Nos encontramos en el hotel a las 21, tal y como habíamos convenido, era un hotel muy grande, de 5 estrellas, y la gente que se hospedaba allí era muy elegante, no me esperaba menos de mi AMO. Iba vestida para la ocasión, como mi AMO me había ordenado, un vestido de seda rojo muy elegante, con escote por delante en uve y por detrás, con unos tirantes muy finos, no llevaba ropa interior, tal y como él me había indicado, llevaba puestos unos zapatos de tacón de aguja, de raso negro, con puntera muy fina y el pelo recogido en un elegante moño en la nuca, dejando mi espalda al descubierto.
El vestido era de seda vaporosa, con lo que al andar se iba moviendo resbalando sobre mi piel desnuda, durante el camino al hotel me había puesto una rebeca, ya que al no llevar sujetador, mis pechos se marcaban descaradamente y según andaba se iban moviendo rozando mis pezones con la seda del vestido, al entrar en el hotel me quité la rebeca, por si mi amo me estaba observando, quería que me viera, estaba muy provocadora, notaba como los camareros del hotel no me quitaban los ojos de encima.
Subí a la habitación que él me había indicado, estaba muy nerviosa, notaba como mi corazón latía fuertemente, me temblaban las piernas, solo pensar que por fin, iba a conocer a mi AMO en persona, y que podría hacer conmigo lo que quisiera, sin ningún límite, me excitaba muchísimo. Según andaba por el pasillo del hotel notaba como cada vez mi corazón latía más fuerte, y cada vez estaba más caliente, mis pezones comenzaron a ponerse duros, llegando incluso a dolerme cuando rozaban con el vestido.
Encontré la habitación, estaba frente a la puerta, sabía que mi AMO estaba dentro esperándome, y que en el momento que atravesará esa puerta, dejaría de ser María, y empezaría ser la esclava de mi AMO, mi corazón latía como un potro desbocado, y mis piernas comenzaron a temblarme, entonces cerré los ojos, respiré hondo e intenté relajarme, no podía hacer esperar más a mi AMO, se enfadaría y yo sabía que el castigo sería muy cruel.
Habíamos hablado muchas veces de nuestro encuentro, y ambos sabíamos perfectamente cuales eran las reglas de nuestro juego, hoy era mi prueba, mi AMO me había elegido para que fuera su esclava y no podría defraudarle, sabía que era un AMO muy duro y que le gustaba el sado, pero estaba dispuesta a todo para darle placer, obedeceré en todo lo que él me diga y aceptaré con agrado sus castigos y humillaciones, sin ningún tipo de compasión.
Llamé a la puerta, nadie contestó, volví a llamar más insistente, entonces oí una voz fuerte y decidida, que me decía, -Pasa, la puerta esta abierta-,Abrí la puerta, y pasé, no podía ver nada, todo estaba muy oscuro, mis ojos intentaban acostumbrarse a la oscuridad. Noté que era una suite muy grande, con varias habitaciones..
- Pasa, te estoy esperando-
Seguí andando, casi a tientas, podía ver un salón con las cortinas corridas totalmente, un sofá de cuatro plazas, una mesa con flores, y al fondo en una butaca había alguien sentado, era sin duda mi amo, al lado de él, había un escritorio con diversos artilugios encima, que no llegue a distinguir. Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrados a la oscuridad, y pude ver mejor la figura de mi amo sentado en la butaca cómodamente, llevaba puesto un antifaz de cuero negro que le tapaba parte de su rostro, unos guantes de piel, pantalón de vestir, camisa de seda y unos zapatos de vestir muy elegantes, todo ello de color negro, se puso de pie, impresionaba verle todo él vestido de negro, y el antifaz y los guantes, le daban un aspecto altivo, y a la vez peligroso, que me daba un poco miedo.
Se acercó a mí, me observó muy lentamente, yo no podía ni decir palabra, debido a mis nervios y a la impresión que me daba tenerle tan cerca de mí. Notaba como mi respiración era rápida y entrecortada, y mi corazón parecía que iba a salirse de mi pecho, mis pezones seguían erectos, provocadores, notaba como su mirada me atravesaba como una espada, me miró directamente a los ojos, tenía una mirada, fría y calculadora,
Sus ojos verdes claros brillaban, estaba contento, le encantaba lo que estaba viendo, notó lo nerviosa que yo estaba y pude ver en su rostro un esbozo de sonrisa, le encantaba tenerme así, nerviosa y a su total disposición.
Se acercó más a mi, y me besó en la boca, como nadie nunca me había besado, fue un beso muy intenso, como el de dos amantes cuando saben que no se van a volver a ver, se puso detrás mío, notaba su respiración en mi nuca, él sabía que estaba muy nerviosa, pero también que le iba a complacer en todos sus juegos sexuales y psicológicos. Puso sus manos en mis hombros y dejó que los tirantes del vestido cayeran, resbalando así todo el vestido sobre mi piel, dejando todo mi cuerpo desnudo al descubierto, tenía mis pezones tan erectos, que casi me dolió el roce de la seda al caer. Solo llevaba puesto los zapatos negros de tacón de aguja.
