La historia que les voy a contar me sucedió hace dos años, contaba por entonces 29 años, estoy casada y madre de una niña que contaba entonces 4 años de edad. Mi nombre es Ana mido 1,69 cms. y peso 56 kilos, sin ser un bellezón, estoy bien proporcionada y con una cara bastante agraciada en la que destacan unos labios gordezuelos y unos ojos grandes y azules. Mi marido se llama Alberto y no voy a describirlo por no ser relevante su físico para esta historia. Mi jefe se llama Juan es un hombre mayor 58 años alto, un poco grueso pero no desagradable.
Como introducción y aunque les parezca pesada les diré que somos un matrimonio bastante morboso en el sentido de decirnos palabras fuertes o picantes, inventarnos situaciones morbosas, cosa que nos gusta sobremanera a ambos y nos calienta hasta extremos muy altos, siendo luego el sexo en esa situación magnífico. Pero cuando la niña contó más de dos años tuvimos que cortar esa afición nuestra pues ella siempre estaba pendiente de nuestras conversaciones (quien tenga un niño pequeño sabe de que hablo, pues aunque estén jugando en otra habitación apenas hablas algo que les llama la atención ya los tienes encima) y aunque le he hablado cuando me ha preguntado del tema de la reproducción, me sentiría incomoda hablándole a su edad de comer pollas, sodomización y cosas por el estilo.
Así por este motivo dejamos nuestra afición, lo que unido a que ya no podíamos disfrutar del sexo de la misma forma, primero por lo agotadoras que eran las noches sin dormir al principio y luego por que te despierta cada dos por tres el cansancio hace mella y nuestra vida sexual ya no era la misma. Por decirlo con un símil culinario antes nos gustaba la comida bien hecha con su tiempo y al horno, y ahora era como el microondas tres minutos, calentar y listo.
Esta situación me tenia bastante frustrada supongo que también a mi marido, lo disimulábamos como podíamos, pero ahí estaba la frustración. Por otro lado mi jefe me hacia bastantes insinuaciones, aunque debo decir que con simpatía y ante mis reiteradas negativas no se molestaba ni intentaba ir mas allá. Bueno voy a los hechos, un día estaba en la oficina trabajando, tenia el msn conectado, en el tengo a Alberto, a algún amigo o amiga y poco más, debo decir que en horarios de trabajo no suelo utilizarlo, pero así mi marido si surge algún imprevisto me lo puede comunicar rápidamente. En ese momento me surgió el mensaje, era Alberto, y en lugar del mensaje tradicional para comunicarme cualquier cosa leo: -¿Cómo está mi perra caliente?
Como ya he dicho hace tiempo nos gustaba mucho este tipo de lenguaje, pero hacia tanto que no lo habíamos utilizado...En mi provocó un efecto como cuando agitas una botella de cava, toda esa frustración y deseo aletargado de que les hablaba anteriormente saltó como el tapón del cava, y rápidamente le conteste: -Cachonda perdida, esperando un buen rabo.
Bueno eso fue lo más suave, el tono de nuestra conversación subió de forma paralela a mi excitación. En un momento dado me pidió que me desabrochase el pantalón y me masturbase, yo pese a mi calentura le recordé que estaba en la oficina con mi jefe en el otro despacho, Alberto por toda respuesta me ordenó: -Hazlo.
La orden fue tajante y en mi surtió un efecto como el cuchillo que corta tus últimas ataduras, así que obedecí, no sin mirar antes que la puerta del despacho de mi jefe que esta a mis espaldas estaba cerrada. Yo ese día iba vestida con un pantalón vaquero de cintura baja una camiseta y el consabido sujetador y tanga. Me desabroché el pantalón e introduje mi mano, pero al estar sentada la posición no era muy cómoda. Alberto me pidió en un momento dado que le hablase al micrófono para así escuchar mis jadeos, este está sujeto encima del monitor, y como no quería hablar a distancia para que no se oyera nada, me levanté y acerqué mi boca al micro, en esta posición estaba de pie ligeramente inclinada sobre la mesa, con la mano izquierda apoyada en la mesa y la derecha introducida en mi pantalón acariciándome. Huelga decir lo caliente que estaba y los gemidos que le susurraba en el micro.
No me di cuenta de como, pero de pronto una mano me sujetó la cintura, otra se introdujo en mi pantalón con mi mano y apretó su pelvis contra mi culo aprisionándome contra la mesa, yo di un grito y él me susurro al oído, que no se entere tu marido. Mi marido pensó que el grito formaba parte de mis gemidos, y en mi cabeza se formó un torbellino de pensamientos y sentimientos. Por un lado la soberana excitación en la que estaba, por otro la profunda vergüenza de que mi jefe me hubiese sorprendido haciéndome una paja, además del miedo de que hubiese pasado a la acción en vez de decirme algo, y un miedo aún mayor de que mi marido se enterase de lo que realmente pasaba ahora mismo. No se ¿por que? si por la excitación la vergüenza o el miedo mi decisión fue que mi marido no se enterase, así que permanecí quieta, si acaso elevé bastante el tono de mis gemidos para así ahogar cualquier ruido que pudiese hacer mi jefe, Alberto seguía igual: -Acaríciate las tetas.
Pero ahora era Juan, mi jefe el que introduciéndome la mano por debajo de mi camisa y subiéndome el sujetador sin desabrocharlo lo hacía. Mi posición ahora era totalmente inclinada en la mesa apoyada con los dos brazos y mi boca literalmente pegada al micrófono jadeando y gimiendo fuertemente para ahogar la posibilidad de que Alberto escuchase a Juan. Esto excitaba mucho a los dos y mentiría si dijese que no producía un efecto morboso en mí. Alberto seguía con sus órdenes de cibersexo mientras mi jefe me había subido la camiseta hasta el cuello junto con el sujetador, y había bajado mis pantalones junto con el tanga hasta los tobillos.
Por un momento dejó de acariciarme, con una de sus manos me sujetó el pelo como el jinete sujeta la brida de la yegua, y con la otra desbrochó y bajó su propio pantalón, enseguida noté como con su polla buscaba la entrada de mi coño lo que no le costó mucho, de dos embestidas me la metió por completo lo que yo acompañé con un profundo alarido que ahogó el gemido que Juan profirió al notar como se abría mi coño (debo decir que yo aunque suelo suspirar y gemir lo hago en un tono normal, pero esa vez para ahogar cualquier ruido que pudiese producir semi tono era realmente alto). Eso sin duda excitaba aún más a Juan que empezó a entrar y salir de forma violenta, al tiempo que tiraba fuerte de mi pelo hacia él y me estrujaba las tetas sin compasión.
En medio de ese torbellino, se abrió paso en mi mente que esos días eran peligrosos, pues estaba ovulando, y traté de pensar como parar aquello. Si le decía que no se corriese dentro mi marido se enteraría de todo, así que como a Alberto le gusta sodomizarme, dije en voz alta por el culo, esperando que mi jefe no desaprovechase la ocasión de sodomizarme, pues se que es algo que les gusta mucho a los hombres. Pero los jadeos de Juan se hacían más profundos y no parecía que fuese a cambiar de orificio, así que sin dejar de gemir y gritar muy alto intenté empujarle con mis manos hacia atrás para sacársela, pero él me dio un fuerte tirón de pelo hacia él lo que arrancó un grito real que ahogó el hondo suspiro que él emitió al enterrarse por completo dentro de mí y empezar a soltar su descarga.
Esa noche hice el amor como loca con mi marido, que nunca se ha enterado de lo que pasó. Y hoy les escribo delante de mi nuevo niño, un precioso hijo que tiene 1 año y tres meses.
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