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Verano inolvidable   (Sexo Anal)
 
AUTOR: josebi
 

La residencia estudiantil estaba prácticamente vacía. Los malos estudiantes justamente represaliados por las familias, sesteábamos en nuestros cuartos con las persianas bajadas, solamente con rendijas en las persianas ocultándonos del sol.

Una vez más, ante la imposibilidad de permanecer sentado frente a la mesa de estudio, resolviendo un ejercicio de física más de un minuto, me había tumbado en la cama, con la engañosa intención de repasar unos textos sobre materiales de construcción.

Pronto los apuntes cayeron de mi mano y comencé a sestear acariciándome sobre el bañador, que era mi único atuendo. Lo deslicé hacia mis rodillas y mi pene surgió semi erguido pues aquel verano me estaba pajeando más que nunca.
Comencé a pensar en mi novia:

Estábamos tendidos en el césped, lejos del resto de la pandilla. Yo intentaba en el abrazo, restregarme contra su falda que cubría sus muslos apretados con una doble (pensaba yo) finalidad: Blindarse contra mi ataque y apretar los labios de su coñito tan prohibido para mi.

¡Tantas veces lo soñaba masturbándome! Pero solamente lo había vislumbrado reflejado en un espejo de tocador alargado por mi brazo desde la ventana contigua al baño donde se duchaba, en casa de mi prima. La espuma de gel agitada por sus manos sobre los incipientes rizos de su pubis subió la sangre a mi cabeza de tal manera que creí que me iba a estallar la frente. Cuando abrió la boca, pajeándose con una mano, el espejo no se fue al patio milagrosamente. Al patio si que fue el chorretón de leche de mi orgasmo.

Pasaba aquel verano en casa de mi prima, y mis tíos bajaban frecuentemente a cenar a la playa. Aquella noche no podía estar más caliente, al parecer el riego de leche por el patio de la tarde no me había aliviado suficientemente.

Después de la cena, la chica de servicio Mariela (una recia morena de 18 un poca mayor que mi prima) que decía estar aprendiendo a bailar, se vino al comedor con nosotros al objeto de que los señoritos la instruyéramos.. Insistí que convenía iniciarse con un bolero y que mi prima hiciese de pareja-profesor. El que puse, no podía ser más lento. Sentado en la butaca con las piernas abiertas observaba a la extraña pareja, curiosamente bailaban muy juntas y sus tetas (Mariela tenía unos senos como peñones y mi prima no le iba detrás) se rozaban.

- Mariela: así no, ven para acá.

Volví a repetir el disco y sin más, le pasé los brazos por la espalda y las manos en el culo. Comenzamos un vaivén lento lentísimo. Ella bailaba mejor que yo. Todo era una burda excusa. Cuando le arrimé el paquete se echó hacia atrás levemente, más a la segunda vuelta ya le restregaba el coño con mi tranca que volvía a reventar.

Mi prima nos miraba sentada con las piernas cerradas y la mano sobre la falda entre ellas. Tenía una mirada brillante. La clase duró bastante pero aún no me había manchado los pantalones. Mariela había tenido espasmos un par de veces, los ojos de mi prima con la mano cada vez más apretada contra el regazo brillaban. Solamente de pensar lo húmedas que estarían aquellas dos braguitas me estremecía.

El baile se interrumpió, la "muchacha" con la excusa de que podrían llegar los padres de Mayra (mi prima) sorprendiéndonos, se retiró a su habitación. Supongo que no podía más y necesitaba urgentemente acariciarse el chichi para correrse y poder dormir relajada. No tenía novio la pobre, con lo buenísima que estaba.

Alguna vez la había espiado desde el tragaluz de la escalera. Era de una parsimonia escandalosa. Se tumbaba boca arriba en la cama. Comenzaba con el escote. Se magreaba las tetas bajo el sostén, que finalmente desabrochaba, continuando el masaje a los pezones que ya miraban hacia arriba como una vela. Se frotaba los muslos de dentro afuera rítmicamente. Después una mano sobre la braguita. El dedo índice de arriba abajo de una forma primero pausado y luego frenético. Tengo que reconocer que mi observatorio era privilegiado divisando su cama. Hasta tal punto que podía apreciar como se obscurecía la puntilla de las bragas en la zona del pubis.

