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El profesor   (Primera vez)
 
AUTOR: Marcosurbina
 

“Ok, muchachos. Se terminó el tiempo. Dejen de escribir y entreguen los exámenes”.

Se había terminado el tiempo de mi clase de Etica en los Negocios y ya nos encontrábamos justo a mitad de los exámenes semestrales. La gente comenzó a quejarse en todo el salón.

“Oigan, si no han terminado es porque no saben las respuestas, así que pasen las pruebas al alumno que está delante.”

Yo no iba a los iba a dejar así fácilmente. Había enseñado en la universidad del barrio durante varios años, así que conocía sobre la materia. Si uno les da mas tiempo es lo mismo. Deben entregar los exámenes cuando los pida.

“Profesor Urbina, ¿podemos hablar con usted?” -me preguntó una estudiante de tercer año. Yo le había dado clases anteriormente y la conocía como Elena, jugadora de football, de pequeña estatura, cuerpo esbelto y fuerte, y muy veloz, según se le notaba cuando jugaba en la cancha.

“Claro, ¿Qué pasó?” -le contesté en el momento en que cinco jóvenes señoritas se me acercaban. Las había visto a todas antes en mis clases, en los jardines de la universidad, y en el pueblo. Pero una no parecía pertenecer al grupo. Se llamaba Matilde y no estaba en ningún equipo deportivo a pesar de que tenía un cuerpo como si levantara pesas pesas con frecuencia. Siempre hacía bien los exámenes a diferencia de las otras cuatro amigas quienes tenían dificultad para pasar. Tenía la misma estatura, pero senos mas grandes, en este momento apretados por la franela blanca abierta en el estómago para mostrar que se había depilado, ¿Cómo no me había dado cuenta mas antes?.

”Profesor Urbina, queríamos saber si quería aceptar una invitación. ¿Le gustaría salir con nosotras esta noche?” -preguntó Sheila inclinando la cabeza hacia los lados.

“Si piensan que invitándome a tomar va a hacer que suban las notas, ya saben…” -dije riéndome.

Siempre iba a los bares de mala muerte del barrio e invitaba a todos un trago, especialmente a las personas maduras. En realidad no sabía por qué lo hacía, pero tal vez era porque tenía dinero ya que trabajaba todo el día y además daba clases por las noches. O tal vez sólo deseaba recordar mis tiempos de mi juventud; me acercaba a los 35 años.

“Si, ya lo sabemos” - dijo una bonita morena. Se llamaba Zaida. Los otros profesores y estudiantes me habían hablado de ella. Era muy amistosa con todo el mundo. “Queríamos que usted viniera y estuviera con nosotros en el cumpleaños de Matilde. Va a cumplir 22 años.

“Ah, no sabía. Feliz cumpleaños” –dije, prestándole mas atención. Era demasiado bonita, de cabello largo y negro y una piel suave y blanca. Sus labios abultados y carnosos y ojos pícaros que parecían leerte la mente.

“Gracias” -dijo mirándome a los ojos. Dejé de observarla y le dije a las muchachas que necesitaba corregir las pruebas antes de la clase del día siguiente y debido a que tenía que trabajar todo el día, lo tendría que hacer en la noche.

“Yo le ayudo” -dijo Matilde. “Lo podemos hacer juntos. En realidad queremos que usted venga a la fiesta. Las muchachas de aquí dicen que usted es muy divertido”.

De nuevo sonrió. No hubiera pensado en el ofrecimiento si alguna de las otras cuatro muchachas me lo hubiera dicho, pero Matilde era diferente, muy inteligente; sacaba las mejores notas del curso aparentemente sin mucho esfuerzo: cerebro, cuerpo, y andando con estas muchachas tan bonitas: pensé que sería bueno aceptar la invitación.

“Nos encontraremos en El Pez que Fuma como a las diez, ok? -Dijo Zaida cuando se alejó con las muchachas, menos Matilde quien se quedó conmigo. Estaba parada a mi lado observando lo que ocurría.

