Mi actividad es la fotografía. Fotografiar y filmar fiestas, familiares, cumpleaños, casamientos, y donde se me contrate. Me considero un profesional que roba y enmarca la realidad. Todos los profesionales del rubro tenemos, como deformación profesional, ver cuando los demás miran, captar en una instantánea situaciones que tan solo nosotros observamos, nuestra memoria está desarrollada “ad hoc” de la profesión, por lo tanto solemos tener una memoria tal que nos permite recordar con total fidelidad situaciones y momentos lejanos en el tiempo. Lo que voy a memorar, es particularmente grato para mí, recordarlo es volver a sentir, les ofrezco mi recuerdo para vivirlo conmigo.
No ha pasado mucha agua bajo el puente, solo seis años, transitaba los treinta años, solicitan mis servicios para una fiesta de egresados. El día previo a la fiesta voy a casa de la homenajeada para tomar imágenes previas, que después se editó en vídeo o DVD y se exhiben al inicio del banquete, lo habitual. Llego a la hora estipulada, la madre me presenta a la joven Solange, y nos deja para realizar el trabajo, como la cosa va para largo se retira avisando que retornará en una hora, o poco más. Nos quedamos en la casa, solos, buscando sus lugares preferidos, con los objetos y trofeos más queridos, etc.
Solange, decide que el lugar elegido para las tomas sea, el rincón íntimo de sus afectos, su habitación. El objetivo está listo, comenzamos. Luego de la frialdad en las primeras poses, el trato se torna confianzudo y ella más zafada, la poses pierden la rigidez inicial se hace flexible, la incito a poner un poco más de onda, comienza a dejarse llevar por las indicaciones, más aún comienza a ser ella, retoza sobre la cama, gira a un lado y a otro, el destello de los flashes hace el milagro, la joven se siente una estrella, quiere posar a su estilo. Ahora es ella quien se ofrece para tomas más audaces, aunque más no sea para recuerdo personal.
Retorno de buscar un nuevo rollo de película, y la joven se vistió de “nena” es toda una “Lolita”. Baby doll, bien subido, más arriba del límite de la tanguita. La lencería transparente insinúa tanto, que mis ratones no me dejan concentrar. Toda la atención se concentra en ese cuerpo, culito espectacular ¡Rebueno! Detrás de la lente de la cámara oculto el estado de tensión, la excitación es inevitable, siento como el miembro se convierte en ente autónomo, cobra vida propia, ¡cada vez más vida!, no quiero mirarme para no aumentar el espectáculo impropio que debo estar ofreciendo. No puedo evitar la tensión propia por la situación en que pueda entrar la madre o algún otro familiar que esté en la casa y pueda creer lo que no es, soy víctima de exhibicionismo descarado de esta pendeja que de pronto perdió la chaveta.
Con dificultad por la calentura, el bulto del pantalón es harto elocuente, cumplo sus indicaciones y deseos, en todo, el sudor manos transpiradas. Casi terminando la sesión, se le ocurre una pose mucho más osada, todavía, hala hacia abajo el generoso escote, deja rebosar sobre el borde los preciosos pechos níveos justo al límite de los pezones. Como al descuido dejó que éstos se asomen a la realidad, se ven duritos, pezones tan erguidos y rosados, una invitación a ser mamados. Hay que ser de hielo para aguantarse la tentación de lanzarse sobre ellos y convertirse en ogro.
- Estoy bien, así o preferís acomodarme de otro modo.
