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Las cuatro pruebas   (Sadomasoquismo)
 
AUTOR: Crysania
 

Me pusiste un cebo. Sabias que no lo resistiria. Hoy me encontre una fotografia en mi buzon de correo… El sobre venia sin remitente, sin direccion, sin sello… un simple sobre amarillo. Lo abri. Lei: "C/Gardenias 114. Ven." Y detras, una foto ampliada. La saque con cuidado, y me vi en ella. Atada, de pie, con la mordaza en mi boca y los pies atados a una barra que me mantenia las piernas abiertas. Tan solo con ese bonito liguero negro de encaje que tu me regalaste. La tentacion fue demasiada.

Me vesti a toda prisa con aquel vestido negro bordado que tanto te gusta, junto con aquellos zapatos de tacon alto que me hiciste comprar, y me encamine hacia ti. Por el camino, iba recordando la fotografia, sadicamente hermosa, y lo que me llevo a aquella situacion.


"Aquel dia te habia desafiado. Me habias encomendado una tarea, sencilla por cierto, que a mi, en mi independencia que tanto te gusta y quieres someter, se me ocurrio no realizar.

No esperaba que estuvieras vigilandome. Me sorprendiste en la calle yendo de compras, y suave pero severamente me asiste de la mano y me arrastraste hasta tu casa. Alli me inclinaste hacia ti, y me recordaste mi afrenta, y el castigo que debia aceptar. Y lo acepte, sabiendo que jamas me harias daño… confiada, espere. Pero no llegaste tu. Y yo sola, alli inmovilizada de pie, con calambres ya en mis piernas, tan solo rogaba porque vinieras a mi, como tantas otras veces has hecho. Pero esta vez… Esta vez no.

Transcurrio una eternidad. Una hora, dos horas, tres, no lo se. Hasta que al final abriste la puerta de mi celda, y te vi aparecer. Pero no venias solo. Una vaga imagen de un hombre joven, acaso treinta años, ligeramente familiar, entrando en la puerta se imprimio en mi retina, haciendome temer lo que ya sabia inconscientemente. Tu no me castigarias, porque ya me he acostumbrado a tu ritmo, y aun no he aprendido la leccion. Seria el el que me enseñara esta vez a no desobedecer…"


Llegue a la direccion que me enviaste. La puerta entornada, la luz velada, el perfume a incienso que yo te regale, y el destello sangriento de una copa de vino señalaban el inicio de una velada inolvidable, con tu musica de fondo, y tus ojos brillando por detras de la copa. Cautelosa, entre en la estancia, entornando mi vision, ya que sin tu permiso no debo mirarte. Y, a traves de mis pestañas, te vi. Oscuro como la noche. Tu camisa negra, mi favorita, con tus pantalones negros realzan la palidez de tu rostro, y te convierte en esta penumbra en un vampiro al acecho de su victima, de mi. Me quedo inmovilizada, asombrada, extasiada por ti.

Y vienes hacia mi, y veo como te arrodillas ante mi, no puedo creerlo. Mi Amo… arrodillado ante mi, adorandome como a una Diosa, mirando mi rostro sonrojado por la excitacion como si fuera la imagen de sus mas secretos deseos… No comprendo, y asi te lo comunico, acariciandote suavemente el rostro vuelto hacia mi desde tu posicion. Tu voz profunda suena como una caricia, como un golpe, cuando me dices que hoy hare de ti lo que yo quiera… que hoy yo llevo el control. Me fallan las piernas, y me arrodillo a tu lado.

Asiendote del pelo negro y lustroso que tienes, acerco tu boca a la mia para saborearte lentamente, en un beso profundo y humedo que me recorre las entrañas y me hace sentir viva de nuevo, completa como solo lo estoy a tu lado. Despacio, me acerco a tu Trono… tu Trono es esa silla que tienes, labrada con caras hermosas y demoniacas, en donde te sientas para observarme…

Hoy me sentare yo, y yo observare. Te pido una copa de vino, y me la traes… pero aun no me conoces bien. No lo has hecho bien, mi niño, has rebasado el limite de la copa, y encima has movido demasiado el vino. Te arrojo el contenido a la cara, y te empujo con mi pie calzado con mis zapatos hacia la mesa, a ver si esta vez lo haces bien. Mientras me sirves, me pongo de pie, y levanto mi pierna encima de la silla. Debajo, no llevo nada, mas que las medias con el liguero, si, el mismo que el de la foto. Vienes con la copa.

Asi me gusta, ahora lo has hecho bien. Te coloco mi collar, y sujetandote de la cadena que cuelga de una argolla central, te acerco a la sima que se esconde entre mis piernas, una sima que conoces doblegada, dolorida, pero nunca como ahora. Lames… Lames muy lentamente, pues sabes que si me haces daño te castigare…

Mientras te aplicas a tus deberes, con las manos yo preparo tu castigo… que sera inminente, ya que por enesima vez, no lo estas haciendo bien. No me estoy enterando de tus caricias, y eso hay que corregirlo. Te levanto por el pelo, y a rastras te llevo hacia la mesa. Te tumbo boca abajo, con tu incipiente ereccion aplastada contra el frio marmol, y amarro tus pies y tus manos con las pulseras que tiene la mesa. Te quejas, ya que el frio te provoca dolor en tu miembro. Te ordeno silencio, y obedeces.

