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Dos hermanas y un chico timido   (Amor Filial)
 
AUTOR: El Tímido
 

Siempre he sido un chico muy tímido, me daba vergüenza hasta salir a la calle. Mi vida consistía en ir al colegio, y luego encerrarme en casa, leyendo, y fantaseando acerca de tener amigos y llegar a conocer a alguna chica, a esa mujer con la que soñaba, y que iba forjando cogiendo retazos de cada libro que leía.
Al final, y cuando iba a empezar a estudiar la carrera, decidí irme fuera, a otra ciudad, como método para superar mi timidez.
Mis padres decidieron meterme en un Colegio Mayor, resultando que en Córdoba para chicos eran mixtos, algo muy bueno, pues así podría ir venciendo además mi timidez con las chicas.

Ni que decir tiene que el efecto fue inmediato, las novatadas, compartir habitación y tener que desenvolverte por ti mismo me hicieron superar de inmediato mi problema, aunque he de decir que las verdaderas causantes de este cambio fueron Cristina y Adela, dos hermanas que compartían habitación y con las que coincidía en clase.

Ambas eran rubias, ojos verdes, Cristina era más guapa, pero Adela tenía mejor cuerpo, tetas firmes y de justo tamaño, piernas largas y delgadas, pero Cristina tenía mejor culo, de hecho un culo perfecto. Y del resto no estaba mal. Nada mal, tanto que caí enamorado de ambas rápidamente.

Ellas lo sabían y jugueteaban conmigo al respecto, los tres estudiábamos la misma carrera y teníamos asignaturas comunes, que solíamos estudiar juntos en la biblioteca. Pero Cristina acabó estudiando en su cuarto, invitándome a estudiar con ella, pues a mi se me daba mejor eso de estudiar y ella me pedía consejo continuamente.

A partir de aquí empezó mi obsesión con ella, como era lógico se ponía cómoda para estudiar, una simple camiseta larga que le cubría hasta debajo de las braguitas, su camiseta de la suerte, como la llamaba, la cual después de mucho uso estaba medio transparente. Y no podía concentrarme, o más bien me concentraba en ella. Sentado al otro lado de la mesa, podía ver las silueta de sus tetas, incluso llegaba a intuir sus pezones, que en mi calentura los veía carnosos y grandes.

Ella por supuesto, sabía que no dejaba de mirarla, y a veces pasaba una mano distraída por su pecho, marcándolo entero y dejando intuir una aureola marrón oscuro, que me provocaba erecciones continúas. Y si no le bastaba con calentarme con eso también estudiaba tumbada en la cama. Esto ya no podía aguantarlo, pues saber que sólo llevaba unas braguitas bajo la camiseta, ver sus piernas moviéndose en un juego de picardía donde a veces creía ver sus bragas, me ponía hirviendo.

Total, que un día no pude aguantar más y me fui totalmente empalmado a su cuarto de baño. Ella, riéndose, me dijo que si me había dado un apretón, y le dije que sí, el café y sus efectos. Entré en el cuarto de baño, y cual sería mi grata sorpresa al ver unas bragas tiradas en el suelo. Cerré la puerta y las cogí, oliendo el perfume que emanaban, mientras con la otra mano soltaba mi pene de su prisión.

Así empecé unas de las mejores pajas que jamás me he hecho. Con una mano iba masturbando lentamente mi pene, mientras con la otra restregaba las bragas usadas por todo mi cuerpo, y mi mente estaba en la habitación, desnudando a Cristina y gozando de su cuerpo. Al rato aceleré el ritmo, y cogiendo mi pene con las bragas terminé llenándolas de mi semen.

-Espero que luego me las laves- Era Cristina, que al oír mis gemidos abrió la puerta del baño justo para ver como me corría en sus bragas. Enseguida me puse colorado e intenté excusarme, pero no tenía disculpa.

-Cristina, yo...., es que verás.... ya sabes verte con esa camiseta, tu cuerpo...

-¿Te gusto?-ella sonrió, había un extraño brillo en sus ojos. Entró en el baño y se sentó a mi lado, quitando la mano con la que me tapaba el pene- Eres tonto, tú a mí hace tiempo que me gustas, ¿Por qué te crees que te invito a estudiar a mi cuarto los dos solos y me visto así? Empezaba a dudar de gustarte, o incluso de que fueras gay.

-¿Gay? Pero si me derrito viéndote, ¿así que te gusto? Eres mi sueño, Cristina- y olvidando mi vergüenza agarré a Cristina por el pelo y empecé a acariciarla, buscando sus labios, rocé con mi lengua toda su boca, ella la entreabrió y suavemente fui mordisqueándole los labios, así hasta empezar un apasionado beso. Mis manos buscaron esas tetas con las que tantas noches soñé mientras me pajeaba, y al contacto con ellas sus pezones endurecieron, creciendo y erizándose. Eran tetas firmes, maravillosas, así que le quité la camiseta para verlas por primera vez.

-Vaya, el niño tímido está dejando de serlo-, y mientras decía esto me agarró el pene masturbándome suavemente con una mano mientras con la otra buscaba mis testículos, masajeándolos y acariciándome entre éstos y el ano- Dime-me preguntó-, ¿te has metido el dedo alguna vez en el ano mientras te pajeas?- Yo ruborizado no contesté, claro que lo había hecho, pero me parecía fuerte que una chica me lo hiciera.-Ven, verás como te gusta- y diciendo esto llevó una mano a mi boca, metiéndome un dedo que jugueteaba con la lengua.

Después lo bajó buscando mi ano, y despacito masajeó la entrada, metiéndolo poco a poco. Yo casi me moría de gusto, la chica de mis sueños estaba casi desnuda junto a mí y me estaba haciendo una paja monumental. De pronto, sacó la mano, se agachó y empezó a estudiar mi pene de cerca.

