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Amanda y Carolina   (Lesbianas)
 
AUTOR: Anónimo
 

Quiero contaros lo que me sucedió hace una semana, con una chica a la que estoy dando clases de verano. Primero me presentaré: me llamo Carolina, soy española, morena, 31 años de edad, licenciada en Matemáticas Exactas... y aunque no soy una belleza propiamente dicha, creo que soy atractiva, con buenos pechos y grandes pezones, buen culo y desde hace tiempo me rasuro mi coñito (lo empecé a hacer con un novio que tenia y ya me he acostumbrado a llevarlo así)

Amanda que es como se llama la chica está estudiando 4º de ESO, tiene 18 años, es guapa y tiene un espectacular cuerpo. Es rubia, con media melena, un gran busto y un trasero estremecedor. Siempre lleva ropa muy ajustada y ligera, dejando sus lindos atributos, a la vista de cualquiera. Yo por el contrario visto de una manera más modosita y menos escandalosa.

Mi vida sexual, se resume a cinco novios, que me hicieron descubrir cada uno a su manera, la sexualidad que toda mujer, creo debe tener. Soy pasiva y hasta algo sumisa, aunque no me gusta que me hagan daño corporal. Dejé de ser virgen a los 18 y con el paso del tiempo, también perdí mi virginidad anal.

Pero quiero contarles lo que sucedió el viernes día 26 del mes de julio. Como todos los días me dirigí a la casa de Amanda, que esta en una urbanización de lujo, cerca de Boadilla del Monte. Llegué a las diez de la mañana y me sorprendió ver, que tan solo se encontraba la sirvienta, la cual me dijo que los señores habían salido la noche anterior, porque un familiar había muerto de repente y que ella se encontraba en su habitación. Aunque las clases las damos en el jardín, la sirvienta me pidió que subiera a su habitación a despertarla, porque tenia muchas cosas que hacer y en quince minutos, debía de salir a la revisión del traumatólogo (hace un mes se hizo un esguince en el pie derecho cuando bajaba al sótano)

Subí hacia el piso superior y llamé con los nudillos en la puerta de la habitación de Amanda. Como no contestó, y haciendo el menor ruido posible abrí la puerta y me introduje es su habitación. Estaba desordenada y con las persianas bajadas, aunque entraban por ellas algo de luz. Me dirigí hacia ellas y las levanté. La luz del día entró en la habitación y me di la vuelta.

Lo que vi me dejo perpleja. Amanda estaba encima de su cama, desnuda y de la vagina le salía un consolador, a mi parecer un tanto grueso. Tenía un piercing en cada uno de los pezones y otro más en el ombligo. Yo ya había visto que también llevaba uno en la lengua pero pensé, que seria cosa de la juventud. La tapé un poco con la sabana y le di un suave golpe en el hombro. Entreabrió los ojos y me dijo buenos días, aunque se dio la vuelta y sé volvió a dormir. Ahí es cuando me escandalicé bastante, porque en el ano, también tenía un consolador, este más chico. La volví a tapar con la sabana y de nuevo la llamé, para que se despertara.

Noté como algo extraño pero viendo ese cuerpazo que tiene y esos consoladores, mi coño empezó a calentarse y mi libido subió de tono. Me senté en una silla, al pie de la cama y de nuevo la llamé, haciéndole cosquillas en la planta de los pies ¡Arriba dormilona, que ya son las diez y cuarto! ¡Hay que ponerse a estudiar! Amanda se despertó y se sentó en la cama. Sin ningún estupor, se sacó los consoladores y los metió en un cajón de una cómoda que hay a su derecha. ¡Buenos días Carolina! -me dijo. ¿Que hora es?-preguntó. Las diez y cuarto- respondí. La sirvienta me ha dicho que subiera a despertarte y aquí estoy. Sin, ponerse nada de ropa, se levantó de la cama y sé dirigió al baño.

Ahí es donde pude comprobar, lo guapa que es y el buen cuerpo que tiene. Sé metió en la ducha y empezó a canturrear algo. Yo mientras tanto, seguía sentada en la cama, hasta que por fin me ganó la curiosidad, levantándome y abriendo el cajón donde había guardado los consoladores.

En el mismo aparte de los que ya había visto, también encontré otros cuatro más, de diferentes formas y grosores y lo que parecía como un cinturón del que colgaba un pene impresionante.

También hallé, aceite y gel lubricador, además de varias revistas de lesbianas y tres o cuatro películas del mismo tema. Oí como Amanda había cerrado el grifo y con sumo cuidado cerré el cajón y me senté de nuevo en la silla. Amanda salió envuelta en una gran toalla amarilla. Tenia el pelo mojado y con la luz de los rayos del sol que entraban por el ventanal, reflejándose en su cuerpo, me pareció una diosa.

