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Marta vuelve de su clase de aerobic   (Intercambios)
 
AUTOR: Checar00
 

Marta se estaba retrasando algo más de lo normal de su clase de aerobic y yo estaba leyendo, ya en la cama, cuando la oí entrar. Apagué la luz y me hice el dormido cuando entreabrió la puerta del dormitorio cerrándola después con cuidado. Oí la ducha y hasta me pareció oírla cantar o reírse; como eso era un buen síntoma me despojé de la poca ropa que ya llevaba encima y esperé con cierta excitación su llegada.

Casi estaba realmente dormido cuando noté su cuerpo desnudo y fresco, recién lavado, acurrucarse a mi costado derecho; mordiendo mi tetilla puso suavemente su mano sobre mi sexo que se enderezó como un resorte.

-¿Me estabas esperando?- me dijo.

-Hoy has tardado un poco más, ¿qué tal todo?- le contesté.

-Muy bien, estoy muy excitada- replicó ella mientras su mano pellizcaba suavemente mis testículos.

-Cuéntame algo- susurré a su oído.

-¿Cómo a ti te gusta?- esta era la contraseña para poner en marcha su fantasía. Jugamos a menudo a excitarnos con relatos de fantasías eróticas que, en el fondo, nos hubieran gustado ciertas pero que no han pasado nunca de nuestra imaginación.

-Me dices tantas veces que te gustaría ver como otro me penetra que casi me follo hoy a Javier- continuó Marta. Yo sé que Javier es su profesor de aerobic y ya en diversas ocasiones me había hecho mención de que era un excelente ejemplar; el relato de Marta también esta vez presentaba espléndidas perspectivas.

-Cuando acabó la clase- siguió -acepté su ofrecimiento de traerme desde el Centro Comercial pero tenía que pasar antes por su apartamento para cambiarse. No pude quedarme en el coche y subí un momento con él porque me dijo que sería rápido- -Caramba con Javier- repliqué.

-Y eso que no le has visto desnudo- contestó Marta tras un breve silencio -el tío dejó entreabierta la puerta de la ducha y me pilló cuando no pude resistir acecharle-.

-¿Estás segura de que te lo estás inventando?- le pregunté a Marta ya un poco mosqueado.
Ella no contestó pero su mano izquierda subió arriba y abajo de mi pene con exquisita suavidad mientras me clavaba con fuerza las uñas de los dedos de la mano derecha en el periné. Todo yo estaba concentrado en mis genitales y en su relato.

-Sigue- murmuré apenas.

-Solo lo haré si dejas que te ate y que te tape los ojos- y sin esperar mi respuesta anudó mis muñecas al cabecero de la cama y me colocó su antifaz de dormir.
En este punto mi excitación era tan grande que solo deseaba que continuase.
Situó su cuerpo sobre el mío y mordisqueándome el labio inferior dejó resbalar su vientre hasta que situó su arreglado coñito justo sobre mi glande. Descendió de golpe y en mis ingles se encendió una punzada de placer que estalló en mi cerebro.

-Estoy tan excitada que necesito algo en mi culito- dijo Marta tras unos momentos de maravilloso sube y baja.

Siempre tenemos a mano algún pequeño consolador anal que usamos para ambos y yo sabía que después acabaría metiéndomelo a mí. Sin abandonar la penetración, cegado y atado como yo estaba, ella alcanzó el cajón de la mesita y cogió el pene de caucho mientras el colchón acusaba de forma inusual el desplazamiento de su cuerpo. Empezó a introducirlo por su culito y enseguida lo noté casi pegado a mi propio sexo.

-Tengo dentro dos pollas- me susurró Marta al oído. Esta es una frase que siempre la ha gustado, repite muchas veces y siempre he creído que es su gran deseo.

El consolador era demasiado grande y suave, inicialmente pensé que habría conseguido uno nuevo, pero empecé a notar, con cierta alarma, que aquello parecía tener vida propia y golpeaba su grupa con contundencia. Era, sin embargo, tan maravilloso y mi excitación, sintiendo la de Marta, tan desmesurada, que no quise dar más vueltas a la cabeza.

