Esta historia arranca al final del último año de mi carrera universitaria. Era a mediados de la década del 90 y me encontraba estudiando en La Plata.
Esa tarde estábamos con mis compañeros, en la organización del próximo viaje de egresados. Había asistido a una de las últimas reuniones antes de nuestro viaje. No conocía a muchos, pero como iban un par de amigos decidí ir al viaje. El destino era Brasil. Mientras esperaba que empezara la reunión y charlaba con uno de mis conocidos, una morocha se acercó a decirle algo y nuestras miradas se cruzaron dejando la sensación de que ahí había algo por empezar. Sentí su mirada y mi cuerpo reaccionó con esa sensación de adrenalina que te hace saber que estás enfrente a alguien especial.
Se llamaba Mercedes, lo supe después, y es una morocha de altura normal, ojos negros profundos y hermosos y una cola exuberantemente parada. Con jeans o con pollera no podía dejar de mirar esa cola. Se la miraban hasta las chicas. Sus piernas son fuertes y finas, junto con sus pechos medianos, pero de armoniosa forma, la hacen una mujer completa. Sus ojos hablan, invitan y seducen. Es impresionante su mirada.
Yo en ese momento seguía enredado como siempre con ex novias, amantes y amores cercanos. Pero no puede olvidarla más y fue lo primero que busqué en la sala de embarque de aquel vuelo de Pluna con destino a Brasil.
Tuve que conformarme con verla de lejos, pero sabía que ella era conciente de mi presencia. El vuelo fue complicado pero al fin llegamos y tuvimos nuestra primer noche en Florianópolis. Fue la única noche que fuimos casi todos al mismo lugar, luego cada uno hacía la suya.
De nuevo me di cuenta que sabía que yo estaba allí. Tenía un vestido liviano que le insinuaba permanentemente la cola según sus movimientos. Me acerqué, la invité con mi cerveza y la llevé a bailar. Dos temas más tarde pusieron lentos. Luis Miguel. Bajaron las luces y la tomé de la cintura. Sólo atinó a abrazarme con una distancia prudencial, pero con el roce inevitable. Con el paso de los temas y sintiendo su cintura en mis manos nos fuimos juntando cada vez mas. Mi erección era notable y tuve que acomodar mi miembro para arriba en la forma más disimulada posible. Sin querer terminé apoyando todo mi pene sobre el bajo vientre de ella. Estaba loco y me estaba imaginando muchas cosas que no pasarían. Después de un par de temas más y con su agradable cercanía se fue sin más.
Esa noche que hablé, pude ver que no sólo era hermosa, sino que la pasaba bien charlando y que tenía un sentido del humor y manejaba la ironía con sutileza. Disfrutaba de estar con ella.
Esta situación se repitió varias veces más y el problema resultó ser su novio que esperaba en Argentina. No podía y no quería que pasara nada. La atracción era obvia. Nos fuimos buscando momentos para estar juntos y pasarla muy bien, pero sin ningún contacto más que abrazos y estar tomados de la mano. El mejor momento del viaje fue una de las últimas noches que la pasamos juntos en su cuarto abrazados en la cama sintiendo nuestros cuerpos y sin darnos ni siquiera un beso, estando solos y a escasos centímetros. La calentura era infernal y esperaba el desenlace, creo que al igual que ella, de esa situación.
Pero no pasó nada más y regresamos a Buenos Aires. En el viaje volvimos sentados juntos pero ni hablamos, sólo nos comimos mirándonos y escuchando música con el mismo walkman. En el aeropuerto le pedí el número de teléfono, al que me dio con la certeza de que no pasaría nada y que no sabría si nos volveríamos a ver, ya que me remarcó que quería seguir con su novio. Esta vez intentó ser terminante.
Yo no estaba resignado a dejar pasar tan inteligente y hermosa mujer.
Ya en La Plata, fui acercándome. Elegía momentos para llamar y poder quedarnos hablando y ella me ponía al tanto de la situación con su novio y de lo conflictiva que se ponía la finalización de su compromiso debido al cariño que le tenía pero que esta situación le había hecho replantear la relación. Esperé ansioso el momento de la ruptura final y cuando tuve la oportunidad de encontrarnos en su casa, dejó de ser una relación de miradas y nos comimos interminablemente a besos toda una noche- Nos acariciamos, besamos, chupamos, pero no tuvimos sexo. Eso sucedió unos días después en su departamento.
