Una noche tuve que ir a un casamiento, de esos a los que uno debe asistir por obligación, para no quedar mal, así que no me esmeré mucho, ni siquiera fui a la peluquería y me puse un vestido común y corriente, que además ya había usado en más de una ocasión.
Lo que sí hice, porque una nunca sabe que le puede deparar el destino, fue ponerme un conjuntito interior nuevo, muy erótico y provocativo.
La ceremonia religiosa fue como todas las demás y la fiesta se estaba tornando bastante aburrida hasta que divisé a dos mujeres que parecían estar en otro lugar, en su propio mundo, ya que no paraban de bailar, siempre entre ellas y se las notaba súper divertidas, riéndose constantemente.
Obviamente aquellas dos mujeres, a quienes yo no conocía, desentonaban con respecto al resto de los invitados e inclusive a los contrayentes, bastante apáticos y acartonados por cierto, así que decidí unirme a ellas para no aburrirme como un hongo el resto del casamiento; de esa manera, aproveché cuando comenzó el típico y tradicional “trencito” y me ubiqué detrás de una de ellas, tomándola fuertemente por la cintura.
Inmediatamente empecé a charlar animadamente con las dos damas e inclusive permanecí bailando con ellas cuando finalizó el “trencito”; después de cansarnos bastante, las acompañé hasta su mesa para continuar con la amena conversación y además aproveché también para beber junto a ellas.
En un determinado momento comenzamos a brindar entre las tres por todo lo que se nos ocurría en el momento, por los novios, los padres, los padrinos, por nosotras, etc. y cuando mejor lo estábamos pasando, empezaron a encender las luces del salón y de la misma forma en que había comenzado la fiesta, insulsa y desapacible, terminó, yéndose rápidamente toda la gente.
- “¡Por fin se acabó! ¡Qué casamiento más aburrido!”
Dijo una de las mujeres mientras estábamos ya en la vereda y la otra entonces, agarrándome de los hombres, me preguntó:
- “¿Qué vas a hacer ahora? ¿No pensarás irte a dormir tan temprano un sábado?”
Le respondí que no tenía nada planeado y que solamente iría hasta donde tenía estacionado el auto, para dirigirme a mi casa, entonces la mujer volvió a decirme:
- “Podríamos dar un par de vueltas por el centro ¿Nos llevarías?”
Les dije que sí y las tres nos fuimos a recorrer las calles céntricas, pero al cabo de unos pocos minutos comenzamos a bostezar de aburrimiento; al parecer el ambiente se había contagiado del casamiento y en centro no andaba ni un alma, algo bastante poco común y habitual para un día sábado, había menos onda que en un velorio.
- “¡Qué joda! No nos vamos a ir a casa tan temprano una vez a las quinientas que podemos salir.”
Dijo una de las mujeres y yo entonces, ni lerda ni perezosa, tiré el primer anzuelo para ver si alguien picaba.
- “¿Quieren venir un rato a mi casa?”
Les pregunté y agregué además:
- “Vivo sola en un departamento, así que podemos tomar algo, charlar o ver alguna película.”
Las mujeres accedieron sin ningún tipo de reparo así que raudamente nos dirigimos a mi casa; una vez allí continuamos con la animadísima conversación que habíamos empezado en el casamiento, “regada” además por una botella de licor cuyo contenido rápidamente desapareció.
Enseguida me di cuenta que las damas estaban algo desacatadas o con ganas de salir de la rutina, porque después de la segunda botella aunque esta vez de cerveza, me preguntaron a dúo:
- “¿Tenés alguna película porno?”
Les respondí que no, porque no me animé a decirles que las única que tenía eras todas de “lesbianas”, pero les dije que a lo mejor en algún canal podrían estar dando alguna película erótica, así que encendí el televisor y empecé a pasar los canales hasta que di con uno en el que había una chica desnudándose.
- “¡Qué culo tiene esa pendeja!”
Exclamó una de las mujeres y rápidamente la otra le contestó dándole un par de palmadas en el traste:
- “¡Va! Vos no tenés nada que envidiarle, siempre tuviste una cola preciosa.”
Y mirándome sin dejar de apretarle el culo a su amiga me dijo:
- “Sabés que esta guacha ganó una vez un concurso de bikini open en un boliche.”
