Hola, bueno finalmente después de que me lo he pensado tantas veces, he decidido escribir, lo que me sucedió con mi hermano menor.
Yo soy la mayor y única hembra, de cuatro hermanos. Ya al cumplir mis 21 años me encontraba trabajando como secretaria, para una firma de abogados, donde todavía trabajo. Pero gracias a eso, me tocó mudarme a la ciudad, pasaron un par de años y un buen día mi madre me pidió, que recibiera en mi apartamento, al mayor de mis hermanos, ya que Julio que ese es su nombre, estaba por presentar los exámenes de ingreso, a una de las universidades. Lo que me pareció bastante bueno, desde que Julio llegó el primer día, lo acomodé en la otra habitación, que regularmente la tenía ocupada con ropa y zapatos.
Aunque había estado compartiendo con mi hermano en navidades, cuando lo volví a ver, me pareció como que había crecido muchísimo más. Pero su manera de ser no había cambiado en nada, era el mismo de siempre, un inmaduro niño juguetón y bastante abusador, en todos los sentidos, solamente que con 19 años de edad. Al segundo día de Julio estar en mi apartamento, apenas me levanté y comencé arreglarme para ir a trabajar, pasé frente a la habitación en la que había ubicado a mi hermano, la puerta estaba semiabierta, más que todo creo que fue por curiosidad, que me asomé para verlo. Cual no sería mi sorpresa al ver que Julio se encontraba durmiendo desarropado y completamente desnudo, pero lo que más me asombró fue el observar que su miembro estaba erecto. En mi vida, digo si cuando era niño lo llegué a ver sin nada de ropa, pero ya de adulto jamás. Lo cierto es que me he quedado como una tonta observándolo, hasta que al parecer comenzó a despertarse. De inmediato me retiré de la puerta y me dediqué a continuar con mi arreglo personal, para irme a trabajar. Justo antes de irme, Julio apareció en la puerta de mi cuarto, con una pequeña toalla alrededor de su cintura. Yo de por sí que me encontraba algo nerviosa, por lo que había observado, al verlo parado de esa manera en mi puerta, me dio un susto tremendo. Julio como que no se dio cuenta de nada, me saludó cariñosamente y como de costumbre, desde que era adolescente me saludó con una nalgada. Yo aún algo turbada, me despedí de él, indicándole que su desayuno ya estaba servido.
Durante el resto del día, en la oficina no podía quitarme de la mente, la imagen de mi hermano completamente desnudo y acostado en esa cama. No es que yo fuera una puritana enfermiza, pero al Cesar lo que es del Cesar, como dice mi jefe. Me di cuenta de que realmente ver a Julio en esas condiciones, me había afectado, además tenía que tomar en cuenta, que recientemente había terminado con mi novio, por estar acostándose, con una y que, amiga mía, para colmo en mi propio apartamento. Cuando regresé a casa, ya me encontraba más tranquila y calmada, entendí que ver así a Julio en tal facha, hizo que me acordase de la situación por la que pasé con mi ex. Ya que al igual que mi hermano, también dormía completamente desnudo. Julio cuando llegué se encontraba cómodamente sentado en pantalones cortos, viendo la TV en mi apartamento, así que apenas pude me cambié de ropa, tras quitarme todo, como cuando estaba sola, por lo general me quedaba desnuda haciendo la limpieza, pero por estar mi hermano en casa, me puse un pequeño pantalón corto y una camiseta sin más nada abajo, por comodidad realmente. Me puse a limpiar y a ordenar todo lo que él había dejado desordenado. Me di cuenta de que a los pocos minutos, después de lavar todos los platos que Julio había usado y que me encontraba recogiendo toda su ropa, sentí que mi hermano me observaba las nalgas insistentemente. De inmediato algo molesta, decidí llamarle la atención, por todo el desorden que me había dejado y sobre todo por la manera en que me miraba. Parándome frente a él, creo que estuve casi un buen rato regañándolo. Algo que no soporto es el desorden y se lo expliqué, de manera bien clara y precisa. Realmente creo que hasta se me fue la mano, en eso de regañarlo. Pero ya al final me di cuenta de que todo lo que le dije, al parecer como dicen, le entraba por un oído y le salía por el otro. Ya que aunque no me quitaba la vista de encima, me pareció que más bien se deleitaba la vista, viendo mis senos moverse bajo la camiseta que yo tenía puesta en esos momentos.