-Hum, está un poco pegajoso, eso es por la paja que te has hecho antes, mira que desperdiciar esto- y acto seguido comenzó a lamer toda la polla, hasta dejarla reluciente. Le cogí la cabeza y dirigí su boca contra la punta, empezando a hacerme una mamada maravillosa. Su lengua recorría la cabeza mientras me pajeaba con una mano y con la otra buscaba mi culo de nuevo. Abriendo la boca empezó a tragarse toda mi verga hinchada, mientras segregaba mucha saliva y succionaba todo el glande.

-Cristina me voy a correr, oh, dios, uhhhhh....- y cerrando su boca fuertemente movió su boca hasta hacer que mis chorros de semen salieran directos a su boca, a la vez que me metía el dedo de forma desenfrenada por el ano.

-No me puedo creer lo que estoy viendo, traes comida a casa y no me invitas. Era Adela, su hermana, que de pie en la puerta del baño se había desabrochado la falda, las bragas bajadas, y sus dedos recorrían un maravilloso coñito que relucía.

Yo estaba alucinado, Cristina me había hecho una mamada increíble y Adela se estaba masturbando en la puerta, viendo como me la hacía. Para entonces ya no me cortaba, y le dije a Adela,

-Pues tu hermana está entera, habrá que hacer algo ¿no?- Divertida, Adela miró a su hermana, mientras se quitaba la ropa y decía- Hace mucho tiempo que no hacemos "cositas" mi hermana y yo.

- Pues va siendo hora de unir lazos familiares- le dije, a lo que ambas sonrieron traviesas- Venga, vamos al cuarto, que es más ancho-

Pero antes de ir agarré a Cristina y le di un largo beso, notando el sabor a mi semen, mientras mis manos bajaban sus braguitas que ya estaban mojadas de la excitación.-Pero que es esto, si estás chorreando, habrá que arreglarlo- Y llevándola al cuarto la tumbé en la cama, totalmente desnuda, acaricié su cuerpo, mis manos recorrían sus tetas, pellizcaba sus pezones, arrancándole pequeños gemidos, a la vez comencé a besar su cuello, bajando mis manos a su coñito, cuyos labios se estaban hinchando de la excitación que tenia Cristina.

Adela mientras se había desnudado completamente y acercando la otra cama se tumbó junto a su hermana, su cara denotaba un deseo que crecía por momentos, alargando la mano comenzó a acariciar el pelo y la cara de Cristina, y lentamente comenzó a besarla, primero las mejillas, luego las comisuras de sus labios, sacando la lengua los separó, metiendo la lengua que buscaba la otra. El beso se tornó apasionado, cosa que noté, pues mi mano en el coño de Cristina notó cómo segregaba más fluidos, empecé a acariciar su clítoris, mientras pensaba en todo lo que había leído sobre sexo y cómo llevarlo a cabo.

Me puse entre sus piernas, comenzando a lamer todos sus pliegues, con una mano masturbaba su clítoris, con la lengua lamía sus labios, que chorreaban saliva y flujos, y con la otra mano separaba su culo buscando su ano, metiéndole un dedo, arrancando un gemido más fuerte que Adela apagó con otro beso.

Adela empezó a pellizcarle los pezones a Cristina, mientras con la otra mano se empezó a tocar, metiendo dos dedos en su vagina ardiente. Mientras, Cristina movía las caderas acercándose a mi lengua, yo notaba como chorreaba cada vez más, y se acercaba al éxtasis.

-Necesito sentirte dentro, métemela entera- me dijo Cristina. Me incorporé, y tras pasar sus piernas por encima de mis hombros, coloqué mi verga en la entrada de su coño, y de un golpe se la introduje entera, arrancado un grito de placer.- Siiii, ahora fóllame, como siempre los has soñado, hummm- sus caderas subían buscando meter más aún mi verga en ella, yo se la enterraba todo lo que podía.

Adela mientras se había montado a horcajadas sobre Cristina, poniendo su coñito en la boca de ella, que agarrándole fuerte las piernas empezó a sorber lo que le ofrecía, metiendo la lengua y succionando el clítoris, mientras yo agarraba las tetas de Adela desde atrás, eran todavía mejor de lo que yo suponía.

Cristina estaba cerca de correrse, y eso le hacía morder más fuerte el coño de su hermana, que jadeaba como una loca.

-Oh, si, hermanita chupas como la mejor de las putas, si, oh, más fuerte, muerde mi clítoris zorra.... ahhh- Las dos hermanas gemían como locas, ya no podía aguantar más, ver como se retorcía Adela sobre Cristina mientras me la tiraba me llevaba camino al paraíso de las corridas.

-Oh, me voy a correr, Cristina, voy a llenarte de mi leche, pero que putitas que sois las dos, oh, si- Cristina no aguantó más y gritando de placer empezó a correrse, los espasmos sacudían su cuerpo, su coño se cerraba fuerte sobre mi polla, ejerciendo una presión deliciosa que hizo que soltara chorros de semen dentro de ella, mientras seguía doblándose y mordiendo más fuerte todavía el coñito de Adela, que terminó estallando en un gran orgasmo que llenó de flujos la cara de su hermanita.

Agotados, caímos rendidos los tres en un abrazo sobre las camas, mientras recuperábamos la respiración. Yo estaba en el paraíso, veía a las dos hermanas desnudas, abrazadas con los ojos cerrados, dos cuerpos impresionantes que se habían llevado mi timidez y mi virginidad.

Y que me dieron muchos más placeres, pero eso os lo contaré en otra historia.


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