Lentamente, acaricio tu espalda primero con la mano, luego con algo que no sabes que es pero que lo intuyes, algo suave pero cortante, algo calido pero frio… flexible…Si, cariño, es tu latigo, ese que tantas veces has empleado conmigo; Ahora probaras su mordedura. Te aplico el primer azote, y tu cuerpo se estremece. Es la primera vez que sientes el mordisco del cuero, y veo en ti mi propia iniciacion como esclava. El primero fue a la espalda, el segundo azote lo dirijo hacia las piernas, y te marca una linea delgada y roja que te cruza las nalgas. Como no veo bien, acerco el candelabro que tengo detras, y lo inclino sobre tus marcas…

Sientes como se derrama la cera, y suplicas el perdon, dices que no lo soportas, pero yo aun detecto tu voz desafiante, aunque intentes ocultarlo. Abandono el candelabro satisfecha de lo que he visto, y recojo el latigo de nuevo, marcandote el cuerpo con el cuero, el alma con mis palabras. Al cabo de un rato, te dejo descansar en la misma posicion, y me ruegas con lagrmas en los ojos que te suelte, que te permita abandonarte a mis pies. No. No lo haras hasta que yo lo consienta. Pero tus suplicas me apiadan, y comienzo a besarte lentamente, a recorrer con mi lengua humeda tus piernas marcadas, tus nalgas enrojecidas por los azotes, las cruces que mi mano ha diseñado en tu espalda… y tu suspiras, medio de placer, medio de dolor.

Te suelto por fin, y tus piernas ceden, y caes rendido a mis pies. Veo, en mi penumbra, como besas mis zapatos, mis pies, y vas subiendo muy lentamente, mirando mi rostro buscando mi aprobacion… decido dartela, y sigues subiendo. Tu lengua recorre el limite entre mi piel y el liguero, y se introduce bajo la goma para acariciarme completamente. Tus manos van recorriendo mis piernas, y me haces cosquillas. No lo aguanto, tiro de tus manos, y te las ato a la espalda. Tan solo quiero sentir tu boca, tu lengua, tu saliva, tu calor interno en mi piel, no tus manos.

Asi sigues levantandote lentamente, y me recorres con los labios el pubis completamente desprovisto de vello… y con la mirada me suplicas que abra las piernas. Las abro, y tu lengua se acerca a mi clitoris.

Me estremezco. Apoyo mi pie en tu espalda, y sientes como se clava el tacon mientras sigues comiendome. Tu lengua ansiosa me da pequeños lametones en el clitoris, y va bajando, encontrando la vagina, penetrandome suavemente. Una y otra vez, ya que deseas que me estremezca de placer. Mientras tanto, yo te acaricio con una mano el pelo, y con la otra apuro mi copa de vino… me quedo con ganas de mas y asi te lo hago saber. Te desato las manos, y vas de rodillas hasta la licorera, me sirves otra copa de vino, y vuelves. Siempre de rodillas. Me encantas.

Eres mi Amo, y tambien eres mi esclavo. Mi unico y mejor esclavo. Vuelves a mi coño depilado, esta vez con las manos sueltas, y siento como entra un dedo en mi interior, tocandome, apretandome despacio, mientras yo doy pequeños sorbos de vino.

Estoy empezando a hartarme, y con mi pie te empujo para que caigas al suelo. Tu cara de sorpresa me hace reir, y me pongo de pie a tu lado. Me inclino suavemente, y mi coño queda a la altura de tu cuello, asi que tienes que hacer un esfuerzo por complacerme, mientras sientes como te golpeo con las manos… Localizo con la mirada la palmeta, y la cojo, mientras sigues dandome placer.

No te has dado cuenta, estas inmerso en mi, en mis jugos y en mi cuerpo, y de repente sientes el golpe certero en una de tus caderas, un golpe que te hace apretar la cara contra mi cuerpo, mojandote asi todo el rostro con mis fluidos vaginales.

Te abandono en el suelo, y voy un momento hasta la cocina. Traigo algo, no sabes que es, brilla. Apago todas las velas menos una, y me arrodillo enfrente de ti. Sientes un goteo en tu boca, calido, la abres a una orden mia y notas el sabor acre de mi sangre. Ahora estas vinculado a mi por amor, por dolor y por sangre. Has pasado tres pruebas; La Prueba del Amor, la Prueba del Dolor, y la Prueba de la Sangre.

Pronto conoceras la prueba que te queda.


Me levanto, y te ordeno levantarte a ti tambien. Lentamente, hago que te vistas, incluso te ayudo, cosa que me agradeces una vez vestido inclinandote hacia mi con esa reverencia que solo tu sabes hacerme, esa cortesia ya tan desusada pero tan hermosa en ti. Me hablas… me llamas Ama… suena hermoso en tu voz calida y profunda, y me pides conocer la cuarta y ultima prueba. No corras.

Pronto la conoceras.


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