Me acerco para corregirle la pose, su perfume se mete en mí. Como estaba recostada en el lecho, mi bulto, notable, queda próximo a sus tetas. Lo mira, se frota contra él. Estoy por explotar. Cara de “yo no fui” levanta los ojos me mira, recibe la mirada embelesada en la exhibición anatómica, se siente elogiada, el choto recaliente lo comprueba. Se pudrió todo, el mundo dejó de girar para ambos, como si no importara nada no volví tras la cámara: Ella era mi objetivo primordial. Nos besamos, con toda la ansiedad y el deseo puesto en los labios, fueron besos largos intensos. Las lenguas trasvasan las salivas, las mucosas se amigan, frotan y reconocen, sin aliento, apenas poder respirar. Separadas las bocas, me dice: - ¿Cristian, queda entre nosotros?, y sigue: Si hay alguna foto que te gusta, podés, quedártela, para tenerme.
- Sí, sí claro, entre nosotros.
Después de los besos la erección se puso imposible de soportar, la fricción exterior no alcanzaba. Sonriendo, pícara, me dice: - Así como estás no podes salir, esta calentura no se baja ni con una ducha fría. – Y... no. – Bueno te lo voy a solucionar, vení sentate. Me senté en la cama, ella bajó y se arrodilló entre mis piernas, el pantalón y el calzoncillo le sirvieron para acolchar el contacto con el piso. Comenzó a acariciarme el obelisco, desde la cabeza, deslizando hasta su base el cilindro formado por sus manitos, suaves, tersas que se van calentando al contacto con él. Con el pulgar retira el primer atisbo pre seminal, frota con el índice para apreciar la textura del fluido, luego lleva los dedos húmedos a sus labios, prueba el sabor con la lengua y el aroma frotando la nariz. Arrima la boca al glande y deja sobre una buena cantidad de saliva para distribuirla con sus manos a todo lo largo del miembro para ayudar en la fricción del sube y baja. El movimiento comienza lento, crece en la medida que apruebo su manipuleo con gemidos placenteros.
No me tardé mucho, la calentura había hecho lo suyo, no debió trabajar mucho más de diez o quince minutos para ponerme al borde de los fuegos de artificio. Rechazó la oferta de bajarse a rendirle los honores de una mamada, cuando la empujé hacia la cabeza se resistió y la sacó de la zona de fuego. Las contracciones le hicieron saber de la inminencia de la venida, aceleró el movimiento, debe haber sentido el tropel de espermatozoides tratando de escalar hacia la libertad, una mano siguió agitando el cilindro de carne trémula, con la otra hizo un paraguas contenedor para prevenirse del chorro lanzado al cielo, varios y gruesos rebotaron con la mano de Solange para volver a escurrirse por el miembro como la cera se derrite en el cirio ceremonial. Hubiera dado cualquier cosa porque me diera una mamada en ese instante, pero no accedió a la invitación explícita. La fiesta seminal fue recogida en higiénico y terminó lanzado al inodoro.
- Nos vemos en la fiesta, ándate, mamá debe estar por regresar.
Nos besamos en la despedida.
A la noche siguiente, la fiesta, el vídeo, más fotos. Nada, espero una señal, algo, nada. Es de madrugada, desconcertado estoy por retirarme, cargando los elementos de trabajo, la escucho:
- Cristian, hay mucha gente hoy, ¿mañana te llamo y nos vemos?
- Bueno, de acuerdo.
En la tarde del domingo, cumple y llama. Llego puntual, estaba esperando. Partimos en el auto, paramos en una zona alejada y nada transitada. Nos metemos mano a lo loco. Mira y se ríe al ver la erección inocultable, una carpa formidable. Llevó su mano a la erección, encuentra sola el camino, lo agarra con ganas y sacude con pasión. Devolución de atenciones, que le dicen, por debajo de la mini entro bajo la tanga, por instinto abre las piernas, busco entre los pendejos el camino al nido. Los dedos nadan en el abundante jugo de la conchita. El fuego que generamos, pone en peligro el interior del auto.
- Pará, pará, me vas a hacer acabar si seguís. ¡Así no!
- ¿Cómo? , preguntó inquieta.
- Vamos a otro lugar, antes de que vengan los bomberos para apagar el fuego que tenemos.
