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El hombre sacó una tremenda polla   (Transexuales)
 
AUTOR: Popidropi
 

Este relato es completamente real. Llevo mucho tiempo travistiéndome en privado. Soy de complexión delgada, y tengo facciones femeninas, y realmente parezco una mujer cuando me visto. Me encanta vestirme con ropa punk, o ropa de Jovencita. Me encanta el Vinilo, la seda, el charol. Me encanta el rollo sado.
Pues este día pude cumplir varias de mis fantasías.
Había quedado por el irc, el canal #travestis, con un chico de Gijón con el que nos habíamos cambiado muchas fotos. Como me daba miedo quedar temprano, quedamos a las doce y media de la noche en la desembocadura del Piles, al final de la Playa de San Lorenzo.
Depile todo mi cuerpo y terminé de arreglarme las cejas, que tengo de la manera más femenina posible. Me puse un tanga de vinilo negro que aplastaba mi pollita, evitando el bulto. Me puse un sujetador con relleno, y luego los pantys fucsias. Encima me puse unas mini medias negras, por debajo de la rodilla y con una hebillita. Me puse una minifalda de vinilo negro y un cinto lleno de remaches metálicos. La parte de arriba era un corpiño negro de raso, muy sexy y muy ceñido. Como habíamos quedado en un mes frío, me puse una chaquetita de vinilo negro, a juego con la minifalda. Después me maquillé. Me puse rimel, colorete, labios color rosa chicle y ojos negros. Me puse las lentillas azules y la peluca con flequillo estilo cleopatra.
Solo me quedaban los zapatos. Dos preciosos zapatitos de punta, de charol, color fucsia, con doce centímetros de tacón de aguja.
Impecable.
Cogí las llaves, la cartera, el móvil, y los condones y los metí en un bolsito de mano de charol negro.
...Y salí a la calle.
Nadie notó que era un tío. Noté como los chicos se daban la vuelta para mirarme el culo, o mis postizas tetas. Me puse a cien cuando, mientras me dirigía a la estación, dos coches me pitaron.
Una vez en la estación, la espera por el tren fue de lo más excitante. Compre una revista de Moda femenina y me senté en los bancos del andén.

-Tren Estrella, procedencia Madrid. Destino Gijón, Vía. Al fin. Las dos horas que separan mi ciudad de Gijón se iban a hacer interminables...
No veía la hora de llegada.
Estaba solo en el compartimiento con una chica de mi edad a la que le encantaban mis zapatos. Ella si supo desde el principio que yo era un hombre, y al parecer la situación le excitaba. Comenzó a mirarme, y a cambiar sus piernas de posición. Se acercó a mí y comenzó a susurrarme al oído. -Eres una zorrita. Te gusta que te peguen. Quiero dominarte.- La situación era bizarra hasta para mí. Comencé a acariciarle los pechos cuando un repentino calor en la cara me paralizó -¡Me tocaras cuando yo quiera! - dijo. Se levantó, trancó la puerta del compartimiento, cerró la cortina y la persiana de la ventana. Allí, en la penumbra, se desnudó completamente. Quitó su cinto del pantalón, y me ató las manos a la espalda. Comenzó a tocar mi ropa. A besarme. A pasar su clítoris húmedo por mi boca.

-¡Abre la boca, y bebe! - Me dijo. Yo asentí, y comencé a tragar su pis, que salía lentamente. La garganta me ardía. Estaba completamente excitado. Así que ella, me subió la minifalda, y comenzó a lamer el vinilo que tapaba mi pene. ¡Dios santo, que erección. Cogió una de sus manos, y comenzó a introducirme dedos por el culo. Primero uno, luego dos, tres, y hasta cuatro. Me sentía la perra más perra de todas las perras. Luego se abrió de piernas e introduje mi polla depilada en su coño completamente afeitado. Ella bombeaba. Ella tenía el ritmo, botando encima de mí. Ella dominaba completamente la situación. Se corrió. Me corrí. Nos corrimos.
Me desató, nos arreglamos y nos vestimos otra vez. Estábamos cansadísimas.
El tren acababa de llegar a Gijón. ¿Si así era el viaje, como sería el resto? Cuando llegué a Gijón tenía algo de tiempo hasta la hora en la que había quedado. Así que me dediqué a caminar por el casco antiguo. Gijón es una de esas ciudades extrañas. Es una ciudad obrera, no tan señorita como Oviedo, la capital del principado. A partir de las diez y media, cualquier calle que no este en el centro se queda vacía. Pero, aun así, es bastante segura. Me puse a caminar por el paseo de San Lorenzo, que bordea la playa. Muchos edificios se asoman a la playa. La playa comienza en el casco antiguo, en Cimadevilla, y termina en la desembocadura rocosa del Piles, un torrente de agua que algunos se empeñan en llamar río. Y allí había quedado, al final de la playa.
Pasaron cinco minutos. Pasaron diez, y quince.
Hacía frío y no tenía ganas de esperar más. Al lado del final de la playa hay un enorme parque, abierto por las noches. Algunos lo llaman el Parque del Piles, otros el de las putas, pero su nombre oficial es Parque de Maria Luisa. Pues en ese parque se reúnen los trabas, las putas y chaperos de gijón. Así que de repente un coche frenó junto a mí.