Sé sentó frente a un mueble con espejo, que le servia de tocador. Se colocó una toalla en el pelo y se deshizo de la amarilla, dándome la espalda. Yo cada vez estaba más excitada y apretaba mis piernas, para no perder la compostura. No entendía lo que me pasaba, pues siempre me había creído hetero, pero aquella chica me esta haciendo dudar de mis preferencias sexuales. Al poco se levantó completamente desnuda y se dirigió hacia el armario. Por más que lo intenté no pude dejar de mirarla. El armario estaba justo enfrente de mí y Amanda se agachó para coger unas zapatillas y ahí fue cuando casi por completo me corrí.

Vi perfectamente, como también llevaba unas anillas en la vagina. Eran más grandes que las de los pezones y la del ombligo. Se levantó y se puso a buscar un vestido entre el ropero. Sacó uno de color negro, me pareció como de cuero o látex, brillaba mucho. Se dio la vuelta y me preguntó: ¿Te gusta este? Le dije que me daba lo mismo, pero que a lo mejor tenía algo de calor con ese tipo de ropa. ¡Bueno eso se puede arreglar, con el aire acondicionado, pero a mí me encanta el látex negro! ¿Y a ti? No sé -le respondí- nunca he tenido un vestido como ese. ¿No? ¡Uy, pues no sabes lo que te pierdes! ¡Lastima que no seamos de la misma talla porque sino te prestaba uno! -me comentó.

Todo este comentario, se hizo de frente a frente, admirando su cuerpo y sus partes intimas. Amanda se dio la vuelta y abrió la otra puerta del armario que tenía espejo, y rauda se puso el vestido. Tan solo puedo decir que le quedaba muy bien, pues realzaba aún más si cabe su figura. Yo por el contrario, cada vez estaba mas caliente. ¡Hoy he decidido ponerme coqueta! -me dijo.

Se agachó y sacó unas botas (también negras) larguísimas que se las puso. Le llegaban por encima de la rodilla. Y así vestida se dio un par de vueltas por la habitación. Yo intenté poner un poco de orden diciéndole que ya estaba bien de tonterías y que teníamos que ponernos a estudiar. En ese momento sé oyó la voz de la sirvienta diciéndonos adiós y como se cerraba la puerta de entrada al chalet.

Cuando esto sucedió Amanda llegó hasta la puerta de la habitación y pude oír como la cerraba con llave. Asustada le pregunté ¿Qué haces? Pero ella no me contestó, tan solo cogió una silla que había en la habitación y se sentó frente a mí. Se echo el pelo para un lado y me preguntó que si le parecía guapa y atractiva. Le dije que sí. ¿Y mis tetas crees que están bien? sacándose una de ellas y acariciándosela. Le volví a contestar que sí, que tenia unos bellos pechos. ¿Y mi chochito que te parece? levantándose la falda y mostrándome una vagina preciosa, coronada por una pequeña y triangular mata de pelo. Recuerdo que me puse roja como un tomate y me estremecí, pero la contesté que era precioso.

Entonces yo le pregunté ¿A qué viene todo esto, Amanda? Por nada, pero desde el baño te he visto como curioseabas en mi cajón, además de recordar que me has visto desnuda en la cama, con mis compañeros cada uno en su agujero.

Le contesté que perdonara mi curiosidad y que del resto, quedaría en secreto entre las dos, es más me hice la tonta y le dije que ya apenas recordaba lo que ella decía haber visto. ¡Lo siento mucho, Carolina, pero esto no puede quedarse así! ¡Tú sabes mi secreto y yo apenas no se nada de ti! ¡No estamos empatadas! No pasa nada Amanda, yo soy una tumba, y ahora dejemos esta conversación, porque no vamos a poder hacer nada de Matemáticas. Un poco más ¿vale? -me rogó. Háblame de ti y de tus aventuras sexuales ¡Porfa! Además estamos entre mujeres y eso es natural ¿no?


Finalmente accedí a sus ruegos, y le comenté muy por encima, mi experiencia sexual. Cuando había dejado de ser virgen, con quien, en donde... lo natural. ¿Y nunca te lo han hecho por detrás? Alguna vez, pero de eso hace ya mucho tiempo. ¿Y tienes mucho pelo en el coño? Pues no porque me lo depilo. ¿De verdad? ¡Déjamelo ver! No sé porque lo hice pero me subí la falda, retiré hacia un lado la braguita y se lo enseñe. ¡Es lindísimo!

Yo ya estaba como una vaca en celo y ella se dio cuenta ¡Estas excitada! ¿Ha sido por mi culpa? Si, le contesté, entre dientes. ¡No sabes lo bien que me siento al saberlo! Porque sabes una cosa, desde que me das clases, casi todas las noches me masturbo pensando en ti. ¡Ya ves yo te he excitado y tú lo has hecho cada día sin darte cuenta!