Su respiración en mi nuca se hizo más intensa, se acerco más y empezó a masajear todo mi cuerpo suavemente para que me relajara, mis hombros, mi espalda, mi cintura, mis pechos, pellizcándome suavemente mis pezones viendo como me tensaba, deteniéndose en mi sexo, notando lo excitada que estaba, cerré los ojos, e hice todos los esfuerzos posibles para contenerme y permanecer quieta, como sabía que él deseaba, estaba tan cerca de mi, que notaba perfectamente su respiración. De repente paró.
-Perfecto, vamos a comenzar- dijo tajantemente
Y se dirigió al escritorio, que había al lado de la butaca, pude ver lo que había encima de él, una correa, una fusta, ropa negra, y otros utensilios de metal, con formas extrañas puntiagudas, que no podía distinguir bien, y solo pensar que los iba a utilizar sobre mi, hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo y me asusté.
Él se dio cuenta, de mi reacción, vio el miedo en mis ojos y sonrió.
- Todo a su debido tiempo, no seas impaciente- dijo -Si mi amo- contesté
Notaba que le gustaba ver en mi cara la angustia, y el miedo en mis ojos, los dos sabíamos que era un amo duro y que la degradación, la humillación y el dolor, formaba parte del juego, yo había aceptado ser su esclava, y ya no había vuelta atrás.
Se puso unos guantes de cuero negro, se metió algo en el bolsillo y cogió el collar de cuero, me lo coloco con firmeza en mi cuello, apretándolo fuertemente, el collar tenía una cadena muy larga.
-De rodillas!!- ordenó gritando y tirando fuertemente de la correa.
-Si, mi amo- dije humildemente.
Me puse inmediatamente de rodillas, al lado tenía sus pies, y empecé a besarlos, el me apartó con firmeza y me fulminó con la mirada, quería dejarme muy claro que el que mandaba era él, y que yo no era más que una esclava, que ni siquiera tenía derecho a mirarle a los ojos.
Se volvió y se dirigió a la butaca, tirando de la cadena fuertemente, yo le seguí a cuatro patas, el collar estaba muy fuerte, y cada tirón que daba, me hacía mucho daño. Se arrellanó cómodamente en la butaca y me coloco delante de él, a cuatro patas.
-Dime lo que eres-.Soy tu esclava, mi amo- -Más alto, no te oigo, o es que las putas como tú, solo sabéis gemir.
-Soy tu perra, mi amo, tu perra caliente, mi amo- -Eso me gusta más, pero no es suficiente, te tienes que esforzar más, ladra un poco- -Guao, guao.
Se levantó tirando de la cadena fuertemente, yo gemí de dolor, y tiró más fuerte todavía, se dirigió al dormitorio, en la pared había un espejo que llegaba hasta el suelo, sacó un lápiz de ojos negro, que tenía en el bolsillo y mientras, estaba a cuatro patas frente al espejo, empezó a pintarrajear, las palabras "puta" y "esclava", por todo mi cuerpo, en la frente, sobre el pecho y junto a mi sexo.
Tiró fuertemente de la cadena, para que me pusiera de pie, gemí de dolor, y me colocó frente al espejo, sabía que era una chica muy coqueta, que me gustaba ir siempre muy arreglada, y ahora al mirarme al espejo y ver que tenía todo mi cuerpo marcado con garabatos, me sentía humillada, degradada, y maltratada. No quería mirarme en el espejo y aparte la vista instintivamente, él se enfadó, me agarró por el pelo violentamente, y me obliga a mirar.
-Dime lo que eres- me gritó -Soy tu puta, mi AMO- dije casi sollozando -Más alto no te oigo- -Soy tu puta, mi AMO, tu perra guarra, mi AMO- dije con lo ojos llenos de lágrimas, nunca me había sentido tan humillada, y a la vez quería que siguiese, había algo en todo aquello que me encantaba, quería complacer a mi amo.
Me soltó el pelo, con desprecio, me escupió y se fue.
Me dejó en la habitación, frente al espejo, no podía dejar de mirarme. Estuve así mucho tiempo, mientras mi AMO entraba alguna vez en la habitación sin hacerme el más mínimo caso, eso me inquietaba mucho. Una de las veces me dio un azote, fuerte y seco, pillándome por sorpresa, me giré instintivamente hacia él, le iba a decir algo, pero me contuve, había comprendido que mi AMO no iba a tolerar la más mínima indisciplina.
Cuando volvió, ya no iba igual, se había desnudado y solo llevaba unos bóxer y el antifaz negro.