“Está bien. Creo que lo podremos hacer asi”.

Me puse a recoger los exámenes y la bolsa de la computadora.

“Podríamos ir a las áreas comunes y ponernos a hacer esto -le dije.

“Si, pero será muy difícil porque las mesas son demasiado pequeñas.”

Movió la cabeza y se cambió el paquete a la otra mano cuando observé que al hacerlo los senos se le echaron hacia adelante.

“¿Qué le parece si vamos a mi apartamento? Tengo que regresar para lavar la ropa antes de que se haga de noche. Además, mis compañeros de cuarto no estarán”.

Ajaaaa!!! Esa era la razón por la cual no se fue con sus amigas. No me negué para que no se sintieran mal.

Llegamos a su apartamento en algunos minutos. Me dijo que me sentara y se fue a la cocina para regresar después con dos cervezas y una botella de Vodka naranja que parecía haber estado en el congelador porque tenía escarcha por todos lados.

“¿Para qué es eso” -le dije, señalando el vodka al mismo tiempo que le recibía la cerveza.

“Me gusta tomarme un trago antes de ponerme a hacer los trabajos y tareas. Me calma los nervios “ –Levantó la botella, echó el blanco líquido: “Esto si funciona, y como estoy en casa, bueno, no hay problema”.

“Es verdad” -dije. Ella se echó un segundo trago. Yo le observaba el estómago, el cual tenía una buena forma, muy bonita. Se le vio un poquito el abdomen cuando levantó la botella y la camisa se le levantó mas arriba. Se le veía hasta la parte de abajo de sus redondos senos que presionaban el brassiere.

“¿Por qué no extiende las pruebas sobre la mesa mientras regreso?” - Señaló hacia una mesa grande de las usadas para tomar café. Este era uno de esos apartamentos que tienen la mayoría de los estudiantes de la universidad, de madera sólida, suficientemente grandes como para que diez muchachos pudieran sentare a tomarse los tragos y jugar. Me entregó el vodka antes de irse a la otra sala. Miré como se alejaba caminando con sus blue jeans bien apretaditos contra el culo. Tenía un culo bien bonito y no me había dado cuenta de eso hasta ahora. Seguramente observaba las cosas mas obvias, a los expertos de la clase. Me eché un trago que me supo sabroso.

“Espero que no le importe. Tengo que buscar entre la ropa para ver que me pongo esta noche.”

Había regresado con una cesta de ropa, la mayoría de la cual eran shorts o pantaloncitos, pantaletas, con sostenes de diferentes colores; todas las cosas que yo no debería estar viendo. Matilde se dio cuenta que yo miraba toda la ropa y como me ponía rojo cuando me descubrió.

”No se preocupe, profesor Urbina. Es solo ropa”. Sacó un sostén con un lazo de color morado: “Esto es como un sostén de bikini, no?”

”Ah, si, creo que si” -me senté y coloqué los exámenes extendidos sobre la mesa. Ya me caía sudor por mi frente porque hacía calor en ese apartamento, pero mucho calor. De nuevo me serví mas vodka.

“Profesor Urbina, no le de pena. Ya tengo veintiun años y su…su….”

“Tengo 33, y por favor llámeme Marcos” -Supongo que si estaba observando sus pantaletas era porque me tenía suficiente confianza, y debía llamarme por mi nombre de pila.

“Ok, Marcos. Me puedes llamar Matilde -Sonrió y se sentó a mi lado en el sofá. Tenía una calma o tranquilidad sorprendente a pesar de que yo podía verle el sudor que le comenzaba a bajar y se le acumulaba en la piel alrededor del área del cuello hacia las clavículas. Matilde me descubrió mirándole la minifalda.

“Creo que esto no está en el examen, Marcos” -dijo sosteniéndose cada brasiere tamaño “C” en cada mano y apretándolos suavemente.