Los dos primitos nos retiramos igualmente. Estaba ya en la cama hojeando "El Marca", cuando me sobrevino un cólico que casi me hizo gritar. Me incorporé asustado llevándome la mano al bajo vientre. Me desnudé y retorciéndome de dolor sobre la almohada que me había puesto debajo. Más tranquilo reflexioné y se me ocurrió pensar que aquello podría se un "recalentón", según me había relatado Rodolfo detallando su experiencia meses atrás. Efectivamente, comprobé acariciándome, que tenía los huevos hinchados y duros como rodamientos de acero.

Rodolfo me había instruido en el remedio: Hacerse una pelona de inmediato intentando no manchar del lefa la pared de enfrente en el baño. Con tanta potencia me dijo que le había salido su leche (más intensamente que en su paja prima) que se tuvo que subir a una escalera para limpiar el plafón encendido, manchado con su leche, humeante al calor de la bombilla.

Me seguí acariciando las bolas, pues sentía un placer al sobarlos tan duros que contrastaba con el dolor intenso en las ingles. El dolor me subía hasta los riñones. En esas estaba revolcándome en la cama y magreando mis bajos, cuando de pronto me digo !tengo que buscar ayuda! Sigilosamente me dirigí a la habitación de mi prima, entré por sorpresa y bajo las sábanas ella se giró de espalda, vamos que le interrumpí su manoseo.

Portaba un camisón de hilo, húmedo de sudor que se le pegaba al cuerpo y el escote semienseñaba sus peras firmes y turgentes.

-Primo por favor qué pretendes.

-Mayra tengo un problema, debes ayudarme Sabía por un amigo, que con su noviete no follaba, pero él alucinaba con las pajas que le hacía en los sitios más extravagantes: ascensores, cines, coches, lavabos de chicas etc.
-Mira que congestión tengo.

Llevé sus manos a mis genitales y mostré mi picha erguida como un mástil. Al momento me encontré con las mejores caricias que nunca me hubiesen realizado en las pelotas. Ella sobaba y sobaba la dureza de mis huevos. Levanté su camisón y su vulva estaba absolutamente mojada. Le metí el dedo hasta el fondo escuchando sus suspiros... Lo saqué metiéndololo húmedo en su boca.

Se relamió pasando a recorrer con sus dedos mi estaca que portaba una cabeza completamente morada por la congestión. Nos sentamos y me sorprendió recorriendo mi glande con su legua y labios que se abrieron para metérsela hasta el campanín. Yo mugía... mugía...tanto de dolor, pues estaba totalmente atascado, como de grandísimo gusto. Sentía mi leche llegando al final de la punta, pero ni podía, ni quería correrme tan pronto. La sacó de la boca y el sabor del líquido previo lubricante, me lo pasó en un beso, prosiguiendo con sus jadeos.

- Me voy...Uuuuy... que me corro...Sollozaba.

Sentía el temblor de sus piernas. Nos tumbamos en la cama. La pepita que acariciaba suavemente gracias a los humores copiosos de su chumino, la llevaba al borde de la locura.

- Uyyyy----que me sube... Me viene... Más...Máaaaasss...... cabronazo mío. Yo sabía donde estaba su límite: de poya dentro nada. Pero ya le entraban tres dedos y el índice ya se insinuaba en su culito. Se retorcía como una posesa entre temblores y alaridos cada vez más fuertes.

-Ya está aquí. Ahhhhh........

Suponía que Mariela escuchando los jadeos tendría ya la vulva colorada con otro automagreo. Pero no, la puerta se abrió y por fortuna no eran mis tíos sino ella, envuelta en una toalla. Me apartó de Mayra y se amorró a su coño con unas chupadas desde su botón, que estaba tan morado como mi cebolleta, hasta la puerta de atrás, recorriendo con parsimonia todo el esfínter anal. Mayra se volvía cada vez más loca.