Rió por la ocurrencia. Llegamos al telo (hotel para parejas), duda, la tranquilizo y la apuro para el ingreso.
- No te va a pasar nada que no quieras hacer, solo haremos hasta donde quiera que llegue, cuando digas, nos vamos.
Hubiera prometido cualquier cosa, con tal que entrara. Tomamos una gaseosa, para que tomara confianza. Volvimos a meternos mano, ahora en la cama. Histeriquea un poco, mucha paciencia y persuasión fueron necesarios para dejarla como vino al mundo, en traje de Eva, pero sin la hoja de parra. Antes de darle tiempo a reaccionar, estoy desnudo y junto a ella. Inicio el ablande, besos de lengua, con todo, larguísimos. Parecía un pulpo, manos por todo el cuerpo de Solange. Cuando fuimos a los “papeles”, ella "arrugaba” un poco. Para ablandarla empecé por mamarle la tetitas, tan duritas y esos pezones parados, una delicia, gemía a más no poder, la novedad “la podía”. Seguí besando y bajando, hasta el pubis, abrí camino en el vello, separé los labios, y el interior de vagina se ofreció rosado y húmedo. Abiertos como estaban los labios, entré con la lengua dentro de ella, tomé su esencia.
Un profundo gemido fue la respuesta a la “paleteada” que le estaba aplicando. Presionaba con las piernas mi cabeza, que tenía entre ellas. La chupada de concha produjo un terremoto de sensaciones en este sexo virgen, lo supe en ese mismo instante, me grito: -¡Soy virgen tómame! De pronto la intensidad de la pasión desatada, con epicentro en la concha, la hizo llorar, no entendía nada, se estremecía. Me salgo de su “boca” y le hablo, sin dejar de acariciarla toda. Le explico que está teniendo un orgasmo. Cuenta que por las noches, en especial la de anoche, se toca y tiene sensaciones, nada parecido a esto. Ríe, está contenta, predispuesta a perder la virginidad ahí y ahora, a conocer que hay más allá del himen. Ansiosa y miedosa a un mismo tiempo, por pasar de niña a mujer. Le pongo el pene en la mano, para que se vaya haciendo “amiga”, que lo acaricie y lo bese. Se “amigan”. Ahora estoy llevando al “amigo” al agujero virgen. Lo froto en él, sobra lubricación, la tomo de las caderas, sosteniéndola y atrayéndola hacia mí. Presiono suave, reacciona repta, subiéndose por la cama. Vuelvo a intentarlo, trata de subirse, no puede, la tengo retenida.
Se repitió no sé cuantas veces, hasta que de una buena vez le entré todo, al mango. Se quejó del dolor al perder el virgo. Sigue quejándose y gimiendo, pide que no me mueva. La llené de besos y caricias para calmarla, el bicho adentro, muy duro, sin moverse, para que se acostumbre a él. Debió ser por la excepcional calentura, que se mantuvo tanto tiempo dura, sin moverse, no puedo estimar cuánto duró este martirio, era un suplicio aguantar de ese modo. La concha se siente más húmeda, después sabría que era sangre virginal del himen roto. Muy, muy lentamente empecé a moverla, dolorida, no ayudaba mucho, pero fuimos tomando un ritmo más aceptable para al final, sacudirla con todo, a pesar de sus quejas. El canal se sentía muy estrecho. Al final le llené la concha de semen. Quedé adentro de ella totalmente duro el pene, y se lo removí otro poco en la argolla, lo suficiente para que tenga otro orgasmo, el primero como mujer.
Dejé el nido, la polla salió condecorada con rastros de la virginidad perdida. Una toalla ayudó a controlar la sangre de su virginidad maltrecha. Quedó con la toalla presionando contra la concha hasta que terminó de fluir la roja muestra de la entrega. Recién ahí tuve chispazo de conciencia, la calentura extrema no me dejó lucidez para pensar que debí usar condón en la ocasión o por lo menos no acabar dentro, demasiado tarde, la macana ya se había concretado.