“Perdona que tenga que irme”. –Me comencé a levantar del sofá pero ella me agarró por el brazo. Su mano estaba pegajosa por la transpiración del calor que hacía. Fue mejor que me halara hacia atrás y me hiciera sentar de nuevo porque de pie se me notaría el huevo que ya se estaba parando y poniendo bien duro.

“No te vayas. No me importa si me ves así. La gente prefiere ver a otras muchachas y no a mi”.

“¿Por qué” -pregunté sin pensar.

“No se. Tal vez se debe a que no participo en ningún deporte como ellos. Trato de no hacerlo”.

”Bueno, eso no tiene nada de malo” - le dije tratando de comportarme como el buen profesor que era.

“Yo se” -Me soltó el brazo. Luego me entregó el vodka cuando trajo mas. “¿Le importaría si me pruebo uno de estos para ver cual me queda mejor para esta noche?”

“Ah, no importa”. -Yo ni sabía que contestar. Pero solo al principio.

“Quisiera oír su opinión. Usted sabe qué le queda sexy a las muchachas, no? Segurito que si sabe porque ve tantas chicas todos los días.” -Sonrió de nuevo. ¡Coño, que sonrisa tan bonita y pícara!!!.

”Le prometo ayudarlo a corregir los exámenes tan pronto como me diga cual me queda bien.”

“Está bien”. Seguí sacando las pruebas del maletín y colocándolas sobre la mesa para ordenarlas. Francamente, yo esperaba que se fuera al otro cuarto para cambiarse y luego regresar. Pero no lo hizo.

Antes de darme cuenta ya se había quitado la parte de arriba y estaba agarrando una pequeña camisa. Sus senos trataban de salirse desesperadamente del brassiere. No había duda de que eran demasiado grandes para el brassiere que usaba.

“Marcos, ¿Otra vez me estás mirando? Se supone que me vas a decir después que me ponga el sostén, no antes”.

“Discúlpame” -la cara se me puso roja. Me daba vergüenza.

“Sólo me estoy quitando la ropa. ¿No te queda mas remedio que mirarme mientras estás sentado allí sin hacer nada. Mira mis pezones que se quieren salir del sostén, los ves?”

Se tocó los senos de nuevo, meneándolos. Luego me miró como esperando una respuesta.

“Bueno, es que no encuentro nada que decirte” -En este momento tenía el palo bien parado. Si me dejaba ir se iba a dar cuenta.

“No me gusta este brassiere. Lo uso porque mis compañeros dicen que hace que los senos sobresalgan, y así me veo mejor.” -Movía las tetas hacia los lados, y de arriba hacia abajo.

“Creo que se ve bien”. -Yo hablaba sin pensar en lo que decía. Otro vodka. Tomó la botella, se echó un pequeño sorbo. Un poquitico se le derramó por los labios lo cual hizo que la retirara demasiado rápido y se le derramara en los pechos.

“Mierda!! Estoy desperdiciando esto” -se reía. Yo también me reí, aunque nerviosamente. Luego colocó la botella sobre la mesa y extendió su mano hacia atrás para desengancharse el bra. Cuando lo hizo los pezones saltaron hacia fuera, prácticamente aumentando de tamaño. Sin querer hice un ruido, guauuu!!! Y ella se dio cuenta.

“No te preocupes. Yo misma estoy sorprendida por lo grande que son. En parte se debe a que uso sostenes mas pequeños para que se me sostengan”.

Se levantó para mostrarme el verdadero tamaño: no eran talla “C”; eran “D”. El pezón era muy grande y se extendía hacia delante. Sin duda, lucía excitado.

“Bueno, tal vez….” .. -yo iba a decir algo pero ella me interrumpió.

“Oiga, señor Marcos. Se que esto no es correcto, pero le aseguro que usted ha visto tetas antes en su vida, no?

“Claro”

“Bueno, esto era lo que faltaba…”

“Están completicos -dije.

