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Tanto va el cantaro a la fuente que al fin se romp   (Gays)
 
AUTOR: Anónimo
 

La vida del barrio era tranquila. Todos cuidaban todo y los chicos jugábamos en las veredas o en los potreros sin problemas. Íbamos a las escuelas cercanas y nos peleábamos por las mismas chicas o cuadros de fútbol. A medida que pasaban los años cada uno tomaba su propio camino, sus estudios, algún trabajo en el centro de la ciudad, nuevas personas y nuevos contactos.

A Miguel (23) le encantaba juntar hojas de los árboles, bichitos y cosas naturales. Parecía que se iba a dedicar a la biología o a la medicina. Su viejo era farmacéutico y él ayudaba en el negocio. A veces, traía un condón o profiláctico que veíamos en la barra o cuando nos escondíamos a fumar nuestros primeros cigarrillos. Miguel era callado, parecía serio.

Recuerdo cuando comenzamos la adolescencia trajo un libro con dibujos y texto sobre el cuerpo humano y las enfermedades sexuales. Todos queríamos verlo, porque no entendíamos mucho de nada, por lo que Miguel propuso que de a uno, pasáramos por la piecita del fondo de su casa, para que los viejos no se avivaran con nuestra manifestación. Así y todo la explicación era pobre y la fantasía mucha. Miguel tenía una lupa grande, frasquitos vacíos, jeringas descartadas, cajitas donde coleccionaba lo que juntaba. Durante la visita te explicaba los dibujos del libro, las partes del cuerpo y a algunos le revisaba la pinga, polla o pene y el culo como si fuera un experto. Ninguno hablaba de esto con el otro, pero me acuerdo por lo que me pasó a mí. Soy Pablo Alonso y en esa época recién comenzaba a masturbarme o pajearme y en una demostración, le dejé mi leche o semen en un frasquito transparente que Miguel observaba a trasluz como hacía el bioquímico del pueblo.

Un día, Miguel pasó con una chaqueta blanca, como la de los médicos y farmacéuticos. Había comenzado a estudiar enfermería y en la imaginación de muchos era como el nuevo doctor. Nos tomaba la presión, nos revisaba los huevos y la polla o nos regalaba profilácticos que seguro sacaba de la farmacia de su viejo.

El fue quien convenció a Bartolo (19) que trajera a su prima para que viéramos como era una mujer. Después de mucha charla e idas y venidas, consiguió que la prima de Bartolo se sacara la bombacha y se acostara, boca arriba. Nosotros para mirar, le abríamos más las piernas. Miguel para mostrar su superioridad, sacó su pene que vimos por primera vez, le enfundó un profiláctico con maestría y se la cogió mientras nosotros mirábamos cada detalle. La prima de Bartolo se quejó al comienzo, pero después estaba contenta. Todos juramos no hablar del asunto, pero yo no me podía sacar de la mente esa imagen que me calentaba y me llevaba a pajearme un buen rato.

Cuando podía volvía de Miguel quien fue el primero que me mamó la polla y me pasó la lengua por el agujero del culo. Me daba "besos negros" según había leído en una revista porno. Lo cierto es que me gustaba. Con esta inclinación, comencé a funcionar como el ayudante de Miguel y cuando estaba estudiando en el instituto, por allí revisaba algún culo que me gustara o le aplicaba un enema a chicas amigas o a amigos de mi edad o más. Si veía que la cosa era rara, como enfermedades venéreas o problemas con fiebre, le sugería que fueran a un médico de la ciudad que ya conocíamos porque respondía las preguntas de Miguel y mías cuando tenía tiempo. Así conocí la inclinación de algunos amigos de la infancia que después irían al club o serían homo o travestis. Eso no me importaba porque a mÍ me gustaban las chicas y tenía mi noviecita.

Todo era una mezcla de juego y de aprender. Nos tenían alguna confianza y eso daba lugar, ahora pienso, a que los ayudáramos. Por ejemplo, trajeron a una chica embarazada que había tomado un menjunje para abortar…y se quería suicidar en medio de su lío. Sin perder el tiempo, la envolvimos en una frazada y la llevamos en la camioneta del carnicero hasta el hospital. No teníamos nada que ver, pero nos quedamos con Miguel hasta que salió de peligro. También conseguimos los remedios y leímos todos los prospectos para saber.

También sabíamos que la que se apodaría "Carmencita" era homosexual, no tanto por su inclinación sino por el abuso de un tío mayor. Yo le hablaba como si fuera un hermano, sin pensar que yo también probaría y me gustaría el sexo entre varones. "Carmencita" era frágil y lo hacía por dinero y cariño. Algunas veces se arrimaba porque le sangraba el agujero, otras, porque la maltrataban, o que necesitaba un desinfectante, otras por solo conversar. Si podíamos íbamos a la piecita de Miguel, donde preparaba un té o café y tomábamos algo caliente con galletas. Fue difícil la vez que "Carmencita" llegó blanca, llorando a mares y caminando muy raro y con sangre dentro de sus zapatos. Una barra de muchachotes, alcoholizados, la había violado y le metieron al final, el pico de la botella vacía en el ano. El intestino hizo ventosa dentro de "Carmencita" y la desgarraba. La envolvimos y con una tabla grande hicimos como una camilla para llevarla al hospital en la camioneta del carnicero.

Llegamos a tiempo y como nos conocían en estas emergencias, lo atendieron de inmediato. Yo me quedé hasta que le pasó el efecto de la anestesia, ya que no podíamos llamar ni a su familia, ni a nadie. Miguel tenía que ir a clases.

-Es mi culpa por ser puto -dijo "Carmencita" cuando abrió los ojos y me vio solo sentado al lado de su cama.

-No. No es tu culpa. Vos puedes ser lo que quieras y nadie tiene que violentarte o forzarte -le dije. Una mujer casada no puede ser violentada por su marido porque quiere tener sexo. Somos personas, "Carmencita", responsables y libres por lo que elegimos y a quien elegimos en cada momento -Lo que pasa que soy una puta -dijo con resignación.

-Vos serás lo que quieras, pero no podes ser maltratado como un perro atropellado por un camión -dije. Te voy a acompañar a hacer la denuncia, si quieres.

Entró la enfermera y le inyectó un sedante. Besé en los labios a "Carmencita", ya que no recuerdo su nombre, y me fui. Me miró con agradecimiento y me lo dijo. Yo respondí: vos harías lo mismo por cualquier persona que estuviera mal. Tres meses después "Carmencita" nos visitó con unas masas y una botella de oporto. Estaba espléndida, con las piernas rasuradas y una carita como para comerla a besos. Vino con dos "amigas" y disfrutamos con sus proyectos y su recuperación.

La sorpresa de la última primavera fue que el "doctor" Miguel es su novio. Tanto va el cántaro a la fuente…que al fin se rompe.


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