Hola, como veo que es casi costumbre, empezaré presentándome a mi misma. Pondremos que me llamo Angela, por nada especial, simplemente porque es corto y fácil de escribir. Tengo 19 años, mido 1,70 pelo castaño a media melena, ojos marrones y un cuerpo muy bien formado debido a los largos años de natación que llevo. Lo que os voy a contar ocurrió el verano pasado, un caluroso día de julio.
En ese momento de mi vida estaba soltera y sin compromiso ya que aunque había tenido ya un par de novietes no me gustan demasiado los compromisos y siempre acababa por romper la relación. Con ambos había tenido ya relaciones sexuales aparte de alguna que otra aventurilla en el Instituto así que mi virginidad hacia tiempo que había pasado al olvido.
Ese día me levanté con ganas de aprovechar el verano así que decidí que sin tener nada mejor que hacer cogería la bici y me iría hasta la playa distante unos 9 Km. de mi pueblo. Nada más levantarme me di cuenta de que el día prometía ser bochornoso, aún no había hecho más que andar 4 pasos por la habitación y ya estaba sudando así que decidí que la ropa que me pusiera sería lo más ligera posible.
Así pues me enfundé el bikini tipo tanga, un pantalón corto de deporte muy abierto por los costados y una camiseta parecida a las de los jugadores de baloncesto, sin mucho escote por delante pero con unas aberturas para los brazos que no llevando sujetador dejan más de la mitad de las tetas al aire y si te inclinas un poco hacia adelante no ya la mitad sino todo. Esto no me preocupaba demasiado ya que llevaba el bikini debajo.
Provista de la imprescindible toalla me dispuse a emprender el camino a la playa. Eran las 9:30 de la mañana así que el calor o por lo menos el sol todavía no se ensañó conmigo y pude llegar fácilmente a la playa. Una vez allí me tendí a tomar el sol, no pretendía que fuera mucho rato puesto que era mi primer baño solar de la temporada y no hay que abusar.
Al poco rato vi una pareja corriendo por la playa, a esa hora no había mucha gente así que me quedé mirando lo que hacían, mas para distraerme que por otra cosa. El chico iba persiguiendo a la chica y en cuanto la cogió no tuvo reparos en meterle mano de forma descarada, apretando un pecho con una mano mientras la otra la sujetaba por la cintura. El morbo me empujó a seguir mirando, ellos se encontraban a unos 15 metros de mi posición pero no parecía importarles demasiado, supuse que eran novios ya que ella en ningún momento se quejó del magreo a que era sometida. Momentos después, entre risas empezaron a meterse en el agua y en un momento en que el ángulo era propicio vi que el chico ya llevaba una erección considerable.
Fueron alejándose hasta que el agua les llegaba a la altura del pecho y una vez allí vi o más bien deducí por los movimientos que hacia ella que se había desnudado. Después permanecieron sospechosamente juntos...muuuy juntos durante un buen rato y los movimientos de él dejaban bastante claro que le estaba haciendo a ella.
Por fin aparté la vista notando ese cosquilleo característico en mi entrepierna que significa inequívocamente que mi excitación va a toda máquina, aparté mis pezones debían verse desde el otro lado de la playa, tanto que me molestaba incluso el bikini por lo que me quité la parte de arriba y decidí que era hora de volver a casa a tomar una ducha y si era fría mejor.
Aunque el no llevar el bikini me aliviaba en parte también recordé que ahora con solo levantar un brazo se me verían las tetas medianamente bien pero pensé que iba directa a casa y total ¿que importaba? En el camino de vuelta me di cuenta de dos cosas, primera que había pasado más rato de la cuenta al sol por culpa de mi morbo y segunda que cuando vas en bici en verano tienes que llevar agua. Por unos momentos creí estar en pleno desierto y en eso apareció el oasis, una casita junto a la carretera con dos palmeras en la entrada y un huerto detrás donde se veía un muchacho con una azada (que ganas pensé yo, con este sol y él cavando ahí).
Ni corta ni perezosa me dirigí a pedirle un vaso de agua o un refresco o lo que fuera. El chico llevaba puesto solo unos tejanos cortados y se le veía cansado y sobre todo sudado el pobre.
Nos dirigimos al interior de la casita y sacó de la nevera una jarra de agua fresca de la cual bebí un vaso con avidez. Inmediatamente mis pezones volvieron por sus fueros aunque no con la pujanza de antes pero si con la suficiente claridad como para que los ojos del chaval (que tendría unos 18/19 años, calcule yo) se clavaran en la tela de mi camiseta. Me di cuenta de ello y ahí comenzó a hacer efecto en mi el calentón anterior y unas ganas de jugar tremendas así que con el pretexto de mirar la casita (que era solo una especie de almacén agrícola con una mesa, un par de sillas, una nevera y muchos sacos y aparejos agrícolas colgados de las paredes) me giré hasta ponerme de lado a él mientras señalaba algo y le preguntaba que era, posición en la cual sabia que él podría verme muy pero que muy bien y en algunos de los trastos que allí había me agachaba de manera que la palabra bien, pasaba a ser totalmente bien, pero aunque mis disimuladas miradas a su entrepierna no dejaban lugar a dudas, la timidez no le dejaba actuar como yo hubiera deseado.