- Hey, preciosa, ¿Cuanto cobras?-Me dijo el hombre de dentro del coche. Me asomé y le dije que no era prostituta. El notó por mi voz que no era mujer, y sus ojos comenzaron a brillar aun más.

-Ya sé que no eres una prostituta, pero, ¿cuanto cobras?-En ese instante comencé a pensar. ¿Treinta Euros? ¿Setenta?
-setenta Euros y hago de todo.- Fue lo que contesté. Abrió la puerta y me dijo: -¡Entra!-.
Aquel hombre, de unos cincuenta años, elegante, alto, casado y con un hijo de mi edad, según me contó, parecía simpático. Se pasó el camino al hostal tocándome las piernas, el torso, besándome el cuello. Yo le tocaba el paquete por encima del pantalón. Pero no íbamos al hostal, sino a su casa.
Cuando llegamos a su casa me asusté un poco. El me dijo que no iba a haber nadie, pero había otro hombre, parecido a el, pero más joven, quizá de treinta, en el sofá.
-¿es esta?-dijo el pequeño.

-no, no, es este- corrigió el que me había traído. El más joven se acerco a mí, y me comenzó a mirar de arriba a bajo. Yo estaba muy asustada.

-Te gusta comer pollas, ¿verdad?
Asentí.
Comenzó a acariciar mi chaqueta de vinilo, la minifalda, las piernas. Me tocó el paquete.
-Vamos a follarte.- Trajo dos copas de vino, brindó conmigo, y se la bebió.
Yo también la bebí. Y de repente note que mis ojos se cerraban. Cuando desperté no podía moverme. Notaba algo raro. No llevaba puesta mi ropa. No podía ver nada porque tenía los ojos vendados. Alguien respiraba junto a mí. De repente, empecé a tener constancia de mi misma. Tenía las piernas en el aire, abiertas. Estaba boca abajo. Los brazos extendidos. Mis extremidades estaban sujetas a algo. Creo que llevaba un mono de vinilo, abierto en la entrepierna. Sentía un gran dolor allí abajo. Un dolor anormal, como si me hubieran abierto. Me pesaba el pecho. Tenía hambre. Intente hablar, pero un aro metálico, como una brida, me mantenía la boca abierta y no podía pronunciar.
La persona de la sala comenzó a hablarme:
-Tranquila. ¿Te estas haciendo muchas preguntas, verdad? Relájate. Te hemos ayudado. Hace quince días llegaste a casa de Juan. No sé si sabes que Juan es uno de los cirujanos plásticos más importantes de Europa. Bueno. Te ha ayudado. Ya no tienes pene. En su lugar hay un precioso chochito, que, bueno, ya hemos utilizado varias veces. Te lo ha dejado perfecto, con su clítoris y todo. Respecto a tus tetas, dos obras de arte. Ahora te voy a quitar las vendas de los ojos, para que te puedas ver.- Lentamente, fue quitando la venda que tapaba mi visión. En el suelo, enfrente de mí, había un espejo grande, de cuerpo entero. Tenía puesto un mono de vinilo negro, muy brillante, muy escotado. Tenía dos tetas enormes, brillantes, redondas, preciosas. En la entrepierna había un agujero que dejaba ver mi nuevo sexo. Fue alucinante. Parecía que estaba en el cuerpo de otra persona.
El hombre llamo a dos amigos suyos.
Comenzaron a manosearme. Uno de ellos sacó su enorme polla y la introdujo en mi boca, dentro de la brida que me impedía cerrarla. Comenzó a sujetarme por la nuca. Me entraron arcadas. A la vez, el otro, se introdujo por mi ano, y el otro, por mi vagina, dolorida. Tres enormes pollas, tres cuerpos de gimnasio me estaban follando.
A mi, que me había convertido en una preciosa mujercita, una autentica puta. Preciosa. Rubia, labios tiernos, ojos azules, tetas de infarto, alta, completamente depilada y con unas ganas de follar alucinantes.
Seguían empujando. Mi culo parecía que iba a reventar. No aguantaba más la presión dentro de mi vagina y tenía arcadas.
Y de repente, mi cuerpo se partió en dos.
Mi primer orgasmo en este cuerpo femenino.
Continuara...


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