“¿Qué quiere decir?”

“Bueno, son perfectos. Nunca he visto unos con una forma tan perfecta en toda mi vida”.

No le estaba mintiendo: nunca había visto unos así. No era necesario mentir porque ya los estaba viendo.

“Guauuu!!!” nunca nadie me ha dicho algo así. Siempre se quedan viendo lo grandes que son. Movió la cabeza haciendo que su cabello largo y negro cayera sobre sus pechos, pegándosele las gotas de vodka.

“Lo lamento por ti. Te deberían decir cosas bonitas. Eres muy bonita y tienes un gran cuerpo” -No podía creer lo que oía: yo diciendo esta clase de cosas. Estaba tratando de llegarle a donde le gustaba. Tal vez era por el vodka, o porque tenía seis meses sin sexo.

“Guauuu!!! Gracias”

“Creo que deberíamos comenzar a corregir” -le dije para salir de la difícil situación.

“No, quería enseñarte esta ropa” -estaba sosteniendo una pieza negra.

“No estoy seguro de lo que es, a pesar de que se ve muy bonita.

“Ah, tonto. Me lo voy a poner para que me veas. Es un traje de baño, aunque en realidad son unos pantaloncitos”.

“Ah, yo sabía de esos trajes de baño pero normalmente no se usan bajo los blue jeans.

Son para eso? - si, contestó Matilde.

Se comenzó a desabotonar el blue jean en la cadera. Los músculos del estómago se le apretaron cuando contuvo el aire para poder sacar el botón. Lentamente bajó el cierre del pantalón y se sacaba el blue jean bastante desteñido.

”Tal vez no debería hacer eso”. -Yo ni sabía lo que estaba diciendo.

“¿Por qué no?” -Se detuvo con los pantalones a mitad de las piernas. Pude verle la cuca: si acaso se le podía llamar cuca a una bien afeitada. Estaba bien calva, sin pelos. Nunca había visto una así de tan de cerca, bueno al menos bajo estas circunstancias.

”Es que tengo demasiado trabajo y vamos a tener que ponernos a corregir eso”.

“Bueno, yo voy a hacer lo que tengo que hacer aquí. -Se bajó el resto del pantalón. Dio un paso hacia mi y se inclinó dándome un beso suave, mojado en mis labios que hicieron que el huevo se me pusiera como riel de ferrocarril. Matilde extendió una mano y me tomó por un brazo y obligándome a apretar sus senos. Ya todo estaba hecho, y ahora si le iba a dar. Ya no había regreso.

“Creo que ya entiendo mejor”. Sus dos senos estaban en mis manos. La halé hacia mi lado y senté en mis piernas en donde ya una marca mojada que se veía bastante indicaba que se me estaba saliendo el semen por lo excitado que estaba. Matilde no tenía pantaletas.

“Ay, Marcos se te siente bastante” –dijo Matilde cuando colocó las caderas sobre el huevo. “Pero nos se siente bien”.

“¿No? – Ya casi no entendía nada, pero ¿qué querría decir con eso?

Yo se que no tengo el don de la longitud en mi departamento y mi ex esposa me lo había dicho muchísimas veces. Su cuca tenía seis pulgadas y mi huevo no la llenaba. Pero cuando se paraba se ponía mejor. Creo que alguien allá en el cielo intentó fabricármelo corto para poder dejármelo bien grueso.

“Se siente un bulto” -su curiosidad sacó lo mejor de ella: se echó hacia atrás acostada sobre mi y me bajó los pantalones. Esta vez se oyó que emitió un pequeño gemido. Luego me tocó el pene con una mano y luego con la otra.

“Creo que nunca he visto uno así antes”

“Dices, ¿Uno como este?