Algo contrariada, al darme cuenta de su actitud tan irresponsable, seguí diciéndole las cosas que no debía hacer, mientras que yo me dediqué a seguir limpiando y ordenando el reguero que Julio había hecho en la sala. Cuando al levantar su maleta para colocarla en el closet, apareció esa cosa negra, de esas que miden más de tres o cuatro centímetros de largo, moviendo sus antenas en todas direcciones. El gritó que di, por la impresión al ver ese animal frente a mí, fue tremendo. Tanto que Julio en cosa de segundos, estaba a mi lado preguntándome todo nervioso, que era lo que me había sucedido. Aún bastante afectada por la presencia de ese bicho en mi apartamento, casi muda, sin poder hablar, nerviosamente le señalaba su maleta. Él sin entender que me sucedía, comenzó a mover todo, hasta que volvió aparecer esa asquerosa alimaña. Cuando la vi, nuevamente me fui en pánico, agarrado a mi hermano y colocándome tras de él, mientras que llorando le trataba de decir que la matase. Julio al ver de lo que se trataba, con toda su sangre fría, rápidamente tomó a ese animal por sus antenas y sujetándola entre sus dedos, me preguntó ¿Por esto es que haces tanto alboroto mujer? Yo me encontraba como fuera de mí, en esos instantes. Le grité casi sin voz, que la apartase de mi cara, lo insulté de mil maneras diferentes. La verdad es que estaba hecha, toda una desquiciada. En cierto momento le dije, que se olvidase de lo que le había dicho, pero que se deshiciera de ese animal. Fue cuando Julio, con toda la calma del mundo me preguntó, mientras la exhibía a pocos centímetros de mi cara ¿qué gano yo, sí te hago el favor de deshacerme de esta cucaracha? En medio de mi desespero, le dije sin pensar. Lo que tú quieras hermanito, yo hago lo que tu quieras, pero sácala, sácala de mi vista. Por lo que tú más quieras. Julio retiró eso de mi cara, tomó un frasco casi vacío de mermelada que había sobre la mesa del comedor y ante mi asombro colocó dentro ese horrible insecto, después de tapar el frasco agarró un cuchillo y le hizo varios agujeros a la tapa. Mientras que yo lo miraba bastante asustada y sin comprender por que, él había hecho eso. Al terminar de agujerear la tapa del frasco me dijo, bueno Laurita quítate toda la ropa. Algo más tranquila, ya que Julio había ocultado el frasco de mi vista, le dije bien molesta ¿Julio, tú te has vuelto loco? A lo que me respondió, mientras me mostraba el condenado frasco nuevamente. No, yo solo hago lo que tú me propusiste.
