Normalmente cuando viajamos la que conduce es mi mujer porque le gusta y a mí me parece aburrido ir pendiente de la carretera, así que cuando llegamos a aquella estación de servicio mientras ella se ocupaba de echar gasolina yo aproveché para ir al servicio. Era un cuarto de baño con dos urinarios y dos cabinas con retrete. Mientras yo orinaba entró un hombre grandote con pinta de camionero y se puso al lado, apenas unos segundos después oí sus burlas: -Vaya pollita enana que gastas, amigo, mira y aprende
Me puse muy colorado, pero le miré y vi que sujetaba con dos dedos un pene enorme, muy grueso y con el prepucio descubierto y de color rosado. El sacudía su pene mientras me miraba con una sonrisa burlona, estuve unos instantes sin reaccionar totalmente cortado. Volvió a burlarse: -Esto no es nada, verás cuando me la mames como crece de verdad.
Yo hice gesto de guardarme el pene en la bragueta, pero me agarró el brazo.- No te la guardes que me da risa verla y empieza a chupármela, dijo mientras me ponía la otra mano en la cabeza.
Confieso que me asusté y di un tirón para soltarme y fui hacia la puerta. Él me detuvo y me sujetó los brazos por detrás mientras me amenazaba: -De eso nada, no me vas a dejar así, me empujó dentro de una de las cabinas, miré hacia atrás y tapaba toda la puerta.
.- Mira, cuando me corra te marchas, me dijo mientras entraba y cerraba la puerta, casi no quedaba sitio.
Se sentó bajando la tapa mientras mantenía sus pies cerrando la puerta, dio un tirón para abajo y caí de rodillas entre sus piernas abiertas, tenía su sexo a unos centímetros de la cara y cuando agarró mi cabeza y la empujó hacia abajo su pene chocó con mi cara. Se enfadó:.- Eres tonto o qué, abre la boca, me dio la primera bofetada, me ardía la cara, abrí la boca y me la enchufó con aquella cosa tan grande, moviendo mi cabeza arriba y abajo entraba y salía de mi boca. Se paró: -Chúpamela como si fuera un helado
Decidí acabar rápido y empecé a lamer arriba y abajo con mi lengua, como me había dicho.
-Chúpame también los huevos, me ordenó mientras sacaba con su manaza, las pelotas fuera del pantalón y aspira como si quisieras sacarles el jugo.
Yo seguía sus órdenes no sea que me soltara otra hostia, y estuve chupándole su pene hasta que sentí que se me llenaba la boca de leche condensada caliente. Pensé que había terminado y saqué mi pañuelo y me limpié la boca y la cara. Me puse de pie y supliqué: -Por favor, déjeme salir señor. -Ves mi polla, respondió, todavía está dura y pide más guerra, me volví a agachar, pero me detuvo.- No, mejor bájate los pantalones, mientras se ponía de pie y empezaba a desabrocharme el cinturón. Yo no sabía qué hacer y estaba paralizado, mis pantalones cayeron al suelo, con los slips no fue tan suave y oí como los desgarraba y caía un trozo al suelo, me puso de cara a la pared y me mandó a apoyar las manos en la tapa, volví a suplicar:.- Por favor señor, por lo menos póngase un condón. -Tienes razón enano, respondió, a saber quién te habrá metido la polla en el culo antes que yo.
Me enseñó un preservativo y me mandó ponérselo. Abrí el sobre y se lo desenrollé sobre su polla tiesa y brillante. Me volvió a dar la vuelta y me dio unos azotes en el culo con la mano, restallaban como si fueran bofetadas, pero en aquel momento no sentía dolor y solo sentía calor y escozor.
.- Así, muy bien, a todas las putas se os folla mejor cuando tenéis el culo calentito y colorado, dijo mientras me estrujaba las nalgas con sus manos.
Sentí como metía un dedo y le daba vueltas, oí como escupía y me caía líquido encima de mis nalgas, que él restregaba con sus manos.
Finalmente noté como separaba cada nalga con una mano y empecé a sentir dolor cuando empujaba en mi culo, cuando empezó a meterse dentro de mí como me iba hacia delante me sujetó de las caderas y tiraba para atrás hasta que después de algunos esfuerzos sentí como resbalaba dentro y empezó a sacarla y meterla hasta que paró, supongo que se correría porque sacó su polla mientras yo me incorporaba, me subí los pantalones y salí a los lavabos mientras él se quedó allí dentro supongo que más que satisfecho, me sorprendí al darme cuenta de que yo también me había corrido y acabé de arreglarme la ropa y miré el reloj, habían pasado más de 15 minutos, y cuando salí me encontré con mi mujer que venía a buscarme
-Que te pasó, me tenías preocupada. -Nada, me ha dado un apretón, pero ya me pasó, le dije quitándole importancia para tranquilizarla
Al meterme en el coche sentí dolor en el trasero, y yo miraba para atrás intentando adivinar de cual de aquellos camiones aparcados había salido aquella bestia y prometiéndome no volver jamás por aquel sitio.
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