“He visto huevos antes señor Marcos, pero no con esta forma. El de usted es grueso”. Ahora lo apretaba con ambas manos. “Mire, la cabeza es de un tamaño enorme y el palo es enorme también!!!”. Se inclinó para mirarlo desde mas cerca. No aguanté y me eché hacia delante un poco con un movimiento de las caderas enviándole todas las señales que los tipos le dan a las muchachas cuando quieren que se lo besen.

“Ay, no se preocupe, yo mismo lo hago.

“Es un reto”. Se rió de nuevo, esta vez con risa nerviosa.

“Disculpa, es que estoy un poco nervioso y ansioso, creo”. No me dio pena decírselo, por que no?

“¿Nervioso? No tienes por que estar así. Siempre te he deseado desde la primera vez que te vi en clases. Solo hazme este favor, mira”.

Me agarró la mano y se la introdujo entre las piernas. Sentí su cuca que se ponía mojada. Le restregué hacia delante y hacia atrás para que los dedos se metieran bien con lo pegajoso. Luego se los metí suavemente hasta adentro. Tomó aire para contener la respiración, luego lo soltó.

“¿Sabes? También quiero esto.” Matilde se inclinó y comenzó a besarme y chuparme la cabeza del huevo mientras yo le metía el dedo en raja húmeda. Trataba de meterle dos dedos pero cada vez que lo hacía ella gemía como si le doliera, así que no seguí.

“¿Por qué paraste?” -preguntó.

“Pensé que te dolía”.

“No, era que ya casi estaba lista para acabar. Con este palo tan gordo en la boca y tus dedos dentro de mi no puedo dejar de pensar que me vas a abrir mucho la cuca”.

Dejó de hablar y de nuevo trató de poner su boca en el huevo. La dejé que hiciera lo que quisiera mientras otra vez jugaba con su raja. Restregaba el área alrededor del clítoris y metía y sacaba los dedos fuera del hueco. Ahora se chupaba la cabeza mientras le metía uno o dos dedos. Se apoyó contra mi mano y yo contra su boca. Dos veces sentí sus dientes contra el huevo pero no me dolió, sabía que estaba tratando de meterse toda la mandíbula en el huevo.

Matilde se lo sacó con una tremenda chupada, haciendo ruidos. Miré hacia sus ojos y me di cuenta de lo que estaba pasando. Ella sonrió y dijo: “No puedo esperar mas, dámelo ya.” Alejó mi mano y se dirigió a la cabeza del huevo. Lentamente se lo metió. Arrugaba el entrecejo un poco cuando la cabeza se resbaló e introdujo dentro de ella pero hasta allí llegamos. En esa posición no se podía hacer nada, porque no era largo; además demasiado grueso.

“Veámonos para la cama” –le dije.

“No, es mejor aquí” –dijo poniéndose de rodillas y colocando una de estas sobre la mesa que servía para las revistas de moda. Con una mirada rápida a las portadas pude ver los títulos de los artículos como: “Dile lo tanto que lo amas”, “Si le dice que NO no creas que esa es la respuesta”, “Diez maneras de lucir mas sexy”, “No deje que él la controle”, y muchos otros, todos con la misma premisa -sexo, hombres. Esa era la ironía. Matilde se colocóco en la posición mas vulnerable, dándome la espalda, con las piernas abiertas, sobre las revistas que le indicaban como colocarse en esta posición. No esperé a que terminara de leer.

Le agarré las nalgas con las dos manos y se las abrí un poquito. Tenia el hueco del culo mojado y hasta se cerraba y abría un poco. Se lo empujaba por la cuca hasta metérselo todo. Luego le eché una mirada a su bello hueco de su culo. El hueco que se me quedaba mirando como pidiéndome que le prestara atención. Me pregunté si alguna de las revistas le había dicho que el hueco del culo es como una calle de una sola vía.