De inmediato imitando mi vos dijo. Yo hago, lo que tú quieras hermanito, pero sácala, sácala de mi vista. Ya en su tono de voz normal siguió diciéndome, lo que yo quiero ahora mismo, es que te quites toda la ropa. A medida que Julio me fue hablando me fue acorralando contra la pared, por lo que de momento me encontré, encerrada contra una de las esquinas de mi apartamento. Julio había vuelto a ocultar el frasco tras él, pero al ver que yo no le obedecía, hizo el amago, de como si fuera a presentarme el frasco nuevamente ante mis ojos, de inmediato sin realmente pensarlo mucho y ante mi temor de volver a tener frente a mis ojos, el condenado frasco con esa cosa tan fea y asquerosa dentro, me quité la camiseta quedando mis senos descubiertos, aunque parcialmente ocultos por mis brazos. Julio mirándome como nunca lo había hecho, por lo menos que yo me diera cuenta de ello, señaló los pequeños pantalones cortos que yo estaba usando en esos instantes. No fue necesario que sacase el nuevamente el frasco, ya que resignada a su voluntad, me fui bajando los pequeños pantalones cortos, hasta que cuando estuvieron en el piso los separé de mi cuerpo con uno de mis pies, quedando toda desnuda frente a mi hermano, quien no dejaba de ver mi coño, con una mirada que me producía miedo. Julio extendió su mano hacía mí y tomándome por el brazo me dijo, de ahora en adelante, soy yo el que manda aquí. Así que vas hacer todo lo que te ordene sin chistar, o de lo contrario te tiro encima a tu amiga. El escuchar sus palabras e imaginarme lo que me esperaba, fue casi una misma cosa. Por una parte no podía creer que eso me estuviera pasando a mí, pero por otra parte, el que mi hermano menor que yo, me dominase completamente y de esa manera, que me producía un morboso placer. Julio a medida que me llevaba a su habitación, me fue diciendo. La verdad Laurita es que desde hace un tiempo he soñado con enterrar mi verga dentro de tu coño, de haberme dado cuenta antes, el mucho pánico que le tienes a las cucarachas, hace años que te lo estaría metiendo. Sus palabras solo confirmaron, lo que yo me había imaginado momentos antes. Pero no se que pasó, que el escuchar sus palabras, lejos de indignarme, molestarme o tratar de convencerlo de que no me hiciera nada, permanecí en completo silencio. Sentía una excitación como nunca antes la había sentido, ni aún en los mejores momentos en que estuve compartiendo con mi ex novio, me había sentido así.
Por lo general para que eso me sucediera, mi novio se dedicaba por un buen rato a decirme cosas lindas a mi oído, que aunque otros las consideren cursis, para mi eran muy bellas y sentimentales. Después poco a poco se dedicaba a masajear mis pies y lentamente sus caricias iban subiendo por todo mi cuerpo, en fin era algo que tanto él como yo por lo menos así lo creo yo, disfrutábamos mucho. Después de estar besándonos y acariciando mutuamente, era que comenzaba yo a sentir esa excitación, que me hacía ser capaz, de cualquier cosa que mi novio me solicitase. Pero eso sí, solo entre nosotros dos nada más. Nada de terceras personas. Ya que una cosa es el amor que yo le tenía y otra era, dejarse ir en una orgía sin sentido. En momentos como ese, si mi ex me pedía que se lo mamase, lo hacía con gusto y hasta con placer. Sí él deseaba darme por detrás, yo misma dirigía su miembro entre mis nalgas, hasta que lograba penetrarme totalmente. No había cosa que no me pidiera que yo no hiciera, como ya les dije. Pero lo que estaba comenzando a sentir, a medida que Julio mi hermano, me conducía desnuda a su habitación, era algo definitivamente muy superior, a todo lo que hasta esos momentos había llegado a sentir, mientras estaba con mi novio y que les he contado. Cuando traspasamos la puerta, Julio sin soltar el frasco con el animalejo ese, me ordenó que me acostase en la cama, abriese mis piernas y comenzara a introducir mis dedos dentro de mi vulva. Por unos instantes francamente dudé en seguir sus órdenes y de inmediato Julio volvió a presentarme el condenado frasco. Aparte del terror que sentí momentáneamente, mientras el frasco estuvo al alcance de mis ojos, a medida que le fui obedeciendo, es decir, que me fui acostando sobre la que era su cama y comenzaba abrir mis piernas. Me di cuenta de que eso, aunque crean que es una locura, me producía un placer definitivamente mayor, el saberme sometida a la voluntad de Julio, era una cosa increíble, sin contar el hecho de que fuera mi propio hermano quien me sometiera, lo que dentro de mí me producía una mayor excitación, quizás por ese algo tan prohibido o por quien sabe que. A pesar de todo eso que sentía dentro de mí, procuré controlarme. Me pareció lo más sensato en esos momentos, no dejar que se diera cuenta de lo mucho, que en cierta manera, me encontraba disfrutando de casi todo.