-¿Eres una perra?-gritó -Si mi amo, soy tu perra- dije sumisamente -Entonces compórtate como tal- Y tiró de la cadena violentamente, yo me puse a cuatro patas sin rechistar.
-Muy bien, mi perrita-Me llevó tirando de la cadena, hacia el baño, era un baño muy elegante todo blanco, con una bañera enorme y una ducha también muy grande. Y me quitó mis zapatos de tacón.
-Entra en la ducha!- ordenó, tirando de la cadena.
Inmediatamente me metí dentro de la ducha, a cuatro patas, como la perra que era. Él ató la cadena arriba en una percha que había, justo a la altura que él quería, dejando todo mi cuerpo estirado y en tensión, yo casi tenía que estar de puntillas para que no me tirará mucho la correa, entonces abrió la ducha a tope, el agua estaba muy fría, demasiado, todo mi cuerpo se erizó, y empecé a temblar, mi AMO se puso un guante de crin, y sin jabón ni nada, empezó a restregar todo mi cuerpo fuertemente, borrando las marcas de lapicero, que había hecho él unos momentos antes.
Yo intentaba no moverme, más que todo para que la correa de mi cuello no me hiciese daño, ya que la cadena estaba muy tirante, pero era prácticamente imposible, ya que me zarandeaba tan fuerte que todo mi cuerpo vibraba al ritmo de sus restregones, entonces agradecí que el agua estuviera tan fría, eso actuaba sobre mí como anestesia, frente a los fuertes roces del guante de crin. Cuando ya no se veían las marcas del lápiz, él siguió frotándome cada vez más fuerte, con saña, le encantaba.
Cuando acabó, ya no sentía mi cuerpo, descolgó la cadena, y yo volví a ponerme a cuatro patas instintivamente, todo mi cuerpo estaba rojizo, en tensión y erizado por lo fría que estaba el agua. Tiró de la cadena empezando a andar hacia el salón de la suite, yo iba detrás de él, intentando seguir su paso, casi no sentía mi cuerpo del frío que tenía, me hizo subir a la mesa del salón a cuatro patas, tenía tanto frío que todo mi cuerpo empezó a templar, sin que pudiese hacer nada para evitarlo, trajo una crema hidratante y empezó a untarme con ella mi cuerpo, frío y tenso, esmerándose en mis pechos y en mi sexo, eso me relajó, y noté que a él también le gustaba.
A continuación, me sujetó las manos con unas esposas que había cogido de la mesa. Se sentó cómodamente en el sofá, frente a mí y me orden-o.
-Mastúrbate!-Yo lo intenté, pero tenía muy poca libertad de movimientos con las esposas y me costaba bastante. Me esforcé. Mientras, él empezó a tocar su polla frente a mí, obscenamente, mirándome, yo estaba tirada en el suelo frente a él, con las piernas lo más abiertas posibles, tocándome. Entonces él empezó a restregar su pie contra mi sexo, yo busqué una postura que me permitiese gozar, y empecé a moverme rítmicamente, buscando ansiosamente el orgasmo.
Pero él no me lo permitió. Cuando ya estaba en la recta final, retiró su pie.
-Oh, no mi AMO, ahora no, permíteme que me corra, ya casi estaba-le supliqué.
-Guarra, asquerosa. No has visto como has ensuciado mi pie, con tus fluidos. Límpiamelo-Me agaché frente a él, de rodillas, y lamí todo su pie, chupándole los dedos y lamiéndole la planta con esmero.
-Ahora quiero correrme yo-
Y se sacó su sexo del bóxer, yo me acerqué de rodillas, y empecé a lamer lentamente, recorriendo todo su sexo de arriba abajo, entreteniéndome en los puntos más sensibles, contorsionándome como si estuviera en celo. Luego el agarró mi cabeza y me obligó a metérmela entera en la boca, hasta el fondo, prolongando al máximo su placer. Cuando llegó el orgasmo él me apartó, y me miró a los ojos fijamente, y empezó a salpicar toda mi cara, y todo mi cuerpo.
Yo me retorcía de placer, había hecho feliz a mi AMO.
-¿Te he complacido mi AMO?, ¿he sido buena esclava?, ¿te he dado todo lo que querías?- -No estuviste mal- dijo con desprecio- pero esto es solo el principio, la noche es larga, y voy a exigir mucho más, las pruebas cada vez serán más duras, más humillantes, y más violentas, y tendrás que esmerarte más para complacerme.- dijo tajantemente.
-Si AMO, te obedeceré en todo, solo quiero darte placer.
-Muy bien puta.-
Acto seguido volvió otra vez hacia la mesa y cogió algo metálico, todo mi cuerpo se estremeció, solo de pensar lo que me esperaba. Le miré suplicando que no me hiciera daño, por favor. Mi AMO me miró y sonrió.
-Hoy es tu día de suerte.- dijo acercándose a mí.
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