- Mirá Solange, yo no tuve la lucidez y la precaución de haberme puesto el forro antes de hacerte mujer y para colmo te dejé todo el semen dentro, no te preocupes esto tiene solución, yo me hago cargo, todo fue mi culpa...
- Tontito, no te hagas ningún problema, yo sabía, no estoy en los días peligrosos, en tres o cuatro a lo sumo me vendrá la regla, no hay de qué preocuparse. – La joven había crecido, actuaba como una mujer. Ahora lo era totalmente.
Después de bañarnos y recomponernos de las emociones pasadas nos fuimos del telo, más de cuatro horas se prolongó la encamada. La dejé frente a la casa, caminaba con alguna dificultad, le dolía. Mi pañuelo iba reteniendo las consecuencias, la tanga lo sujetaba contra la cocha lacerada y agrandada. Salió una niña alegre y ansiosa, y regresaba una mujer, dolorida, colmada de leche y felicidad. Después de este delicioso inicio se tornó habitual que al menos una vez en la semana nos encontráramos para una fogosa relación. La novata, no tanto a altura de los hechos, había desarrollado cualidades amatorias propias de la más experimentada de las profesionales del arte del sexo. Era una máquina sexual no tenía medida, siempre quería un poco más, excelente mamadora y degustadora de lácteo, conocía al dedillo qué y cómo me gustaba, gozaba como ninguna el placer del orgasmo que le hacía “boca a boca”. Todo era bien recibido, pero la cola seguía esquiva a mis malogradas intenciones de estrenarla, tenía un miedo reverencial al miembro, su tamaño y potencia. Por delante y en la boca, cómo y cuanto me diera la gana, pero por atrás... siempre en guardia para salvarla, la clásica frase “...-aún no estoy preparada para eso” cerraba el esfínter a todo contacto. Pero salvo esta negativa, todo seguía sobre rieles, suponía que esta negativa no tenía demasiado futuro, era cuestión de esperarla.
Pero... y sí siempre hay alguna nube que tapa el radiante sol, y esta no sería la excepción, con el correr de tiempo se volvió más y más demandante de atenciones, una vez por semana era poco, dos también lo eran, el celular no paraba de registrar sus emergencias sexuales, a cada rato. Pero... no solo de sexo vivimos, para colmo de males mi trabajo está pautado por las necesidades de los clientes, los trabajos deber ser estrictos en día y hora, no se puede posponer una ceremonia o una celebración de cumpleaños, por ejemplo. Cada vez menos tiempo implica menos ingresos y todo termina por transformarse en una suma de calamidades que el sexo fogoso pueda sustituir. Contra todos mis deseos tuve que ser drástico, cortar esta relación que amenazaba con llevarme cuesta abajo en la rodada hasta dar contra el acantilado de la dura realidad.
La vida da tantas vueltas, tantas, que en una de esas, a los cuatro años, en una fiesta a que concurrí a desarrollar mi arte, me encontré mirando una silueta que me resultó familiar, posé la mirada en la curva de ese cuello, bajé por su espalda para detenerme descaradamente en sus caderas, de golpe la dueña de la silueta se estremeció, como si una mano invisible se hubiera posado sobre ella, giró su cuerpo hasta verme. Notó que estaba arrobado mirándola fijamente, esto la turbó y descolocó haciendo que apartara la mirada rápidamente y cuando volvió a mirarme sentí una especie de ahogo, como si fuera a ahogarme en el abismo de su escote pródigo, pechos, más grandes y más hermosos. Breve instante en que nuestros ojos parecía que se hablaban, transmitiendo algún mensaje secreto, se volvió nuevamente y siguió en la conversación con otras personas.