Llegué e intentamos tomar algo e intentamos mantenernos con ropa. Pero el placer había estado sujetado por días y volvimos a comernos. Necesitábamos sexo. Desabroché su camisa y me estremecí al besar sus pechos sobre el corpiño transparente. Los pezones estaban duros y rozados. Bajé pos su abdomen, su cola, sus piernas... Tenía una bombachita mínima haciendo juego con el corpiño. La besé, pasé por unos segundos por su sexo rozando con mi lengua. Era un mar. Ella hizo lo propio. Me besó las tetillas, me encanta... las orejas, el cuello. En esa época (más que ahora) tenía los pectorales marcados y a ella le encantaba. Bajó y desabrochó mi pantalón mirándome a los ojos con inocencia. Rozó con su cara mi boxer. Deslizó por una pierna su lengua. Pasó por mis testículos. Besó mi sexo fugazmente. Caímos sobre la cama, saqué su less, perdí mi boxer y con un movimiento eternamente lento entre en ella. Sentí los centímetros entrar y empaparse. Nos movimos abrazados y sin mucho más que besarnos y abrazarnos fuertes. Hice lo posible para que llegáramos juntos. No duró nada. El tiempo que nos habíamos esperado hizo breve el desenlace. Nos quedamos abrazados mimándonos. Pero esos mismos mimos nos pidieron más. Pero fue más sexual. Besé y chupé sus pechos. Levanté sus ancas y puse debajo una almohada. Me retiré y me apoyé con mis brazos en la cama para verla debajo de mí y ver como entraba mi polla. Ella empezó a gemir.
Si, si...
Sos hermosa mi amor
Si, si, cojeme lindo - me volvió loco que usara esa palabra -
Si, si te voy a coger toda - Ya estaba loco y apuré mis movimientos para que llegara
Te siento, te quiero ahí, ahí. Si, si, si..... ahhhh Siii
Me encantó y me tuve que aguantar. Verla como se corría era hermoso. Estaba con el rostro para el costado y cuando la miré a los ojos pude ver sus incipientes ojeras. Me vuelven loco las ojeras.
El tiempo siguió y siguió nuestra relación con un inmensa dicha para ambos. Nuestra pasión se acercaba más al amor que a lo sexual. Lo hacíamos bastante seguido, siempre que podíamos, con dulzura y algo de morbo. Tradicional. Es en esa etapa que te conoces. Gemís, pedís sin querer, pero no hay algo sexual premeditado a más de la ropa o algún detalle pequeño. Pero faltando poco para mi cumpleaños me dijo que ya tenía mi regalo preparado.
No me quiso decir nada hasta la noche de las vísperas. Bebimos unas cervezas y nos metimos a la cama. Comenzamos como siempre besándonos, nos encantaba besarnos. Su boca es hermosa. Yo por mi parte tengo una boca carnosa, gruesa. Luego nos besamos por todas partes hasta que la penetre. Esa vez yo estaba arriba, me gustaba ver su cara y además aprovechaba para agarrar su cola con ambas manos y de paso le introducía más de un dedo en su cola. Me gustaba que me sintiera por todos lados. Pero esa vez ella se dio vuelta a poco de comenzar.
La quiero por atrás- dijo
¿Que mi amor? - le pregunté
La quiero sentir por atrás, por la cola.
Agarró de la mesita un aceite de bebes y se puso ella y me untó mi pene. Presenciaba la situación extasiado de placer. Me untaba mi pene con delicadeza con un aceite que producía el placer del tacto y el de la vista. Era increíble la sensación. Se dio vuelta y se pasaba por la cola introduciéndose un dedo con el aceite. Ya no podía más. Demasiado espectáculo. Apoyé mi miembro en su orificio y solo se fue deslizando en su interior. Sentí que al principio para ella era un tanto doloroso. Fruncía el seño y abría la boca como necesitando aire - Mi pene es de tamaño normal pero proporcionado y según me dicen "lindo", remarcado por venas y fibroso - pero se fue perdiendo y yo veía como sucedía y mi pene se hinchaba y entraba. Luego caí sobre ella y nos quedamos así. Abrazados y unidos. En silencio.
Te gusta - me dijo
Si mi amor... estoy loco
Este es tu regalo de cumpleaños
Gracias hermosa... - alcancé a decir -
Pase mi mano por delante y jugué con su clítoris duro y empecé a meter un par de dedos en su coñito. Comenzamos un movimiento corto y suave que se empezó a prolongar y a apurar. Mis manos no alcanzaban para agarrar todo lo que querían y mi boca para besar todo su cuerpo. Ya entraba y salía con fuerza y gemíamos.
