la de color fucsia cuando comprobé que era de una boutique de lencería. Al ser tan pequeña, pude guardarla en mi bolsillo y continuar por donde había venido hasta coger el autobús. El trayecto se me hizo eterno, con aquél regalo en el bolsillo. Al llegar a la oficina, me fui directamente al servicio de caballeros.
Abrí el cierre de plástico y ya en ese momento un suave y delicioso aroma femenino me confirmó que se trataba del regalo de Laura. Tenía en mi mano su precioso tanga, el mismo que había visto la noche anterior. Y la verdad, era mucho más delicado, elegante y sexy que lo que me pude imaginar por la imagen que ella me había enviado. Era evidente que no había sido lavado, y que también, muy posiblemente, debió quedar completamente empapado.
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