Dentro de mí pasó de pronto, como en cuadros de fotogramas todos los momentos vividos con ella, reviví en un instante todo el tiempo que pasamos junto. La sorpresa activó los mecanismos de la memoria selectiva, descartó lo malo y agrandó los buenos momentos. En un momento de la fiesta pasó, nos volvimos a encontrar, no hubo sorpresa ni preguntas sin respuesta. Quedamos en venos, le di el nuevo número del celular, se dio cuenta sin más comentarios que el antiguo fue cambiado para no soportarla y cortar el contacto.
“Te espero en el pub Tony, estoy caliente”, el display del celular identificaba como “número nuevo”. Ni falta que me hacía para saber que el llamado del sexo de Solange que estaba esperándome. Terminé el whisky, ella la gaseosa, nos levantamos, raudamente, sin más tiempo que perder, volando al hotel más cercano.
Estaba más linda, la belleza de siempre realzada por el aplomo de la experiencia, más sabia y perfeccionada en todo lo del sexo. Siempre demostró cualidades y calidades en hacer del sexo, cada relación era un acto para calificar con “un sobresaliente”, ahora volvía por sus fueros, lo mimo de antes, pero mejorado y aumentado, vaya si lo era, lejos estaba de imaginar esa cueva que abrí por primera vez a fuerza de calentura y deseo, con el uso de mi aparato, de tamaño nada despreciable había conseguido que ella se adaptara sin mayor dificultad al tamaño, pero ahora el pasadizo estrecho era el canal de Panamá. De la estrecha que conocí ni rastro, la tenía agrandada, tanto como si lo hubiera hecho con un burro.
Creo ser todo lo gráfico que la grosería me permite, no vayan a creer que es meramente una imagen, sino que en pleno juego digital, pedía más, más y más. – ¡Todo, todo! ¡La mano! ¡Entera! El pedido sonó como un mazazo, se sacudía frenética, y pedía más, ¡toda la mano! ¡Dale que me muero! Nunca antes había vivido tal cosa, no sabía cómo hacer, seguía pidiendo más tamaño dentro de ella. Acomodé los dedos, juntándolos para ingresar en ella, presa de una calentura incontenible se mordía el labio inferior, con las manos se aprieta los pezones, la mano se va perdiendo en ella hasta ser devorada por el ogro que anida en su vagina. Mis ojos no podían dar crédito a lo estaba sucediendo, en vivo y en directo, en película porno se ven situaciones, jamás imaginé que podría pasar, cuanto menos a mí. Los movimientos difíciles, pero gratificante a juzgar por el semblante de Solange, estaba gozando, juro que nunca antes la había visto de tal modo. Ella disfrutó el contacto manual (toda la mano, ¡qué puta!), yo nada más que sorpresa.
A mi turno de sexo oral, lo hizo mejor que antes, demostraba estar galardonada en “mamada” con nota de 10 puntos y sobresaliente. El sexo para ella no tenía secretos, sabía dónde y cómo hacerse a un hombre para dejarlo sin una gota de leche, exprimía hasta el suspiro. ¡Qué cogida que me pegó! Debía estar con hambre de sexo, me dejó para arrojar la toalla y perder por nock out técnico. Después de la ducha, cachondeo verbal mientras nos poníamos el uniforme de personas, deja deslizar así como al pasar:
- Fuiste malo conmigo.
- ¿Por qué? -contesté con curiosidad.
- ¿Porque no me hiciste la cola? Mentiría si dijera que era algo extraño, viendo como se movía era dable esperar, pero el contexto en que me lo dijo, casi como al pasar, algo que siempre había deseado de ella sin conseguirlo viene ahora y de forma tan irregular, fuera de la secuencia de una sesión de sexo de la que nos estamos despidiendo. Sin tiempo material, pocas energías para levantar el guante, el comentario sonó como un desafío, pero acepté el evite y me disculpé, como si fuera necesario, quedamos en que para la próxima no sería “malo”, le daría lo que pedía. Sin demorarme más le solté mi oferta -¿Mañana por la tarde te viene bien? - Sí, claro, quedamos así.