Una vez que abrí totalmente mis piernas, sumisa y lentamente comencé a introducir mis propios dedos dentro de mi vulva, Julio mientras tanto comenzó a ir quitándose el pantalón, que estaba usando en esos momentos. Yo sin quitarle la vista a él, seguí haciendo lo que Julio me había ordenado, cada vez que introducía mis dedos dentro de mi vulva, sentía como si una agradable descarga eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Al poco rato Julio no se conformaba con ver como metía mis dedos dentro de mí, sino que me ordenó que introdujera completamente toda mi mano. Algo que noté inmediatamente, fue que la forma en que me habló, me excitó tanto, al escucharlo insultarme diciéndome: Puta callejera, termina de meter toda tu mano dentro de tu apestoso coño. Eso de manera repentina, me hizo sentir un orgasmo tremendo, al tiempo que seguí sus órdenes ciegamente. Cuando vine levantando la vista, me encontré con su erecto miembro, casi frente a mi boca. De inmediato retiré mi rostro, haciéndome hacia atrás, segura de que eso lo excitaría más todavía. En efecto así fue, Julio en ese instante me tomó por el cabello, obligándome a acercar mi cara a su cuerpo. De momento sentí que con su miembro me daba en mi cara, al tiempo que me decía, putita tú tienes que hacerme caso, en todo lo que te ordené yo, así que ponte a mamar, mientras que sigues metiendo tu mano dentro de tu coño. Abrí mi boca y su miembro se abrió paso entre mis labios, introduciendo casi por completo su cosa. Hasta en cierto grado me produjo algo de nausea, pero más bien fue por lo brusco de su penetración, que casi llegó a mi garganta. Después de un ligero ajuste de mi cuerpo, comencé a chuparle todo su miembro, lentamente, mientras que Julio me marcaba el ritmo con la mano que sostenía sobre mi cabeza. Se que todo esto suena a cosas de una loca, pero esos momentos para mí realmente eran tan satisfactorios, que me envolví chupando todo su miembro, al punto que al poco rato, del miembro de mi hermano salió una cantidad de semen tremenda. Gran parte de eso me lo he tragado, sin querer realmente, para satisfacción de mi hermano. Al terminar él de venirse, lo sacó de mi boca y me dijo. Ahora quiero que te vayas a tu dormitorio, te vistas como toda una puta y cuando te llame apareces de inmediato.
Al bajarme de la cama, sentí una fuerte y ardiente nalgada, al voltearme, el rostro de Julio reflejaba una alegría tan grande, como la que yo con todos mis esfuerzos procuraba no demostrar. Al llegar a mi dormitorio, de inmediato a toda velocidad, como quien dice. Me dediqué a buscar algo de ropa, que me hiciera ver, como él deseaba que yo me viera. Lo primero que encontré fue un juego de ropa íntima de color rojo puta como les llamaba mi ex, es un ajustado sostén en satín rojo, acompañado de una pequeña y ajustada panty del mismo material y fabricada con una gran cantidad de encajes que poco dejaba oculto. Después me acordé que tenía unas viejas medias de maya negras, pero que para ponérmelas debía usar un liguero. Pero el único que tenía en esos momentos era de color negro, que sin pensarlo mucho me lo puse y ajusté con eso las medias a mis muslos. El resto de la ropa fue mucho más sencillo el escogerla, ya que de inmediato tomé una pequeña blusa blanca semitransparente, que me deja todo mi plano vientre por fuera y que con facilidad se ve todo lo que llevo bajo ella.