Cuando ya empezaba a pensar que la ducha fría seria el único resultado positivo para mi calentura y al salir de la caseta veo que tenían una balsa detrás de la misma. Era eso, una balsa, ya que una piscina no se la podía llamar, no tendría más de 4 metros de largo por 2 de ancho pero se veía dentro un agua clara que se adivinaba fresca y que estaba diciendo "ven, entra" así que rápidamente desvié la conversación hacia el tremendo calor que hacia y hacia la balsa.
Afortunadamente Juan (no es su nombre pero a quien le importa) empezó a pasar a la acción y me invitó a tomar un baño hablándome maravillas de lo refrescante que era para él acabar la jornada de trabajo dentro de la mini-piscina aunque se lamentó de que al estar solo ahí nunca traía bañador, sino simplemente se desnudaba y al agua patos.
Viendo que se me volvía a escapar la oportunidad del día me apresuré a decirle que por mi no había problema, que yo también me bañaría desnuda y no queriendo parecer demasiado descarada (¿mas?) le dije que como única condición él debería tirarse primero y ponerse de espaldas mientras yo me desnudaba. Creo que se le encendieron los ojos solo de pensarlo y en 1 minuto estaba dentro de la balsa y sus tejanos tirados en el suelo a mi lado. Mi ropa tardó 20 segundos en caer junto a la suya y tras un instante de duda y de mirar si se podía ver algo desde la carretera (vi que era imposible a causa del ángulo de la casa y los árboles) entré en la balsa.
El agua estaba deliciosa y para mi piel sonrojada por el sol era todo un alivio aunque el principal calor no lo sentía precisamente en mi piel y una mezcla de nervios y excitación hacían que mi mente funcionara al 200% pensando que hacer ahora que me había metido en ese lío a sabiendas y si seguir con el juego hasta el final o conformarme ya y no pasar a mayores.
La situación era de las que no se ven a menudo así que dejé que mi cuerpo ganara la partida a mi cerebro, nadé hasta Juan y me agarré a su cuello apretando mis tetas contra su espalda. Al notarlo creo yo, que ya perdió toda su timidez y agachándose ligeramente para aflojar mi presión sobre su cuello, giró 180 grados y quedó frente a mi al tiempo que agarraba mi culo con las dos manos. Yo aproveché que agarrada a su cuello no tocaba el suelo de la balsa para enroscar mis piernas en su cintura de manera que nuestros sexos quedaron tocándose.
Nunca se me ha dado bien lo de las medidas pero era un chico normal, no la tenia pequeña pero tampoco esas fantasmadas que leo a veces en los relatos aunque en esos momento a mi me importaba un pimiento su tamaño así que tras mirar por unos momentos la posición en la que habíamos quedado solo le dije "métemela por favor que no puedo más". Entre la posición, el agua y mi excitación la polla de Juan entró hasta los huevos a la primera estocada.
Yo sabía que con esa calentura no iba a aguantar mucho y efectivamente en cuatro o cinco estocadas me corrí por primera vez ese día pero no tenia bastante ni de lejos. Mi clítoris hinchado se
restregaba afanoso contra su polla provocándome oleadas de placer que me arrancaron el segundo y el tercer orgasmo en menos de 5 minutos. A su vez Juan se las arregló para sujetarme el culo con una sola mano mientras con la otra me amasaba las tetas.
No era un experto, incluso algo rudo diría yo pero todo esto no hacia sino aumentar mi sensación de querer disfrutar más de la situación. En eso Juan me avisó de que ya no podía aguantar más cosa que no me preocupó ya que tomo la píldora así que le jale para que se corriera dentro de mí, cosa que hizo a borbotones segundos después.
Nunca antes había sentido nada al entrar leche en mí pero esta vez no se si debido a la cantidad o que, lo noté, y esa sensación, ese liquido tan caliente en mi interior y mi propia imaginación, el saber que la tenia tan adentro me llevaron al cuarto orgasmo de la sesión.
Quedamos los dos exhaustos, abrazados dentro del agua con los sexos aun unidos mientras notaba como su polla disminuía rápidamente de tamaño. Le di un beso, el primero.
Después nos sentamos desnudos en la hierba. Le estaba súper agradecida por el pedazo de polvo con que me acababa de obsequiar, el mejor de mi vida así que al rato empecé a mamarsela. No soy muy buena, lo reconozco pero se lo hice hasta el final probando su leche, cosa que hasta entonces no había consentido con mis novios.
Después seguimos jugando, le dejé hacer con mi cuerpo todo lo que quiso, comerme el coño, besarme, acariciarme, me folló desde atrás aunque no por el culo, ahí todavía no ha entrado nadie.
Llegué a casa sobre las dos de la tarde y por fin me di la ducha aunque ya no fría, no hacia falta.
|