-Javier me la está metiendo por detrás- continúo susurrándome al oído y, después de recorrer con la puntita de la lengua toda la oreja, me dijo- sabes que estaba deseándolo, me encanta y te quiero-.

Nuestro salto de la fantasía a la realidad se había producido y resultaba inmejorable. Durante unos minutos Marta movió las caderas hasta emitir su característico grito de que había alcanzado un orgasmo.

-Y ahora me la vas a meter tú por el culito- me dijo Marta y noté como ambos se levantaban para cambiar de posición.

¡Había otro tío en mi cama disfrutando de mi mujer y yo estaba tan contento!.
Yo seguía boca arriba, antifaz inamovible y los brazos sujetos por las muñecas a los barrotes del cabecero de la cama. Sobre mi pene enhiesto y sujeto por una mano muy diestra descendió un culito aceitado hasta ensartarse; noté por sus rodillas junto a mi cintura que estaba cara a mí e imaginar su excitación no me impidió pensar que es lo que haría ahora el tío que estaba con nosotros.

Pronto lo supe, tras notar que una pierna pasaba sobre mi cabeza sentí algo que se situaba levemente sobre mi boca. La idea de que sería una polla o unos testículos me hizo inicialmente intentar evitarlos pero me abandoné a la excitación.

¡No, aquello no era el tío! Era Marta la que había puesto su coñito sobre mi boca y dejaba acariciar su clítoris por la punta de mi lengua mientras movía las caderas con fruición. Entonces ¿en qué culito me había yo metido? Estaba claro que en el culo de Javier mientras ya noté como, agachándose, ella empezaba a mamar su polla empinada.

Allí estaba yo, atado, cegado y tumbado boca arriba metiéndosela por el culo al amante de mi mujer mientras ella se sentaba sobre mi boca y le chupaba a él la polla con entusiasmo.

El calor que sentía en mis ingles y la tremenda fuerza de la situación me confirmaban que no era un sueño pero aquello superaba la mejor de nuestras fantasías y, en el fondo, no aparecía el miedo que siempre había temido si alguna vez las llevábamos a la realidad.

Marta llevaba la iniciativa. Me desató, me hizo dar la vuelta y deslizándose por debajo de mí me abrazó con las piernas por la cintura y me exigió que la penetrara.

Su vagina estaba chorreando, deliciosa y enormemente grande. Allí cabían dos pollas como la mía. Su excitación era tan enorme que cuando me arrancó el antifaz pude ver sus ojos casi en blanco, un maravilloso rubor en sus mejillas y un jadeo que muy pocas veces había podido admirarla.

-Te quiero- me repitió, y a continuación dijo, casi gritando, mientras un segundo orgasmo la invadía: -Javier, métesela por el culo- Intenté evitarlo pero me tenía bien sujeto con las piernas atenazando mi cintura y, además, mi sexo estaba cada vez más duro.
Javier la obedeció de inmediato y, untándome antes de aceite, me penetró rápidamente.

Era indescriptible. Yo estaba tan excitado que culeaba como un loco empujando hacia atrás para sentir los huevos de Javier golpeando en los míos, las uñas de Marta pellizcando, rayando en el dolor, mis pezones y mi polla entrando y saliendo, como con vida propia, en el más bonito, querido y excitado coñito que yo nunca podría haber deseado.

Todavía no hemos repetido algo parecido, no habíamos hablado de ello desde aquel día hasta que Marta, mientras desayunábamos, me ha dicho esta mañana.

-¿Sabes? Ya no está Javier, ahora han puesto una profesora de aerobic maravillosa. Me mojo solo de mirarla. Me ha pedido que la acompañe esta tarde para arreglar su apartamento.

Ya por la noche apago la luz y me hago el dormido aunque dejo en los ojos una fina línea abierta y veo cómo, al entreabrirse la puerta del dormitorio, se asoman dos preciosas cabecitas y, entre risas, oigo como después se van hacia el cuarto de baño correteando por el pasillo.


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