Realmente, no me decidía sí usar, una mini falda de látex o unos ajustados pantalones negros. Por la prisa decidí por la falda, la que apenas me puse, agarré unos zapatos de charol negro, que tienen el taco bastante alto y que prácticamente termina en forma de una aguja. Sin perder tiempo me dediqué a maquillarme, de manera bastante exagerada, tomé algunas pulseras y collares, que tras ponérmelos me vi en el espejo. La imagen que vi fue la de toda una puta de esas que se dedican a ganarse la vida en las calles, ejerciendo el oficio más antiguo del mundo. Hasta decidí ponerme algo de perfume y lo estaba haciendo cuando escuché la ronca voz de mi hermano llamándome. Segundos antes de salir de mi habitación agarré un pequeño bolso de color negro y así como me encontraba me presenté ante él. Cuando escuché que me decía. Por lo visto no tuviste que esforzarte mucho. Me sentí alagada, aunque no lo crean, al verme al espejo de verdad que parecía toda una puta callejera. Julio se encontraba tal y como lo había dejado, al yo salir de la habitación. Caminó alrededor mío, levantó la falda de manera bien brusca y sin decirme palabra comenzó a tocar mis nalgas. Yo comencé a protestar, pero de inmediato me ordenó que callase, al tiempo que tras darme una fuerte nalgada, que me dejó ardiendo la piel. Me obligó nuevamente, a que me pusiera a mamar su miembro. Mientras que yo me lo metía y sacaba de mi boca. Julio me dijo. Con calma puta, que no quiero venirme todavía. Sus insultos y malos tratos, eran algo que nunca ni soñé, ni llegué a fantasear despierta, que me fuera a gustar tanto, pero con el firme convencimiento de que no se lo debía decir a mi hermano. Después de un buen rato, de estar chupando toda su cosa, la sacó de mi boca y me dio ligero empujón con los pies, quedé sentada en el piso con mis piernas abiertas, Julio en esos momentos, se quedó observando detenidamente mi coño, ligeramente oculto tras las pequeñas pantaletas que estaba usando. Bruscamente me subió la falda y casi me arrancó las pantaletas. Cosas que para otra persona sería bastante denigrante, yo por lo contrario, me sentía más que realizada con su trato tan cruel y brutal.
Julio sin consideración alguna, se colocó sobre mi cuerpo y comenzó a penetrarme bárbaramente, lo cierto es que hasta me dolió un poco, pero después de un buen rato, mientras seguía introduciendo su miembro por dentro de mí, una de sus manos agarró por completo un de mis senos, por sobre la blusa que yo usaba, al tiempo que me seguía insultando y hasta preguntando cuanto cobraba por todo lo que él me estaba haciendo. Casi por poco le digo que era yo la que debía pagarle a él, por lo mucho que disfrutaba todo eso que me hacía. Pero de haberlo hecho, de seguro Julio se hubiera molestado realmente conmigo. Mientras que yo movía mis caderas como toda una puta, gemía pidiendo me que diera más y más duro. Mi hermano ocasionalmente me besaba intensamente introduciendo por completo su lengua dentro de mi boca, hasta que volví a sentir ese delicioso y profundo orgasmo que arrancó del fondo de mí ser. Julio cuando se fue a venir sacó su miembro de mi coño y regó todo su semen sobre parte de mi ropa y mi cuerpo. El resto de la noche me obligó a mamar su miembro en infinidad de ocasiones, hasta que finalmente, mientras que yo me encontraba tirada en el piso de su habitación, sin previo aviso se puso a orinar sobre mí. Cuando sentí su caliente líquido correr por sobre todo mi cuerpo, volví a sentirme la mujer más dichosa del mundo en esos instantes. Después de eso me ordenó varias cosas entre ellas una es que cada vez que entre al apartamento, de inmediato me debo quitar toda la ropa, sin importarme si él se encuentra o no, si está solo o acompañado, después de que Julio consiguió una novia, sus órdenes cambiaron ligeramente, antes de desnudarme debía asegurarme que ella no estaba. Esa noche, mientras me daba una ducha en mi baño, al repasar mentalmente todo lo sucedido, me sorprendí a mi misma introduciendo mis dedos dentro de mi vulva y dándome bien duro hasta que alcancé otro orgasmo. Hoy en día soy la esclava sexual de mi hermano, aunque ya no usa el frasco con la cucaracha dentro, su sola voz me hace sentir un placer increíble al verme y sentirme completamente sometida por él. Al grado que hasta me ha obligado, a tener sexo con otros hombres y mujeres a los cuales no conozco, ante su presencia, pero a diferencia de otros momentos de mi vida, en que eso me parecía sumamente reprobable he inmoral, ahora es algo que nada más, por el solo hecho de que él me lo ordena, lo disfruto plenamente.
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