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Mi amigo Gustavo   (Gays)
 
AUTOR: Jesusruso
 

Yo había terminado la escuela secundaria. Trabajaba en una empresa de bolsas de papel como almacenista y después de tres meses de labores conocí al mensajero de la empresa, un chico encantador, delgado, de ojos negros vivos chispeantes, bien vestido y elegante; fue un flechazo a primera vista nos frecuentamos por teléfono como buenos amigos, pero ni yo le mencionaba nada de mis intereses y él tampoco.

Hasta que un mes más tarde revisando las tarjetas de control de entrada miré la tarjeta de Gustavo y vi su apellido y cuál fue mi asombro cuando recordé a mi amiguito de la infancia, no podía creer que después de 18 años de no vernos la vida nos diese una segunda oportunidad de conocernos.
Efectivamente, tomé el teléfono y le comuniqué mi descubrimiento y casi no logramos salir del asombro.

Al día siguiente nos encontramos en una taberna conversamos de todo lo que había pasado y después de varios tragos entramos en más confianza, su mano frotaba mis piernas bajo la mesa y fue cuando le propuse que visitáramos un lugar gay, pero él más lanzado que yo me dijo que mejor calmáramos las ganas que nos teníamos y no metiéramos a un motel. Como yo era un zanahorio y no sabía nada de esos cuentos, él tomó la iniciativa y me llevó a una de clase media no muy cara, recuerdo que subiendo las escalas ya lo tenía parado, pagó la entrada, llegamos al cuarto y al cerrar la puerta nos quitamos la camisa y empezamos el jugueteo de caricias y besos, habidos, deseosos de recuperar muchos años de deseos reprimidos.

Hábilmente sin dejarnos de besar nos fuimos desnudando observé que su pene medio curvo a la derecha tenía tres centímetros más que el mío, su cuerpo delgado bien configurado, con pecho ligeramente velludo, era como un atleta de poco peso, con una nalgas redondas y jugosas que provocaba morder.

Gustavito me acariciaba con su lengua de serpiente, me llenaba de goce infinito en el momento que trataba de perforar el ombligo; esa serpiente se arrastraba en dirección a mi pubis luego al inicio de los testículos para finalmente lanzar su ponzoñosa mordida al chuparme los huevos donde el disfrute infinito me obligaba jadear cosa que excitaba más a Gustavo y le convertía en un dragón de bífida lengua. Levanta en vilo mis piernas, las monta sobre sus hombros y empieza a chuparme entre los testículos hasta llegar al ano, cosa que me da espanto por mi desconocimiento e inexperiencia, pero de inmensa dicha porque me causó la pérdida del control.

Al cambiar de posición me coloca en cuatro y él como que piensa introducirme su pene, pero su ágil lengua lanza en ristre contra mi culo me pone a gritar de placer al tiempo con su mano me empieza a masturbar, siento que voy a estallar, pero él se detiene justo antes de que sea demasiado tarde; Le digo:_no me tortures más, déjame venir no vez que lo tengo en la punta-Y él me dice:_ no te preocupes capacito que apenas empezamos.

Efectivamente inicia de nuevo el ataque a mi rosado trasero y disimuladamente me introdujo un dedo el cual me transportó a un nuevo placer, jamás experimentado, con pícara sonrisa me preguntaste: - ¿te lo saco? - Y yo le dije: - ¡no hazme más! -

Eso fue como una orden; sin dejar de masturbarme sacó el dedo, se puso saliva en la cabeza de su pene y lenta, pero paulatinamente me lo introdujo... yo quería morirme era insoportable tener tanta dicha era un dolor placentero era una confusión de sensaciones inenarrables, aquí la lengua de Gustavito rompió mi oposición sociológica y el maravillo pene rompió mi esfínter. Su entrar y salir le convirtió en un toro que pujaba de placer al tiempo que gemía diciendo:¡que culito más rico sabía que sería mío!

Cuando llegó a la curva, yo quería que me tocase el alma con su pene ya deseaba que me metiera los huevos pero... yo no soporté más y estallé en un chorro de leche cuajada y espesa, mojando la palma de su mano, mientras un creciente calor llenaba a chorros mi recto, los estertores de placer hacían sudar a mi mejor amigo Gustavo, que con su habilidad había coronado mi virginidad.


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