- Más...Me corro otra vez...Sigue, sigue...Más...Más. Me corro como una perraaa... Acaríciame las tetas por favor. Asiiiii.....Ahhh. Mientras sin dejar de acariciarme la estaca, tomé una posición favorable y así Mayra pudo chupar con avidez mis bolas de acero intentando meterme un dedito en mi culo. Como me los apretaba al meneármela, la marcha se hizo eterna.

La descarga sensorial se fue de mis riñones y ascendió por toda mi columna entre mis jadeos y chocó violentamente contra el interior mi frente, de izquierda a derecha, nublándome la vista. El meato se me dilató como un ano antes de cagar. Entre la nube, en mis ojos vislumbré una leche espesa y amarillenta que emergía como un torrente. La leche discurrió como un láser blanquecino estampándose contra la pared mientras me moría de gusto. La segunda oleada, mientras me la seguía meneando, fue aún más potente, con tan mala suerte, que impactó contra la orla de la graduación de mi prima con furia, bañando con espesa lefa los rostros de las niñas ahí plasmadas, incluidas las monjas del colegio.

-Huy.... Qué gustooo...Que gustooo......

El último yeretazo se perdió en la garganta de Mariela que se había apoderado glotonamente de mi cipote. Mayra que ya estaba espabilada la besó para compartir mi leche. Con la cabeza y las piernas temblando me derrumbé en la cama en un Ojjjjjj...interminable. Rodolfo tuvo razón: que gustazo. Las muchachas se refocilaron conmigo en la cama y aproveché para mamar en los manantiales de sus chochos que parecían dos cascadas. ¡Qué jugos¡ Era todavía la una, pero prudentemente nos fuimos los tres a la habitación más segura: la de Mariela. Por fin me había quedado relajado.

Pero el descanso duro poco, la sirvienta todavía estaba caliente y meneaba su enorme y firme trasero sobre mi dormida polla. Mientras yo susurraba al oído de NeMayra todo tipo de guarradas.

-¿Tú amigo la tiene más grande que yo? ¿Por qué no dejas que te la entremeta suavemente con condón?.

-Tonta, el virgo ya lo habrás perdido con los tampax o tus dedos. Con lo que te mojas cachonda mía no te dolería, sobre todo si me la chupas antes.

Cachonda perdida me metió la lengua en la boca hasta ahogarme. Comencé a chuparle rotativamente los pezones que nuevamente estaban duros. Se retorcía y nuevamente llevó mi mano a su pubis que no había dejado de gotear. Mariela se había levantado y cuando volvió a culear sobre mí, noté entre sus glúteos justo en la zona del ojete, una humedad viscosa que no podía ser debida a los humores de sus corridas, parecía untuosidad como de vaselina. Se echó de espalda con las piernas alzadas y plegadas hacia su cara.

Comenzó a meterse un dedo en el oscuro esfínter circular. En el ojo prohibido. Ante esa visión recomenzó mi calentura y mi poya se despertaba prometedoramente ayudada por los lametones en los huevos de Mayra que se pajeaba ávidamente con las dos manos.

-Ahh...Qué gusto...Enculala de una vez que me pone.

De pie acariciaba mi cipote de arriba abajo disfrutando al comprobar que cada vez estaba más duro y la cabeza hinchada parecía un enorme setón morado. Mariela se puso a cuatro patas sin dejar de culear.

-Encúlame por favor, temo quedar preñada y el virgo lo dejaré para mi novio cuando lo encuentre y ha de tener una herramienta como la tuya al menos.
Hundió la cabeza en la almohada se abrió los mofletes del culo con las manos, brindándome la visión de un ojete que se abría y se cerraba tímidamente.