“Apúrese, señor Marcos. Métamelo ya. No lo saque” –dijo respirando con dificultad. Entonces la tuve dominada y agarrándome el grueso palo presioné la cabeza morada contra su mojada raja. Podía sentir que estaba un poco tensa. Restregué las manos hacia arriba y hacia abajo intentando darle un masaje para que desapareciera lo tenso. Soltó un suspiro y empujé un poco mas dejando que la cabeza se resbalara y se detuviera justo en el borde del culo. Sus apretados músculos de la cuca agarraron la cabeza de mi huevo y lo mantuvieron apretado. Lo metía y lo sacaba muy lentamente para asegurarme de que estaba lubricado con los jugos antes de metérselo mas hondo.

Luego de un par de minutos le agarré las nalgas de nuevo y se lo metí mas hondo a la Matilde. Podía sentir que se le estiraba la vagina. Gemía, no por el orgasmo sino por el placer de ser penetrada completamente.

Pronto se lo tenía adentro completamente y se echaba hacia atrás para ayudarme en el empuje. Aunque se tomó solo minutos metérselo, ya estaba cómodo para metiéndolo y sacándolo en forma seguida. Matilde se movía duro y mas duro. Ya no me podía contener mas así que intenté sacarlo y descansar un poco o tomar algo de aliento pero no: seguía empujando fuertemente sin darme ninguna oportunidad. Luego hice lo único que se podía hacer para que bajara el ritmo: me lamí el dedo pulgar y se lo presione contra el culo. Entonces la presión del dedo contra su ano hizo que dejara de recular hacia atrás.

”¿Pasa algo malo? –le pregunté cuando bajó la velocidad y puso el músculo del ano bien apretado.

”No, no estaba segura, nada mas”.

“¿Segura de qué? –le pregunté. Yo sabía que ella quería que le metiera el huevo pero no sabía si le gustaba el dedo.

“Nada, no es nada, solo estaba tratando de descansar un poquito” – dijo esto y comenzó a echar hacia atrás metiéndose mas adentro mi grueso palo. Yo estaba bastante tranquilo y demoré bastante el clímax pero cuando siguió empujando hacia atrás con el dedo en el fondo del culo, eso me excitó mas. Estos empujes y la presión sobre su ano hicieron que el dedo se resbalara hasta adentro. Dio un gemido y gritó pero no me detuve dándole y dándole.

Entonces escupí hacia abajo desde la boca en el dedo pulgar para tener mas lubricación. Si hubiera tenido vaselina le hubiera metido bien el dedo dentro de su apretado culo. Empezó a quejarse y luego a respirar con dificultad. No me pude aguantar mas y le disparé mi carga de semen adentro con un potente empuje. Esto hizo que mi mano diera una sacudida involuntaria y el dedo se hundiera con fuerza mas adentro en el trasero de Matilde. Dejó salir un ¡Ay! Y luego cayó sobre la mesa conmigo sobre ella.

“Siempre pensé que usted algún día me tendría así, señor Marcos, pero nunca que usted fuera tan morboso”. Matilde dijo esto mirándome sobre su hombro.

”Bueno, hay que usar las dos formas” -dije sonriéndole. “Tal vez deberías ser mi asistente y corregir los exámenes varios días a la semana”.

“Claro!!” -contestó muy contenta. “Yo le pongo las calificaciones siempre y cuando me de una recompense por mi esfuerzo” -dijo sonriente.

“Créame, siempre le daré mi apretado culo.

Le sonreí quitándome de su trasero. Matilde se dio vueltas para verme, todavía de rodillas, y su cara apenas pulgadas de mi semi-parado huevo. “Deberíamos seguir y estar con las amigas para celebrar el cumpleaños, no crees?”

“Quiero mas de esto” -dijo agarrándome el huevo con una mano y atrayéndome hacia ella con la otra. “Entenderán que no pudimos ir, no te preocupes” -¿Cómo me iba yo a quejar con una bella niña mamándome el huevo?”

“No, hay que preocuparse” -dije, disfrutando el momento sabiendo muy bien que lo que quería era disfrutar mas a esta estudiante.

FIN


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