Y finalizó diciendo mientras cruzaba un para de miradas libidinosas con su amiga:
- “Mostrale el culo para que ella vea que no exagero.”
La mujer entonces, se levantó el vestido y como tenía puesta una tanguita de esas que le dicen “hilo dental”, su culo quedó totalmente al descubierto.
- “¿Y? ¿Qué te parece? ¿Tenía o no razón yo? Mirá la cola que tiene esta y después de haber tenido ya dos críos.”
Dijo la otra mientras ya directamente tenía sus dos manos aferradas a esos carnosos “cachetes”.
- “La verdad es que tenés flor de culo.”
Le dije y agregué acercándome a ambas chicas:
- “Las manos que te deben haber metido los tipos ¿No?”
- “Esos hijos de puta, mal paridos, brutos de mierda, no tienen idea de cómo se le toca la cola a una mujer.”
Dijo la dama bastante ofuscada y entonces yo, animada y envalentonada por todo el alcohol que ya tenía encima, me acerqué a la mujer y tocándole muy suavemente los glúteos, le dije:
- “Tenés razón, son unas bestias, ellos lo único que quieren es ponerla en cualquier agujero y si les llegás a mostrar el culo, lo único que les interesa en metértela en el orto.”
Después de mi comentario, la otra de las mujeres se acercó a mí y abrazándome, dijo:
- “Es cierto, nosotras en cambio somos más suaves, más tiernas, más dulces.”
Y finalizó diciendo, mirando a los ojos a su amiga:
- “Nosotras sí que sabemos lo que nos gusta ¿No es cierto mi amor?”
Y dicho esto último le dio un largo beso en la boca.
- “Vení linda, acercate, para vos también hay algo.”
Me dijo sonriendo, yo entonces me arrimé a ellas y ambas empezaron a besarme por turnos, mientras yo aprovechaba para toquetearlas; después de un buen intercambio de besos y de caricias, nos desnudamos las tres allí en el sillón del living en donde estábamos.
- “¡Qué tetas!”
Exclamó una de las mujeres mirando mis senos y agregó:
- “No nos habías dicho nada sobre tus tetas.”
Y finalizó diciendo:
- “Las tenías escondidas.”
Ambas mujeres me acariciaron los pechos y después cada una, tomó unos de mis pezones y los comenzó a lamer; yo ya estaba excitadísima dándole de mamar a aquellas dos damas, mientras les acariciaba dulcemente el pelo, cuando sentí una mano en mi zona vaginal que me hizo sacudir el cuerpo.
Cuando logré mirar hacia abajo, vi que no era una mano sino dos, ya que las dos damas estaban refregando sus manos en mi concha y así siguieron haciéndolo, hasta que comencé a jadear y a gemir fuertemente, entonces me dijeron a dúo:
- “¿Querés que te hagamos acabar?”
- “¡Sí! ¡Sigan! ¡No paren! ¡Por favor!”
Les respondí a modo de súplica y eso precisamente hicieron hasta que, con un fuerte grito mediante, acabé sobre sus manos y me desvanecí literalmente sobre el sillón.
Durante un largo rato estuvimos amándonos las tres y como soy multi orgásmica, acabé varias veces, en una noche que difícilmente pueda llegar a olvidar, pero lo más llamativo, extraño y hasta gracioso, fue cuando les pedí que se quedasen a dormir conmigo, ya que ante mi sorpresa, me dijeron que debían regresar a sus respectivas casas, para atender a sus maridos y a sus hijos, porque, según comentaron, eran dos muy buenas madres y esposas y este tipo de relaciones, eran gustitos que ellas se daban muy de vez en cuando y cada vez que se les presentaba alguna oportunidad, como en este caso el casamiento al que habían concurrido.
Aún no había salido yo de mi asombro cuando las mujeres, previo y ligero baño, se vistieron y se despidieron de mí, no sin antes hacerme prometer que guardaría absoluta reserva y que, si llegase a verlas por ahí, con sus esposos o con sus hijos, hiciera de cuenta que no las conocía para nada, ya que de esa manera podríamos llegar en alguna otra ocasión, en volver a encontrarnos las tres para hacer el amor como solo las mujeres saben hacerlo entre ellas.
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