Si mi amor - decía - Fuerte, la quiero toda, dale fuerte... tocame, tocame... cojeme
Me enloquecieron sus gritos, sus palabras. Yo sólo escuchaba y le decía si al oído. Nos corrimos a los gritos. Desesperados. Nos dormimos abrazados.
Pasé un cumpleaños hermoso. De ensueño y no podía contar a nadie la razón de mi felicidad. Me lo guardé. A veces sentía el rigor que había tenido mi pene y me hacía recordar la noche anterior.
Nuestra relación continuo, pero desde esa noche el morbo ocupó otro lugar. Estaba ahí, siempre esperando. Empezamos a hacer otras cositas, como coger en la ventana, por si nos veían o masturbarnos en el colectivo en el viaje a Buenos Aires o haciéndolo en alguna fiesta en el baño o en el parque. Empezamos a jugar. A decirnos que nos permitiríamos. Hablamos de nuestras fantasías. De ver como lo hacían otros. De agregar a alguien en nuestras fantasías o en nuestras realidades.
Recuerdo una tarde en mi casa. Estaba acostado y me avisaron los chicos con los cuales vivía que había venido Mercedes. Pasó a la pieza. Cerró la puerta y empezamos a jugar y a coger. Me ponía algo nervioso la situación y ella la disfrutaba. En un momento ella estaba sentada arriba mío con mi miembro adentro suyo. Me pasaba la lengua por la cara pero no me dejaba besarla.
Estoy muy caliente - me dijo
¿Si?
Quiero coger con otro tipo
Con quien - le digo siguiendo el juego
Con otro, con cualquiera. Quiero tener más de una polla para mi...
¿Si?
Si, quiero chuparlas, sentirlas..
¿Cuántas quieres?
Cuántas? Por ahora la tuya y otra
En ese momento la di vuelta, la saque de su coñito y se la metí por el chocho. Fui brusco pero eso la calentó aún más.
Quiero gritar - me dijo
No, hay gente. No seas puta
Soy tu puta
Hago pasar a todos y te cogemos entre todos
No dijo nada más, pero el polvo se hizo furioso y acabó mordiendo la almohada y mirando con esa cara de "te juro que lo haría con todos".
Empezamos a fantasear con hacerlo con un hombre más y luego con incluir una mujer, pero siempre de a tres. Eso era lo divertido, que los dos pudiéramos dominar y jugar con esa situación.
Una noche de jueves salimos a un bar de moda donde se juntaba gente moderna y roqueros, pero los jueves era un ambiente raro, había además gente que caía por ser unos de los únicos bares abiertos y con gente hasta tarde para un jueves.
El lugar tenía como habitaciones y balcón. En un momento me dice:
Mira el chico de la barra
Si, le digo
Parece que llegó recién del campo
Parece del interior - digo
A mi me gusta....
¿Qué quieres hacer? ¿Te lo quieres coger?
Estábamos en el balcón a media luz y ella apoyada sobre mí. Rocé su bombacha por debajo de la pollera y estaba mojada, caliente.
¿Estás calentita?
Estoy un poco borrachita- dijo
Y caliente?
Si
¿Quieres cocértelo?
No sé
Dale, te lo regalo
No sé...
¿Quieres dos pollas?
Me miró con cara de puta y me di cuenta por donde venía. Era un chico de escasos 20 años. De estatura y cuerpo normal. Peinado con raya al costado y anteojos importantes. Camisa a cuadros, jean y zapatos. En el lugar resaltaba un poco. Nos acercamos a la barra y empecé una conversación con él. Me contó que estaba inscribiéndose para la facultad del próximo año y que le dijeron que era unos de los únicos bares que estaba abierto y quiso dar una vuelta. Estaba en un centro de estudiantes parando hasta terminar con el trámite.
Lo invite un trago y otro. Seguimos charlando hasta que Mercedes le dijo si quería bailar y yo me fui al baño. Los miré y veía a ella con esa cara de puta seduciendo al chico.
Volví y me acerque. Ella venia y me decía "Quiero tener las dos pollas para mi", "Dale, llévalo a casa, dale..." Como era del interior no me hice problema y le dije si quería venir a tomar algo a casa. El lugar ya no daba para más. Se prendió y fuimos la casa de Mercedes.