Sin darme tiempo a reaccionar, Amanda se levantó y me cogió de la mano, me levantó y de pie acercó su boca a la mía y empezó a besarme. No hice nada por apartarme, es más me entregué por completo a sus besos y sus caricias. Sin darme cuenta, me quitó la camisa que llevaba y la falda, que rodó hasta mis pies. Me quedé en ropa interior. Seguía besándome. Mientras que con una mano me tocaba mis nalgas con la otra me quitó el sujetador. Mis pechos salieron y noté como mis pezones estaban bien duros, al roce con su ropa. Fue bajando, por mi cuerpo lamiendo mis tetas y mis pezones, a la vez que sé los metía en la boca y los succionaba o mordisqueaba.

Yo estaba paralizada, recibiendo un inmenso placer, el más rico que jamás ningún hombre me había hecho llegar. Con la boca me mordió las bragas y lentamente las fue bajando hasta mis muslos. De nuevo subió y siguió besándome en la boca, pero esta vez de una manera más fuerte. Se retiró y me miró a los ojos, preguntándome ¿Te ha gustado? -Si, contesté. Me ha encantado. Se apartó de mi lado y de nuevo sé sentó en la silla. Yo estaba de pie, con las bragas en los muslos y súper excitada. ¡Quítate las bragas y chupame el coño, putita! -me ordenó. Me las quité, me agaché y subiéndole la ajustada falda, le empecé a lamer la vagina.

Ella empezó a suspirar y a moverse, de una forma alocada, insultándome y acercando más su chocho a mi boca, mientras que con una mano me apretaba un pezón. Con una de sus manos le abría su vagina y con la otra empecé a masturbarme. Fue rápido, en apenas tres o cuatro minutos las dos nos corrimos. Me cogió de la barbilla y me dio un fabuloso beso, lamiendo mis labios y mis dientes.

Nos levantamos y nos metimos en la cama. Estábamos agotadas, pero seguíamos tocándonos y acariciándonos, yo desnuda y ella con el traje de látex y las botas.

Le pregunté si era lesbiana y que desde cuando. Me contestó que si y que desde hace un año, cuando una amiga de su madre la inició. Y que gracias a esa amiga había logrado llegar a límites insospechados en el sexo con otras mujeres. ¿Y solo lo haces con mujeres? Si ¿Y los chicos que te vienen a buscar? Fernando es mi pareja ante mi familia, pero en realidad es gay, y viene a buscarme para que mis padres no se huelan nada raro. ¿Y adonde vas de marcha? A la zona de Chueca. Siempre que salgo termino en la cama de alguna mujer que al día siguiente, después de dejarme su teléfono y prometerle que la volveré a ver, me deja salir de su cama y de su casa.
Algunas hasta me han pedido que me vaya a vivir con ellas. ¡Ya ves una que es guapa! ¿Y sabes lo mejor? Jennifer y Bianca, son bi, por lo que cuando vienen y no hay nadie en la casa, nos montamos unos numeritos impresionantes. ¿Tus amigas? Sí. ¡Pero si deben de tener un año menos que tu! ¿No? Tienen 18. Lo importante es tener las ideas claras de lo que quieres y con quien.

¡A propósito me encantaría penetrarte! - de repente exclama Amanda ¿Tú a mí? ¿Cómo? Con el pene de goma que has visto en el cajón, el que tiene correas. ¿No te gustaría que te follara? Pues si, la idea es tentadora ¿pero por donde? ¡Primero te voy a follar la boca, luego la vagina y para terminar el culo! ¿Vale? ¡Uhmmmm... me gusta la idea! Pero antes te tengo que preparar. Ven vamos al armario.

Nos encaminamos hacia el mismo y de un cajón sacó unas medias, un portaligas y un sujetador sin copas. ¿Qué numero de pie calzas Carol? Treinta y seis -contesté. ¡Que suerte el mismo que Bianca! Toma, ponte estos zapatos. Me puso en las manos un par de zapatos negros, con un tacón altísimo y muy sexys. Cuando estuve vestida, me dijo que me echara sobre la cama y la esperara.

Al poco salió del baño con el pene sujeto a sus caderas. Se había sacado los pechos y parecía un hermoso y atrayente travestí. Se acercó al borde y me ordenó que se la chupara. No perdí el tiempo, abrí mi boca y me engullí casi por completo aquel miembro de goma.

Pero lo que sigue ya es parte de una próxima historia, pues aparte de follarme como quiso y cuantas veces quiso, llamó más tarde a sus amigas y estuvimos toda la mañana y la tarde, gozando del sexo entre mujeres.


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