Lo prometido es deuda, se produjo el encuentro, volvimos al mismo lugar del día anterior. Desde la despedida estaba obsesionado con la posibilidad de tener su parte anatómica privilegiada por mamá naturaleza, no pensé en otra cosa que no fuera en su cola. Tan pronto como la cama nos recibió mis manos fueron directo a tocar esa obsesiva parte, colabora en hacerme desearla, sin histeriqueos, tan solo juego erótico para darme más gusto. La cueva húmeda proporciona lubricante apto para usar el oscuro objeto de deseo. Se colocó de bruces sobre la cama, una almohada doblada bajo el vientre la elevó, se ofrece desafiante. Una chupadita previa y su saliva fueron como óleo bautismal, el bautismo de fuego. Apoyarla en el borde del esfínter, el calorcito se transmite por la columna de carne ansiosa, cuando llegó a mil grados centígrados, me voló la cabeza. Estaba delante del “ortjetivo” a punto de abrírselo, apreté el disparador y como el destello del flash vencí la pobre resistencia muscular, toda la cabeza se perdió dentro de ella, paré para saborear el sabroso apretón, gozar el momento sublime, mete y saca, con breve desplazamiento, tan solo la cabeza para prolongar el placer supremo de la situación.
- ¡Dale, avanzá, no seas malo! ¡Métela toda! Te necesito dentro, todo adentro. -¡Rómpeme el culo, rom...pe...lo...!
La urgencia de Solange, atrajo mi humanidad hacia sí, la complací, de un solo envión llegué hasta los huevos. El recto se sentía algo estrecho y húmedo, el miembro se desliza con facilidad, totalmente caliente, me transmite su fuego. La muy puta se mueve favoreciendo la entrada a fondo. Movía todo el cuerpo, frenética, una máquina sexual con el potenciómetro a máximas revoluciones. La culeada, brutal y violenta, torbellino de pasiones descontroladas. Desesperada dice: -¡Ya, ya, ya...! Con todo lo que me quedaba, encendí el motor, la potencia a pleno, máximas revoluciones, como para reventarla, demorarme en el intento era solo una utopía, ella pide ¡ahora!, el deseo quiere más, la carne el débil y se deja vencer por los movimientos de su cuerpo. A todo o nada, como para reventarla y me voy dentro, con todo. Sentí fluir el semen con intensidad, y con él me aflojó el dolor y la tensión en los testículos por la leche retenida, el deseo de años de deseo se colmaron de realidad. No podía dejar de mirarla, tenía la vista fija en ese agujero que me retenía una eternidad dentro de ella, con la mano tomé el miembro para salirme despacio, muy despacio, demorando abandonar la octava maravilla, salió del todo el glande. El túnel deshabitado de carne se muestra como un conducto abierto, tanto como no me hubiera imaginado nunca, dilatado, paredes rosadas levemente brillante, estaba mirando la maravillosa funda que fue supremo contenedor de mi pasión exacerbada por hacerlo mío desde el primer día que la vi. Ahora, por fin lo había hecho mío.
Acabó también, y cómo lo disfrutaba. Nos derrumbamos, de costado, volví a enchufarme en su culo, conectado a esta máquina sexual. Dormitamos por el cansancio producido en la ejecución de este polvazo. Desperté abrazado a Solange, la polla se salió sola, no estaba en el culo de Solange. Nos despedimos, quedando en volver a vernos...
El deseo está cumplido, no quedan deudas pendientes, el “volver a vernos” nos parecía que una frase de compromiso de esas que se dicen para cumplir y nada más.
Me interesaría conocer la opinión de mujeres, jóvenes sobre todo, aclararme y poder elaborar este conflicto, cómo aprendió tanto, con quién. Ese sentimiento de propiedad hacia todas las mujeres que ocuparon un lugar en nuestro corazón, y aún abandonadas deberían seguir siéndonos fieles.
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