Cuando llegamos puse un disco tranqui, prepare unos vasos de cerveza y fui al baño, haciendo una seña para Mercedes. Estábamos todos alegres. El alcohol ayudaba. Al volver del baño estaban bailando lento. El se quiso separar disimulando. Mercedes se me acercó y me dijo "tiene una polla gorda..."
Se la agarraste?- pregunté
Me la apoyo toda - contestó
Te gustó?
Dale... empieza...
La besé con exageración y le empecé a tocar la cola sobre la pollera, nuestro amigo miraba y se acomodaba el pantalón. Estaba parado al pie del sillón mirando sin entender mucho lo que pasaba. Le levanté despacio la pollera para que vea la bombachita pequeña. Mercedes me decía guarradas al oído. Estaba media borracha y toda puta. Le hice señas y se acercó. En ese momento la hice girar a Mercedes y se trenzaron en un beso caliente. Me dio una sensación extraña. Tenía celos y la polla parada al palo. Quería verla chupar polla y al mismo tiempo me daba envidia el beso.
Nos fuimos desvistiendo intercaladamente. Primero yo y después el muchacho, que era totalmente lampiño con un buen cuerpo. Se quedo en calzones y Mercedes comenzó a bajar besando el pecho hasta que bajo la ropa interior y se encontró con un polla de largo normal y gorda que se metió en un saque a la boca. Con devoción. Yo le acariciaba las tetas arrodillado atrás de ella y veía como se comía esa polla a escasos centímetros. Le escuchaba la saliva.
La levanté y lleve para la pieza. La desvestimos entre ambos. Me tiré sobre la cama y ella arriba mío en un 69. Ofrecía toda su cola y mi cabeza perdida entre sus piernas a nuestro compañero. Levantó la cabeza y lo llamo a él.
Vení... - dijo - El chico me miró y le hice una seña para que se acercara y lo hiciera.
Retiré un poco mi cabeza y pude ver desde abajo como esa polla gorda se abría paso en ese coño mojado y caliente. Intenté chupar su coño pero no pude. Me levanté y le di mi polla en la boca. Casi no podía chuparla entre los jadeos y las sacudidas. Tenía una cara de puta increíble. Gozaba, era una reina.
El chico se comenzó a apurar y ella a correrse. Minutos terminaron con la calentura de toda la noche de espera. Sacó la polla y se corrió sobre la espalda y ella disfrutaba intentando agarrar un poco de semen y esparcirlo sobre su cuerpo. Yo que ya me masturbaba por mi cuenta y ante el espectáculo, también me corrí. Mezclamos nuestro semen en su espalda. Nos recostamos. La besé a Mercedes despacio en los labios y me dijo suavecito: gracias mi amor.
Nos lavamos un poco, yo me retardé bebiendo una cerveza y cuando regreso estaban a los besos sobre la cama. Los miré unos minutos y ya estaba al palo nuevamente. El se recostó y ella se subió arriba de él. Ella sabía lo que venía. EL chico sólo hacia lo que le decíamos. Se introdujo su polla y empezó a moverse, se notaba muy caliente. Le arrimé mi polla a Mercedes y empezó a chuparla, estaba, también, muy caliente.
Fui hacia atrás y contemplé como esa polla gorda y húmeda se perdía en su coño. Con su mano le acariciaba los huevos largos. Me sentí raro, excitado con mucha adrenalina por lo que veía. Es una sensación extraña y placentera. Comencé a chuparle el culo con calentura y a apoyarle la polla. Quería que la pidiera. Después de jugar con mi polla en su culo e intentando que entrara junto con la de nuestro compañero en su coño se la apoyé en su cola. Entro suavemente y deje que siguiera sola, mientras sentí las embestidas del chico y los jadeos y gritos de Mercedes que se estaba comiendo las dos pollas juntas. El chico cada vez más emocionado me hacia poner a mil y empecé a bombear cada vez más fuerte. Mercedes estaba delirando y maldiciendo, hablaba guarradas sobre pollas. Se descontroló de gritos y esfuerzos y nos corrimos en un minuto los tres. Yo sentí el orgasmo y lo mantuve por unos instantes interminables. La presión se sentía en todo el cuerpo. Exquisito. Glorioso.
Mercedes quedó desmayada. Yo saqué fuerzas despedí al chico previo taxi y me tiré a dormir. Esa fue la primera noche.
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