Me coloqué detrás en posición y Mayra dirigió mi picha hacia el profundo canal, la frotó contra ambos globos con lo que el glande se hinchó más, reluciendo con la grasa. De espaldas colocó la cabeza entre mis piernas y lamía mis cojones mientras con las manos se acariciaba el chichi.

-Qué gusto...Empalala que me pone...Yo te la enchufo.
La punta acarició el ojete que guiñaba el muy cachondo.

-Encúlame de una vez cabrón. Aunque me rompas. No soy virgo por detrás maricón de mierda, se que te gusta.
Estaba como loca.

Ante un suave empuje la roja cabeza desapareció en aquel culo que me enloquecía con sus globos en carne de gallina y sonrosados por mis cachetes.

-Ay...me rompes. No, no la saques, no me dejes vacía. No, másss.. Máss..... Asííiii..... Que la sienta toda dentroLa metí hasta la mitad sintiéndomela gozosamente prisionera del conducto oscuro. La verdad es que nunca había practicado el coito anal. Qué gustazo con el mete saca.

-Más cariño. Asíiii.....Máss. Meteme más mi amor. Toda la estaca. Hasta el fondo. Ojjjjj...que gustooo...

Sentía los dedos de Mariela que estaban frotando el clítoris -Cómo me pone, me correré contigo sigue con el taca, taca, gemía Mayra acariciándose.

-Empuja fuerte...
Mis pelotas se incrustaron en aquel culo firme y cachondo.

-Así cariño. Asíiiii... Hoy que gusto... Rómpeme. Síi... Aguanta no te corras quiero más, mucho más amorcito. Qué poyón, cómo la siento dentro.
El canal me apretaba y al sentir la base del tallo prisionero del anillo negro, como un ahorcado, mi cipote estaba cada vez más duro, más turgente con la sangre sin retorno y el glande acariciado por cilíndricas paredes cálidas y húmedas.

-Toma cabrona. Toma cipote putón.

-Si... Si... Qué bien lo haces. Más adentro, asííí... más...

La saqué del todo me la menee le eché saliva y volví a la carga con toda la carne en el prohibido canal. Mariela se frotaba cada vez con más fuerza la pepita. Se metió el dedo en el coño y tras la pared acarició mi tallo. La leche retenida por el apretado anillo, reventaba mis huevos refrigerados por la lengua de Mayra que seguía gimiendo en su pajote.

-Ay qué me corro. Te espero quiero sentir tu leche en todo el fondo. Me cago. Aahhh...

-Así cariño así. Más fuerte cabrón más fuerte.

-No pudo más... Ahhh...Me corro...Me corro...Ahhh... más. Vente conmigo... quiero sentir tu leche.

Por fin mIs cojones explotaron y sentí toda la leche recorrer la longitud de mi picha.
-Que gustó...Ahhhh...Toma... Toma...

-Dame tu leche calentita, dame el chorretón. Dame que me corro otra vez. Me viennne...Ohhh...Ahhhh...Lefa caliente...Ahhhh...

Sentí una explosión en la punta y mi lefa saltó en tres caños en el tubo, mientras ella retorcía su culo frenéticamente como relamiéndose en el calor de mi leche. Al fin caímos rendidos y Mayra sobre nosotros gritó: -Mañana me desvirgas hijo de puta¡.

Estas leyendas me traía, cuando se abrió la puerta de mi celda estudiantil. Jorge (un velludo compañero de la escuela) se dirigió directamente hacia mi mesa

-Te cojo los apuntes de Dinámica.
Cuando se giró hacia mi, no me había dado tiempo a cubrir mi erección con la sábana. Su mirada brilló unos instantes. Ante mi sorpresa y sin más se amorró a mi poya hasta los cojones. Se fue al baño y regresó gel en mano. Me untó el agujero suavemente girándome en la cama, me untó abundantemente la culera. Le ofrecí mi culo en pompa -Aaay... grité.

De un solo empellón me la hincó hasta las bolas. Debía estar escrito que aquella calurosa tarde de verano perdiese mi virgo prohibido.

 


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